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26.03.2026 EUA.- El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a modificar el tono de su estrategia frente a Irán al anunciar una nueva pausa en las acciones militares contra instalaciones energéticas del país persa, en lo que representa otro giro dentro de una narrativa marcada por amenazas, ultimátums y señales contradictorias de negociación.
A través de su red social Truth Social, el mandatario comunicó la suspensión temporal de los ataques, asegurando que responde a una solicitud directa del gobierno iraní y destacando avances en las conversaciones diplomáticas.
“A petición del Gobierno iraní, por favor, que esta declaración sirva para indicar que suspendo el período de destrucción de la planta de energía por 10 días, hasta el lunes 6 de abril de 2026 a las 8 p. m., hora del este. Las conversaciones continúan y, a pesar de las declaraciones erróneas en sentido contrario de los medios de comunicación que difunden noticias falsas y otros, están progresando muy bien”, escribió.
El anuncio confirma una pausa de diez días en los ataques estadounidenses contra infraestructura energética iraní, extendiendo el plazo hasta el 6 de abril, en lo que funcionarios y analistas interpretan como un intento de desescalar momentáneamente el conflicto mientras se mantienen abiertas las vías diplomáticas.
Este movimiento se produce en un contexto de escalada militar que inició a finales de febrero, cuando operaciones conjuntas de Estados Unidos e Israel detonaron una serie de represalias por parte de Teherán, ampliando el conflicto en Medio Oriente y elevando las tensiones en puntos estratégicos como el estrecho de Ormuz.
Sin embargo, la decisión de Trump no es un hecho aislado, sino parte de una secuencia de cambios en su postura. Apenas días antes, el presidente había anunciado una pausa más corta de cinco días, también argumentando avances en conversaciones, mientras simultáneamente mantenía amenazas de ataques más severos si Irán no cumplía con exigencias específicas.
Incluso en paralelo a este nuevo anuncio, el discurso de la Casa Blanca ha mantenido un tono dual. Por un lado, Trump insiste en que las negociaciones “van muy bien”; por otro, continúa advirtiendo sobre posibles acciones militares decisivas, incluyendo lo que ha descrito como un “golpe final” si la diplomacia fracasa.
La narrativa también ha sido cuestionada por el propio gobierno iraní, que ha negado en distintos momentos la existencia de negociaciones directas, aunque reconoce contactos indirectos mediadores, lo que pone en duda el nivel real de avance que Washington asegura tener.
En el trasfondo, el conflicto ha dejado ya miles de víctimas y ha generado impactos globales, particularmente en los mercados energéticos, debido a la relevancia estratégica de la infraestructura iraní y de rutas clave como el estrecho de Ormuz para el suministro mundial de petróleo.
Especialistas señalan que este tipo de pausas pueden responder tanto a cálculos militares como políticos: permiten ganar tiempo, evaluar daños, reacomodar fuerzas y, al mismo tiempo, proyectar una imagen de apertura diplomática. No obstante, también advierten que los constantes cambios en el discurso pueden erosionar la credibilidad de la presidencia estadounidense.













