“¡Suena bien para mí!” dice Trump a la propuesta de Marco Rubio como presidente de Cuba.

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11.01.2026. ashington, EUA.- En círculos políticos y mediáticos ha surgido la propuesta de que el senador estadounidense Marco Rubio, de origen cubano, sea considerado como presidente de Cuba en un eventual escenario de transición política.

Donald Trump reaccionó públicamente a la propuesta de que Marco Rubio sea presidente de Cuba diciendo: “¡Suena bien para mí!”, comentario que encendió la polémica y tensó aún más la relación entre Washington y La Habana.

La idea de que Marco Rubio, senador republicano por Florida y actual secretario de Estado en el gobierno de Trump, pudiera convertirse en presidente de Cuba surgió como una ocurrencia en redes sociales.

Un usuario publicó el mensaje “Marco Rubio será presidente de Cuba” acompañado de un emoji de risa. Trump replicó esa publicación en su red Truth Social y añadió la frase “¡Suena bien para mí!”, lo que fue interpretado como un respaldo simbólico a la propuesta.

Aunque no tiene viabilidad legal ni política dentro de la isla, el comentario del mandatario estadounidense generó reacciones inmediatas en medios y en la comunidad cubanoamericana.

El contexto en el que se produce esta declaración es de alta tensión regional. Estados Unidos ha intensificado su presión sobre Cuba en los últimos meses, reforzando sanciones y limitando operaciones comerciales, mientras que la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses el 3 de enero de 2026 ha agudizado la confrontación con gobiernos aliados de La Habana.

Trump advirtió en un mensaje que Cuba debía “hacer un trato antes de que sea demasiado tarde”, lo que fue interpretado como una amenaza directa hacia el régimen cubano, al anunciar que le quita el petróleo que le envíaba Nicolas Maduro a cambio de “seguridad” y “atención médica”.

Los antecedentes muestran que la presión de Estados Unidos sobre Cuba ha sido constante desde el embargo económico impuesto en 1962. A lo largo de las décadas, distintos gobiernos han endurecido o flexibilizado las medidas, pero nunca se ha levantado por completo el bloqueo.

Marco Rubio, hijo de inmigrantes cubanos, ha sido uno de los principales impulsores de la política de línea dura contra La Habana, y su figura se ha convertido en un símbolo de la influencia de la diáspora en la política estadounidense.

La propuesta de que Rubio sea presidente de Cuba, reforzada por el comentario de Trump, no pasa de ser un gesto político y mediático, pero refleja la persistencia de la presión estadounidense sobre la isla y la manera en que Washington busca proyectar su influencia en el futuro de Cuba.

La reacción del presidente estadounidense, aunque breve y aparentemente irónica, reaviva el debate sobre la soberanía de la isla y sobre el papel de Estados Unidos en su destino político.

El planteamiento se enmarca en un contexto de tensiones prolongadas entre Washington y La Habana. Desde el triunfo de la Revolución en 1959, Estados Unidos ha mantenido una política de sanciones, aislamiento y presión diplomática contra el régimen cubano.

El embargo económico, vigente desde 1962, ha sido el eje de esa estrategia, acompañado de restricciones comerciales, financieras y tecnológicas que han limitado el desarrollo de la isla. A lo largo de las décadas, distintos gobiernos estadounidenses han endurecido o flexibilizado las medidas, pero nunca se ha levantado por completo el bloqueo.

La Constitución cubana establece que el presidente debe ser elegido dentro de las estructuras políticas de la isla, bajo el Partido Comunista, lo que hace inviable que un político estadounidense pueda ocupar ese cargo.

La propuesta de Marco Rubio como presidente de Cuba, para algunos sectores, representa la continuidad de una política de presión que busca debilitar al régimen cubano; para otros, es una muestra de la imposibilidad de que Cuba defina su futuro sin la sombra de Washington.