Therians: un fenómeno social juvenil emergente que genera debate, molestia y hasta temores.

*Son expresiones de búsqueda identitaria en contextos de crisis cultural y tecnológica.

En los últimos meses, el fenómeno de los therians ha cobrado visibilidad en América Latina y otras regiones del mundo, generando debates sobre identidad, cultura digital y convivencia social. Los therians son personas, en su mayoría jóvenes, que se identifican espiritual o psicológicamente con animales y adoptan comportamientos asociados a ellos.

Esta práctica se expresa en espacios públicos y redes sociales, donde se difunden videos de adolescentes desplazándose en cuatro patas, usando máscaras, colas artificiales o emitiendo sonidos animales como parte de su autoexpresión.

El auge de esta comunidad está estrechamente vinculado a la cultura digital. Plataformas como TikTok e Instagram han amplificado la visibilidad de los therians, convirtiendo sus prácticas en tendencia viral. La exposición masiva ha generado tanto curiosidad como preocupación: mientras algunos interpretan el fenómeno como una forma legítima de exploración identitaria, otros lo consideran un riesgo para la convivencia y la seguridad, especialmente tras denuncias de comportamientos agresivos como mordeduras en espacios públicos.

El temor adulto frente a una identidad juvenil emergente

El fenómeno de los therians,  ha despertado una ola de preocupación entre padres, docentes y especialistas. Lo que comenzó como una tendencia en redes sociales, especialmente en TikTok e Instagram, se ha trasladado a parques y escuelas de países como Argentina, Uruguay y México, donde se han registrado reuniones y exhibiciones colectivas.

El temor adulto se centra en varios aspectos. En primer lugar, la salud mental: psicólogos advierten que la intensidad con la que algunos adolescentes adoptan esta identidad puede derivar en aislamiento social o en dificultades para diferenciar entre juego, espiritualidad y realidad cotidiana. Padres de familia expresan inquietud por conductas como caminar en cuatro patas, aullar o morder, que han sido reportadas en espacios públicos y que generan dudas sobre la seguridad y la convivencia.

En segundo lugar, existe la percepción de que el therianismo es una moda que puede exponer a los jóvenes a burlas, estigmatización o incluso violencia. En Argentina y Uruguay, donde el fenómeno se viralizó primero, se han documentado casos de acoso escolar hacia adolescentes que se identifican como therians, lo que refuerza la preocupación de padres y maestros.

Finalmente, el fenómeno plantea un reto institucional. Escuelas y autoridades locales se ven obligadas a decidir cómo manejar estas expresiones juveniles: si deben ser tratadas como una forma legítima de identidad cultural o si requieren límites claros para garantizar la seguridad y la convivencia. Investigaciones académicas en México y otros países ya analizan el therianismo como un fenómeno psicológico y social, lo que muestra que el debate ha trascendido la anécdota y se ha instalado en la agenda pública.

El temor adulto frente a los therians refleja una tensión generacional: mientras los jóvenes encuentran en esta práctica un espacio de pertenencia y autoexpresión, los adultos la perciben como un riesgo para la salud, la seguridad y la integración social. El desenlace dependerá de la capacidad de las sociedades para dialogar con esta identidad emergente, evitando tanto la criminalización como la trivialización, y reconociendo que se trata de un fenómeno cultural que interpela directamente a la relación entre juventud, tecnología y comunidad.

Implicaciones

Las implicaciones sociales son múltiples. En el plano cultural, los therians cuestionan las nociones tradicionales de identidad humana y abren debates sobre la relación entre juventud, espiritualidad y pertenencia.

En el ámbito familiar, padres y educadores expresan inquietud por la intensidad con la que algunos adolescentes adoptan estas prácticas, temiendo que se conviertan en una forma de aislamiento o en un rechazo de la socialización convencional.

En el terreno institucional, el fenómeno plantea retos para escuelas y autoridades locales, que deben equilibrar el respeto a la diversidad con la necesidad de garantizar seguridad y orden en espacios públicos.

El fenómeno también refleja tensiones generacionales. Para muchos jóvenes, ser therian es una manera de diferenciarse y construir comunidad en un mundo hiperconectado, donde las identidades digitales tienen tanto peso como las físicas.

Para sectores adultos, en cambio, la práctica se percibe como una moda excéntrica o incluso peligrosa. Esta brecha de percepción alimenta el debate sobre cómo las sociedades contemporáneas gestionan nuevas formas de identidad y pertenencia.

En términos psicológicos, algunos especialistas sugieren que el therianismo puede ser una expresión de búsqueda de sentido y conexión con la naturaleza, en un contexto de crisis ambiental y desconfianza hacia instituciones tradicionales. Sin embargo, advierten que la práctica puede derivar en conflictos si se convierte en una forma de evasión extrema de la realidad o si se acompaña de conductas que afecten a terceros.

El fenómeno therian, lejos de ser marginal, se ha convertido en un tema visible y controversial que interpela a familias, instituciones y comunidades digitales. Su expansión en América Latina muestra cómo las redes sociales no solo difunden tendencias, sino que también moldean nuevas formas de identidad colectiva.

El desenlace de este movimiento dependerá de la capacidad de las sociedades para comprenderlo, dialogar con sus protagonistas y establecer límites claros que permitan la convivencia sin criminalizar la diversidad.

Movimientos Juveniles históricos

Históricamente, cada uno de los movimientos presentados ha generado polémica y estigmatización. Los emos fueron criticados por su supuesta relación con la depresión juvenil, los furries por ser vistos como extravagantes o incomprendidos, y ahora los therians enfrentan cuestionamientos sobre seguridad y convivencia. Sin embargo, todos comparten un rasgo común: son expresiones de búsqueda identitaria en contextos de crisis cultural y tecnológica, donde las redes sociales amplifican su visibilidad y aceleran su expansión.

El therianismo, en este sentido, representa una nueva etapa en la evolución de las subculturas juveniles. Mientras los emos y furries se consolidaron en comunidades artísticas o musicales, los therians trasladan la identidad alternativa al terreno físico y espiritual, desafiando las nociones tradicionales de humanidad y convivencia.

Su impacto social dependerá de cómo las instituciones y las familias logren dialogar con esta práctica, evitando la criminalización y buscando comprenderla como parte de la diversidad cultural contemporánea.