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/Por Marisol Escárcega/
Hay dos capítulos de Los Simpson que hablan de la sobrecarga que tienen las mujeres, uno donde Marge va a la cárcel y estando ahí descubre que prefiere quedarse porque descansa de las labores domésticas y, otro donde, tras un colapso, se va sola de vacaciones.
En ambos capítulos se ve que Marge está al límite, y mientras ella disfruta su estancia en la cárcel o cuando se va al Rancho Relaxo, sus hijos y Homero la pasan mal, ya que era ella la que se encargaba de que todo funcionara, la que cocinaba, lavaba, tenía la ropa lista, etcétera.
Bueno, pues la realidad, como siempre, supera la ficción, ya que en México 98% de las actividades de cuidado son realizadas por mujeres. Actividades que la mayoría considera que son propias de ellas y que, encima, no son valoradas.
Como Marge, millones de mujeres están al límite de su salud física y mental, desbordadas por las tareas que hay en casa, donde, literalmente, no tienen ni 10 minutos de descanso. Realizar todas esas actividades le cuestan a una mujer no sólo su salud física, sino también su futuro, pues la mayoría no recibe dinero por ese trabajo, pero si además labora, tiene doble y triple jornada en el hogar. Trabajan hasta 19 horas diarias.
Pero volvamos a aquellas que han dedicado su vida al cuidado de l@s demás. Dependen económicamente de la pareja o de quien provee, sin embargo, ¿qué pasa si algún día las abandonan, se divorcian o quedan viudas?
Sabemos que entre mayores somos es más complicado conseguir un empleo más o menos bien remunerado, sobre todo si no hay CV que nos respalde. Ahora, estas mujeres que dedicaron gran parte de su vida a cuidar a l@s demás si buscan un empleo y encuentran uno con prestaciones estarán del otro lado, pero si no, se verán obligadas a irse a la informalidad, donde si no trabajan no comen y así hasta su vejez. ¿A qué voy con ello? A que eso que nosotr@s llamamos amor, es explotación, es trabajo no reconocido ni mucho menos remunerado, pero, ¿sabían que si esas actividades fueran consideradas en el sistema económico tendrían un valor equivalente a 6.8 billones de pesos, más o menos a 26.6% del PIB nacional?
Constantemente he escuchado quejarse a hombres de las mujeres, porque siempre están haciendo algo y “no tienen tiempo para ellos”, pero ¿se han puesto a pensar que sin ese trabajo invisible para la mayoría, no tendrían su vida resuelta?
Hace poco un vecino se dio cuenta de lo que implicaba las labores domésticas, pues su esposa tuvo que viajar a otro estado para cuidar a uno de sus padres enfermo. Mientras ella estaba en casa todo estaba perfecto, había comida, pisos limpios, camas tendidas, ropa limpia y planchada, perros y gatos alimentados, patio sin olor a orina, pero apenas se fue y entonces ese trabajo invisible se volvió visible y real.
Sí, a la hora de las actividades del hogar y de cuidar a l@s demás hay un abismo de diferencia entre hombres y mujeres. Mientras que los hombres en trabajos formales tendrán un fondo de retiro, pensión y demás prestaciones, una mujer que ha dedicado toda su vida al hogar envejecerá sin recursos económicos propios, lo que la hace blanco de la vulnerabilidad y de que en sus últimos años viva en condiciones de precariedad.
Establecer un Sistema de Cuidados es fundamental para garantizar que esas mujeres que nos cuidan, que se quedan a realizar esas actividades que poc@s ven y valoran y que hacen posible que la mayoría salga a trabajar, tengan la certeza de un futuro sin carencias.
Sí, reconocer su labor es indispensable, pero sobre todo, es entender que todas las personas requieren de cuidados, y que no puede ser un privilegio de unos cuantos, sino un derecho universal.












