Son tiempos de escucha

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*Zona de Reflexión

/ Escrito por Lucía Lagunes Huerta /

Dejar de escuchar es una práctica humana de quienes creen que tienen la razón por sobre todas las opiniones, esto es fácil encontrar en los dictadores, supuestos mesías y personas con poder y prácticas autoritarias. Dejar de escuchar es la forma más sencilla de garantizar equivocarse.

Para las personas comunes los equívocos y sus consecuencias los pagamos nosotras y en ocasiones nuestros seres amados, pero, cuando quien deja de escuchar y toma decisiones con base en su no escucha, es la máxima cabeza de un país, las consecuencias del equivoco suele tener dimensiones tan graves que para que la sociedad logre superar las consecuencias puede llevar años y en ocasiones no lograr superarse del todo.

Cuando se habla de reformas que se anuncian como una respuesta histórica vale la pena la mesura y la escucha activa, porque cuando solo se construyen con la escucha de quienes piensan como quien gobierna, o dicen lo que quiero escuchar y a quienes advierten de un gravísimo error son simplemente ignoradas, descalificadas sin sopesar lo que se está argumentando, además de error político es un acto de soberbia.

La Ley General para Prevenir, Investigar y Sancionar el Delito de Feminicidio que la presidenta Sheinbaum ha enviado al Congreso, a generado que dentro y fuera del país expertas adviertan de errores que a las mujeres y niñas de este país les costaría la vida.

Me refiero a la carta que Relatora Especial sobre la violencia contra las mujeres y las niñas, sus causas y consecuencias, Reem Alsalem envió el pasado 30 de septiembre al gobierno de México advirtiendo del equivoco que sería borrar de dicha ley el reconocimiento jurídico de las mujeres y niñas quienes se suponen son las sujetas de la iniciativa.

No entraré en el debate de si para erradicar la violencia contra mujeres y niñas se necesitan más leyes, o si antes de esto, es necesario realmente implementar las que ya se tienen, desarrollar un verdadero sistema de monitoreo y evaluación de su implementación.

Y no porque no sea relevante este debate, sino porque la Ley General ya esta en la mesa legislativa, y lo que se decida tendrá impactos profundos y de largo aliento y es muy probable que sea aprobada.

Pero el hecho de que esto aún no ocurre, abre la posibilidad de que la escucha activa de quienes tomaran las decisiones sea posible y es a lo que creo la propia Relatora Alsalem, está apostando también.

La existencia misma de la Ley General, habla de un reconocimiento de la problemática, eso como bien señala la relatora: “Una legislación de esta naturaleza representa una oportunidad para reforzar la debida diligencia, superar respuestas institucionales fragmentadas y reconocer que las muertes de mujeres por razones de género no son hechos aislados, sino que deben ser examinadas en sus contextos de discriminación y violencia”.

No se puede negar que México desde los años 90´s es reconocido como un país peligroso para las mujeres, que la violencia feminicida que Esther Chávez denunció en Juárez fue la punta del iceberg que convocó a examinar con profundidad lo que estaba ocurriendo en nuestro país.  Desde entonces México ha tenido la observancia internacional.

Cómo bien lo señala la introducción del libro Feminicidio: una perspectiva global de Diana E. Rusell y Roberta A. Harmes, cuyo texto introductorio nos recuerda a Betty Friedan, al señalar que “nombrar un problema es vital tanto para la concientización como para la acción«.

Y como la ley propuesta por la presidenta será parte de su legado como primera mujer al frente de nuestro país y el primer congreso paritario estará en la misma suerte, vale la pena colocar todas las variantes que están sobre la mesa, escuchar todas las voces expertas para que la vida de mujeres y niñas sea lo que este en el centro.

Pues como lo señala la antropóloga feminista Marcela Lagarde y de los Ríos (creadora del la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia) en su presentación:

“Es precciso reconocer que el feminicidio sucede en condiciones de dominación de género, clase, raza, etnia, edad, condición física y mental; …Erradicar la violencia de género, en particular la violencia feminicida, es una condición para la democracia y la vigencia del Estado democrático de derecho y de los derechos humanos de las mujeres».