*La tragedia de la menor de 13 años Dafne Quintos se agranda.
“Su Feminicidio no es el único pendiente de la justicia:en Tamaulipas; tras años de espera una acusación de abuso sexual de su propio padre, ha sido reactivada.
08.08.2026 Tamaulipas.- La historia de Dafne Zapata Quintos vuelve a abrir una herida mucho más profunda que la del feminicidio que conmocionó a Tamaulipas. Mientras la investigación por la muerte de la adolescente de 13 años avanza contra tres personas vinculadas a proceso, un segundo expediente revela que desde 2019 existía una denuncia por presunto abuso sexual agravado de su propio padre, Gabriel Alejandro Zapata Enríquez.
El proceso, iniciado cuando Dafne todavía era menor de edad, lleva alrededor de siete años sin una resolución definitiva y este viernes 7 de agosto un juez tuvo que intervenir para impedir que nuevas maniobras de la defensa siguieran aplazándolo.
El caso coloca nuevamente en el centro una pregunta que resulta difícil de ignorar: ¿qué ocurre cuando una niña denuncia violencia y el sistema de justicia tarda años en responder?
En el expediente de Dafne, la respuesta parece atravesar dos momentos distintos de su vida que hoy se encuentran de manera dolorosa: una investigación iniciada en 2019 por una acusación de violencia sexual y, siete años después, una muerte investigada como feminicidio y en cuyo proceso el acusado padre la representa ante la fiscalía.
La nueva audiencia que saca a la luz el Juicio contra el padre de Dafne corresponde a la carpeta de investigación 254/2019, iniciada a partir de una denuncia presentada por la abuela paterna de Dafne.
El expediente fue abierto originalmente bajo la clasificación de violación equiparada agravada y posteriormente el delito fue reclasificado como abuso sexual agravado. Es importante subrayar que se trata de una acusación y de un proceso penal que continúa abierto: hasta ahora no existe una sentencia que determine responsabilidad penal contra Gabriel “N”.
El viernes, el juez de control Eliseo Sánchez Wong decidió que el procedimiento no podía seguir extendiéndose indefinidamente. La decisión llegó después de que el imputado sustituyera nuevamente a su abogado y la nueva defensa solicitara un mes para estudiar la carpeta de investigación.
El juzgador consideró excesivo ese plazo y concedió únicamente dos días. La audiencia quedó programada para continuar el lunes 10 de agosto a las 12:00 horas.
El dato que provocó el llamado de atención del juez fue la sucesión de defensas: en cinco diligencias se han registrado tres cambios de abogado. Para el juzgador, el derecho de toda persona imputada a contar con una defensa adecuada debe ser protegido, pero ese derecho no puede utilizarse como una vía para generar aplazamientos constantes.
Sánchez Wong fue incluso más lejos y advirtió a Gabriel “N” que, si vuelve a cambiar de abogado, podría impedirse una nueva designación particular y tendría que continuar el procedimiento con un defensor público.
La determinación tiene un significado especial porque el expediente no es reciente. No se trata de una investigación que acaba de comenzar ni de un caso que apenas está siendo integrado. La denuncia se presentó en 2019, cuando Dafne era todavía una niña, y desde entonces el proceso ha atravesado distintas etapas sin llegar a una conclusión.
En el camino, Gabriel “N” pasó aproximadamente dos años en prisión preventiva, de acuerdo con los antecedentes expuestos sobre el caso, pero posteriormente recuperó su libertad mientras el procedimiento continuaba.
Ahora la situación adquiere una dimensión distinta porque Dafne ya no está viva para conocer el resultado de aquel proceso.
La adolescente fue asesinada en julio de 2026 durante un curso de verano en la Academia Militarizada Marina Doenitz, en Ciudad Madero, Tamaulipas. Había ingresado al campamento el 13 de julio y falleció cuatro días después. La Fiscalía General de Justicia de Tamaulipas abrió una investigación bajo protocolo de feminicidio. La necropsia estableció como causa de muerte la asfixia por sumersión.
Desde los primeros días, la madre de Dafne, Alejandra Quintos, cuestionó la versión ofrecida por la academia y denunció que su hija habría sufrido violencia y maltrato durante los días que permaneció bajo el cuidado de la institución. Las autoridades aseguraron el inmueble y posteriormente fueron detenidos el director de la academia, Jorge Luis “N”, y la instructora Estrellita “N”. Danna Yanina “N”, otra integrante del personal, también fue detenida y posteriormente vinculada a proceso.
