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05.04.2026 El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, elevó drásticamente la crisis en Medio Oriente al emitir un mensaje directo y beligerante dirigido al gobierno de Irán, en el que advierte que el ejército estadounidense podría iniciar ataques contra infraestructuras estratégicas iraníes el martes si Teherán no permite el tránsito seguro de embarcaciones por el estrecho de Ormuz.
La advertencia, difundida a través de su plataforma Truth Social y replicada por diversos medios internacionales, establece un ultimátum con fecha límite clara: el martes 6 de abril por la noche, hora de Washington. En ese plazo, Irán debe reabrir el paso marítimo o enfrentar una ofensiva militar focalizada en objetivos como centrales eléctricas y puentes, considerados críticos para el funcionamiento del país.
Trump no dejó espacio a la ambigüedad. En su mensaje, aseguró que si Irán no actúa, “se desatará el infierno”, una frase que ha repetido en distintos pronunciamientos recientes, acompañada de lenguaje particularmente agresivo hacia las autoridades iraníes.
El trasfondo de esta amenaza se encuentra en la crisis del estrecho de Ormuz, uno de los puntos neurálgicos del comercio energético mundial. Por esta vía marítima circula aproximadamente el 20% del petróleo global, lo que convierte cualquier interrupción en un factor de alto impacto para la economía internacional.
“Abre el maldito estrecho, malditos locos, o van a vivir en el infierno.” Además, en el mismo mensaje advirtió sobre posibles ataques específicos:
“El martes será el día de las plantas eléctricas y el día de los puentes… en Irán.” Y fijó el ultimátum con claridad: “El martes, 8:00 p.m., hora del Este.”
La actual crisis se originó tras el inicio de la guerra el 28 de febrero de 2026, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron ataques contra Irán, provocando represalias y el cierre casi total del estrecho por parte de Teherán.
Desde entonces, la región ha experimentado una escalada constante de acciones militares, incluyendo bombardeos, ataques con misiles y operaciones de rescate de pilotos estadounidenses en territorio iraní, lo que ha intensificado el conflicto y elevado la presión internacional para evitar una guerra de mayores proporciones.
El ultimátum de Trump representa un endurecimiento significativo de la postura estadounidense, al pasar de sanciones y presión diplomática a una amenaza directa contra infraestructura civil y estratégica. Según reportes, el mandatario incluso sugirió que los ataques podrían ser devastadores y dejar al país persa con décadas de retraso en su reconstrucción.
Del lado iraní, la respuesta ha sido igualmente contundente. Autoridades militares y políticas han rechazado el ultimátum calificándolo de “inútil” y “estúpido”, al tiempo que advierten que cualquier ataque estadounidense provocará represalias “sin restricciones” contra intereses de Estados Unidos y sus aliados en la región.
En paralelo, persisten intentos diplomáticos para evitar una confrontación directa. Trump ha reconocido que existen negociaciones en curso y ha dejado abierta la posibilidad de un acuerdo de última hora, aunque ha reiterado su frustración por lo que considera dilaciones por parte de Teherán.
El escenario, sin embargo, sigue siendo altamente volátil. A medida que se acerca el vencimiento del ultimátum, la comunidad internacional observa con preocupación la posibilidad de que se concrete una ofensiva militar estadounidense que podría desestabilizar aún más una región ya marcada por semanas de enfrentamientos, con consecuencias imprevisibles tanto en el ámbito geopolítico como en los mercados energéticos globales.













