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28.04.2026 Washington DC.- El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, intensificó en 2026 su retórica y política hacia Cuba al asegurar públicamente que tendrá el “honor de tomar Cuba”, una declaración que ha generado alarma internacional, reacciones diplomáticas y renovados temores sobre una posible escalada militar o una estrategia de cambio de régimen en la isla.
Las declaraciones surgieron en el contexto de una profunda crisis energética cubana, agravada por nuevas medidas de presión económica implementadas por Washington, incluyendo restricciones al suministro petrolero y sanciones ampliadas a terceros países que comercien combustibles con La Habana. Trump afirmó en marzo que “Cuba es la siguiente”, sugiriendo que, tras sus recientes intervenciones regionales, su administración contempla acciones más agresivas para forzar transformaciones políticas en el gobierno encabezado por Miguel Díaz-Canel.
Desde enero de 2026, la Casa Blanca declaró a Cuba como una “amenaza extraordinaria” para la seguridad nacional estadounidense, mediante una orden ejecutiva que endureció de forma significativa el embargo y permitió nuevas medidas económicas dirigidas a debilitar al gobierno cubano. Entre ellas se encuentran sanciones a países o empresas que exporten petróleo a la isla, una política que ha contribuido a severos apagones, escasez de combustible y un deterioro social acelerado.
La estrategia de Trump ha sido respaldada por sectores conservadores estadounidenses, particularmente por figuras como el secretario de Estado Marco Rubio, quien ha mantenido una postura históricamente hostil hacia el régimen cubano. Sin embargo, críticos dentro y fuera de Estados Unidos advierten que la política podría profundizar una crisis humanitaria y generar inestabilidad regional.
El Senado estadounidense votó este 28 de abril para bloquear una resolución que buscaba limitar cualquier acción militar unilateral de Trump contra Cuba sin autorización del Congreso, fortaleciendo así el margen de maniobra presidencial en materia de política exterior. La votación reavivó el debate sobre el alcance del poder ejecutivo y recordó controversias previas relacionadas con intervenciones militares sin aprobación legislativa explícita.
En respuesta, gobiernos como el de Russia han condenado la presión estadounidense y prometido apoyo económico y energético a Cuba, mientras diversas naciones latinoamericanas han manifestado preocupación por posibles vulneraciones a la soberanía cubana. Moscú incluso reforzó recientemente envíos de petróleo como contrapeso a la estrategia de bloqueo promovida por Washington.
Para analistas internacionales, el lenguaje de Trump marca un giro especialmente agresivo incluso dentro del historial de tensiones entre Washington y La Habana. Aunque no existe hasta ahora una declaración formal de intervención militar directa, sus afirmaciones sobre “tomar” o “liberar” Cuba evocan episodios históricos como Bahía de Cochinos y reactivan preocupaciones sobre una política abiertamente expansionista.
La combinación de sanciones, presión diplomática, bloqueo energético y amenazas retóricas coloca a Cuba en uno de los momentos más delicados de su relación con Estados Unidos en décadas. Mientras Trump presenta su estrategia como una defensa de la democracia hemisférica, sus detractores consideran que la política podría derivar en una nueva crisis geopolítica en el Caribe, con consecuencias impredecibles para la región.