El 30 de julio, una jueza de control vinculó a proceso a Jorge Luis “N” y Estrellita “N”. De acuerdo con la asesora jurídica de la familia, ambos enfrentan imputaciones relacionadas con el feminicidio, aunque con distintos grados de intervención. La investigación complementaria fue fijada por seis meses y la etapa intermedia quedó prevista para enero de 2027.
El caso, por tanto, no es solamente el de una adolescente que murió bajo circunstancias que todavía deben ser esclarecidas judicialmente. También es el de una niña cuyo entorno familiar y social había llegado previamente al sistema de justicia por una acusación de violencia sexual.
Y ahí aparece uno de los aspectos más inquietantes del expediente.
La denuncia de 2019 no fue presentada después de la muerte de Dafne ni surgió como consecuencia de las investigaciones actuales. Existía desde años antes. El hecho de que la causa continúe abierta en 2026 significa que una acusación de violencia sexual contra una menor ha permanecido durante prácticamente toda su adolescencia sin una resolución judicial definitiva.
El dato resulta particularmente relevante porque la violencia sexual contra niñas, niños y adolescentes rara vez ocurre en espacios completamente ajenos a su entorno. UNICEF advierte que, en la mayoría de los casos, la persona agresora es alguien conocido por la víctima, como un familiar, vecino, docente, amistad o alguien presente en espacios de confianza. Además, la violencia sexual afecta de manera desproporcionada a niñas y adolescentes.
El diagnóstico más reciente de UNICEF sobre la situación de la infancia en México revela otro dato preocupante: la tasa de violencia sexual contra niñas, niños y adolescentes pasó de 58.4 a 127.2 víctimas por cada 100 mil habitantes entre 2018 y 2023. El organismo señala que el problema sigue siendo una de las principales amenazas para los derechos de la niñez.
El caso de Dafne permite observar esa estadística desde una historia concreta.
Una niña que llegó al sistema de justicia en 2019 por una denuncia de violencia sexual no obtuvo una respuesta definitiva antes de morir a los 13 años. Y ahora, después de su muerte, un juez debe intervenir para recordar que el derecho de defensa no puede convertirse en un instrumento para prolongar indefinidamente un procedimiento.
La escena ocurrida este viernes resulta especialmente significativa. En una sala judicial, siete años después de que se abriera la carpeta, el debate ya no giró solamente alrededor de los hechos que dieron origen a la denuncia. El juez tuvo que ocuparse también de la manera en que se estaba desarrollando el proceso y de los cambios constantes de representación legal.
La nueva defensa solicitó un mes para estudiar el expediente. El juez concedió un fin de semana.
Ese contraste resume buena parte del problema: para la justicia, un mes puede ser un plazo procesal; para una víctima menor de edad, años de espera pueden significar toda una etapa de su vida.
Dafne tenía alrededor de seis años cuando se inició aquella investigación. Hoy tendría 13 años. Murió antes de que el proceso por el presunto abuso sexual llegara a una sentencia.
La tragedia plantea además un problema de revictimización. Durante la audiencia, el juez pidió a las partes abstenerse de realizar declaraciones públicas sobre aspectos del procedimiento y llamó la atención sobre la necesidad de evitar que la información del expediente termine exponiendo nuevamente a Dafne, incluso después de su muerte.
Es una advertencia relevante. La justicia no solamente tiene que investigar los delitos; también tiene la obligación de proteger la dignidad y la intimidad de las víctimas, particularmente cuando se trata de niñas, niños y adolescentes.
UNICEF sostiene que la respuesta frente a la violencia sexual infantil debe incorporar justicia especializada y mecanismos que eviten la revictimización. El organismo también advierte que revelar un abuso puede ser extremadamente difícil para una niña o un niño y que las respuestas institucionales deben partir de la escucha, la protección y la restitución de derechos.
En México, además, la protección de la infancia no es solamente una obligación moral. El principio del interés superior de niñas, niños y adolescentes está incorporado al marco constitucional y obliga a que las decisiones de las autoridades prioricen su protección integral.
Por eso, el expediente 254/2019 adquiere una relevancia que va más allá de las personas que aparecen en él.
