Trump arremete contra las petroleras y exige bajar el precio de la gasolina

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03.08.2026 Washington, EUA.- El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a colocar a las grandes compañías petroleras bajo presión y las acusó de obtener ganancias excesivas mientras los consumidores estadounidenses enfrentan precios elevados de los combustibles. En esta ocasión, el mandatario dirigió sus señalamientos particularmente contra ExxonMobil y Chevron, dos de las mayores empresas energéticas del país.

Durante declaraciones realizadas este lunes, Trump sostuvo que las compañías están obteniendo beneficios extraordinarios a partir del encarecimiento del petróleo y reclamó que una parte de esas ganancias sea trasladada nuevamente a los consumidores mediante una reducción de los precios de la gasolina.

“Las compañías petroleras ganan demasiado dinero. No me gusta eso”, afirmó el mandatario, de acuerdo con reportes de medios estadounidenses y Reuters. Trump agregó que, cuando una empresa registra un crecimiento extraordinario de sus ganancias, debería devolver parte de ese beneficio al público.

El presidente estadounidense puso como ejemplo el desempeño reciente de las dos compañías que mencionó directamente. ExxonMobil reportó ganancias de alrededor de 14 mil 500 millones de dólares durante el segundo trimestre de 2026, más del doble de lo obtenido en el mismo periodo del año anterior. Chevron, por su parte, registró aproximadamente 12 mil millones de dólares de ganancias, casi cuatro veces el resultado de un año antes.

La fuerte mejoría en los resultados de las petroleras ocurre en un escenario marcado por el incremento de los precios internacionales del crudo, relacionado con las tensiones y el conflicto militar en Medio Oriente. La interrupción o incertidumbre sobre los suministros energéticos ha elevado el costo del petróleo y ha generado presiones adicionales sobre los mercados de combustibles.

Para Trump, sin embargo, el incremento de las ganancias empresariales no debería traducirse automáticamente en precios más altos para los consumidores. Su reclamo se concentra en que las compañías reduzcan el costo de la gasolina en las estaciones de servicio y compartan parte de los beneficios extraordinarios derivados de la coyuntura internacional.

El reclamo del presidente llega después de que su administración ya había puesto bajo investigación a las empresas petroleras por el comportamiento de los precios en las gasolineras. En junio, Trump ordenó al Departamento de Justicia investigar a compañías petroleras por un supuesto incremento abusivo de los precios, después de argumentar que el costo del crudo había descendido mientras el precio que pagaban los automovilistas no bajaba al mismo ritmo.

“Los precios de la gasolina deberían empezar a bajar mucho más rápido de lo que estoy viendo”, había señalado entonces Trump, al anunciar la revisión por parte del Departamento de Justicia.

La nueva ofensiva contra las petroleras representa un giro particularmente llamativo en el discurso económico del mandatario, quien históricamente ha defendido una expansión de la producción estadounidense de petróleo y gas y ha mantenido una relación cercana con la industria energética.

El propio Trump ha convertido el aumento de la producción nacional de combustibles fósiles en uno de los ejes de su política energética. Sin embargo, el encarecimiento de la gasolina representa un problema político directo para su administración, debido al impacto que tiene sobre el presupuesto de las familias y sobre el costo de transporte y de numerosos productos y servicios.

El precio en las estaciones de servicio

Los datos oficiales muestran que los consumidores estadounidenses han enfrentado precios significativamente superiores a los registrados a comienzos del año. De acuerdo con la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA), el precio promedio nacional de la gasolina regular pasó de 2.809 dólares por galón en enero a 4.050 dólares en junio. En mayo, el promedio había alcanzado 4.479 dólares por galón.

Para el 20 de julio, el promedio nacional de la gasolina regular se ubicaba en aproximadamente 4.001 dólares por galón, mientras que el promedio para todos los grados de gasolina alcanzaba 4.131 dólares.

La evolución de los precios refleja el fuerte impacto que tuvo durante la primavera y el verano el comportamiento de los mercados petroleros. En julio, los precios internacionales continuaron mostrando volatilidad. La EIA reportó que el 24 de julio el crudo Brent cerró en alrededor de 100.31 dólares por barril, mientras el West Texas Intermediate (WTI) se ubicó en 91.74 dólares.

Trump considera que la industria energética tiene margen para absorber parte de la presión sobre los consumidores debido a los beneficios obtenidos durante este periodo.

Una presión que también alcanza a los directivos

Además de cuestionar las ganancias de ExxonMobil y Chevron, Trump ha dirigido sus críticas hacia los ejecutivos de las compañías. El mandatario ha cuestionado públicamente al director ejecutivo de Chevron, Mike Wirth, a quien reclamó que reconociera el respaldo que, según Trump, su administración ha proporcionado al sector energético estadounidense.

La confrontación coloca al presidente en una posición peculiar: por un lado, su administración busca fortalecer a la industria petrolera estadounidense; por otro, ahora exige que esas mismas empresas reduzcan sus márgenes o transfieran parte de sus beneficios a los consumidores.

Trump ha insistido en que el incremento de la producción y una eventual normalización de la situación internacional permitirán que los precios de los combustibles disminuyan. Su argumento es que, una vez que desaparezcan las presiones extraordinarias sobre el suministro, los precios deberían reflejar ese cambio con mayor rapidez.

La industria petrolera, entretanto, opera en un mercado internacional en el que los precios del crudo dependen de factores que van mucho más allá de las decisiones individuales de una compañía: producción mundial, conflictos geopolíticos, transporte marítimo, capacidad de refinación, inventarios, demanda y restricciones sobre la oferta.

El debate, por ello, no se limita a cuánto ganan las grandes petroleras. También plantea hasta qué punto un gobierno puede exigir a empresas privadas que reduzcan sus precios en un mercado global y qué mecanismos pueden utilizarse para evitar que una crisis internacional termine trasladándose de manera desproporcionada a los consumidores.

La presión política sobre las petroleras llega además en un momento en que las ganancias del sector energético están nuevamente bajo escrutinio internacional. Un análisis publicado por Oxfam a finales de julio estimó que las seis mayores compañías de combustibles fósiles podrían registrar conjuntamente alrededor de 45 mil millones de dólares de ganancias netas durante el segundo trimestre de 2026, casi el doble que en el trimestre anterior.

Para Trump, la prioridad inmediata es que el beneficio de la actividad petrolera no se quede exclusivamente en los balances corporativos. Su mensaje a las empresas fue directo: reducir el precio que pagan los consumidores y devolver parte de las ganancias extraordinarias obtenidas durante la actual coyuntura energética.

Así, el presidente estadounidense abrió un nuevo frente con las grandes petroleras, precisamente cuando el precio de la gasolina se ha convertido en uno de los indicadores más visibles del impacto de la crisis energética sobre los hogares estadounidenses. La disputa entre la Casa Blanca y la industria está ahora centrada en una pregunta de alto costo político: quién debe absorber el golpe cuando el petróleo se encarece y quién debe beneficiarse cuando las ganancias se disparan.