La pregunta ya no es únicamente qué ocurrió en 2019. También es por qué, siete años después, una investigación por presunto abuso sexual contra una menor continúa sin una resolución definitiva y por qué ha sido necesario que un juez advierta que no permitirá más retrasos derivados de cambios en la defensa.
En cuestión de semanas, después de la muerte de Dafne, la Fiscalía consiguió órdenes de aprehensión y tres personas han sido vinculadas a proceso por su probable participación en los hechos. En cambio, la investigación por el presunto abuso sexual comenzó cuando Dafne era una niña y todavía no tiene una conclusión judicial.
Esto no significa que un proceso deba resolverse sin respetar las garantías de la persona imputada. La presunción de inocencia, el derecho a una defensa adecuada y el debido proceso son indispensables en cualquier sistema de justicia. Precisamente por eso la advertencia del juez resulta importante: proteger esos derechos no significa permitir que sean utilizados para impedir que un procedimiento avance.
El caso desde la perspectiva de la niñez.
Una menor no puede cargar sobre sus hombros la responsabilidad de que las instituciones funcionen. No puede investigar su propio caso, contratar abogados, exigir que las diligencias se realicen a tiempo ni obligar a las autoridades a mantener el expediente en movimiento.
Cuando la víctima es una niña, el Estado tiene una responsabilidad reforzada.
Y el caso de Dafne exhibe lo que ocurre cuando esa responsabilidad se prolonga durante años.
La historia todavía tiene capítulos abiertos. Por un lado, la Fiscalía de Tamaulipas continúa con la investigación por el feminicidio de la adolescente y ya existen tres personas vinculadas a proceso. Por otro, la carpeta 254/2019 deberá continuar su curso y la audiencia por el presunto abuso sexual agravado se reanudará este lunes, ahora con la nueva defensa del imputado.
El padre de Dafne, Gabriel Alejandro Zapata Enríquez, ha aparecido públicamente como representante de la familia en el proceso por la muerte de su hija y como víctima indirecta. Medios que han dado seguimiento a las audiencias han documentado su participación junto con Alejandra Quintos y sus abogados.
Precisamente por ello, la acusación que ahora vuelve a colocarlo dentro de otro expediente debe ser tratada con extremo cuidado: se trata de un señalamiento penal que deberá ser probado ante un tribunal y no de una condena. La existencia de una denuncia no equivale jurídicamente a culpabilidad.
La muerte de Dafne ha obligado a revisar lo ocurrido en una academia militarizada que, según las investigaciones periodísticas y ministeriales, se encontraba bajo investigación por las condiciones en que murió la adolescente.
También ha provocado una discusión nacional sobre el funcionamiento y supervisión de este tipo de instituciones. La propia presidenta Claudia Sheinbaum pidió revisar las escuelas militarizadas en Tamaulipas y aclaró que la Academia Militarizada Marina Doenitz no pertenece a la Secretaría de la Defensa Nacional.
Ahora surge una segunda pregunta que alcanza al sistema de justicia: ¿cuántas veces tiene que ser denunciada la violencia contra una niña antes de que las instituciones actúen con la rapidez que su protección exige?
El caso de Dafne no permite respuestas sencillas. Hay una investigación por feminicidio, una causa anterior por presunto abuso sexual, cambios de abogados, años de procedimiento, prisión preventiva, nuevas audiencias y una familia que hoy enfrenta la muerte de una adolescente mientras intenta obtener respuestas sobre hechos ocurridos cuando ella todavía era una niña.
El lunes, la audiencia volverá a comenzar.
Dafne no estará en esa sala.
No podrá declarar, preguntar cuánto falta, señalar a quién le tenía miedo ni exigir que el proceso termine. Esa es precisamente la razón por la que el sistema de justicia tiene que hacerlo por ella.
Porque el verdadero fracaso no comienza cuando una niña muere. En ocasiones empieza mucho antes, cuando una denuncia infantil permanece años en un expediente, cuando las instituciones se acostumbran a los retrasos y cuando la justicia termina llegando demasiado tarde para proteger a quien la necesitaba.
El expediente de Dafne coloca esa falla frente a todos: una niña llegó a la justicia en 2019 y murió en 2026 sin conocer el desenlace de aquella primera acusación. Ahora los tribunales tienen la obligación de garantizar que, al menos después de su muerte, los procesos que llevan su nombre no vuelvan a quedar atrapados en el tiempo.

