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24.10.2026.- Ucrania volvió a llevar la guerra hasta el corazón de Siberia con un ataque contra la refinería de petróleo de Omsk, una de las instalaciones energéticas más importantes de Rusia, situada a más de 2 mil 500 kilómetros de la frontera ucraniana. El golpe, confirmado por el Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Ucrania el 8 de octubre de 2026, forma parte de la estrategia de Kiev para debilitar la infraestructura que sostiene las operaciones militares rusas.
La distancia convierte a esta instalación en un objetivo estratégico y evidencia el alcance que han adquirido los ataques ucranianos con drones de largo alcance. La refinería, operada por Gazprom Neft, tiene capacidad para procesar más de 21 millones de toneladas de petróleo crudo al año y produce gasolina, diésel, combustible de aviación, lubricantes y otros derivados esenciales para la economía rusa.
De acuerdo con el mando militar ucraniano, la planta también participa en el suministro de combustible a las fuerzas armadas rusas, por lo que afectar su funcionamiento supone presionar una de las cadenas logísticas que Moscú necesita para mantener su invasión.
La empresa ucraniana de tecnología militar Fire Point informó que el ataque se realizó con drones FP-1 de largo alcance, que alcanzaron el complejo y provocaron un incendio. Imágenes difundidas en redes y analizadas por medios especializados mostraron una columna de humo sobre la zona industrial de Omsk.
El gobernador regional, Vitali Jotsenko, reconoció que se produjo una incursión con drones en la región, aunque las autoridades rusas no detallaron inicialmente el nivel de daños en la refinería. Por su parte, el Estado Mayor ucraniano no publicó una evaluación completa de las afectaciones en su primer informe.
No se trata del primer ataque contra esta instalación durante 2026. El 6 de julio, fuerzas ucranianas ya habían golpeado la refinería y reportado daños en una unidad de destilación primaria con capacidad de procesamiento de 8.4 millones de toneladas anuales. Después de aquella operación, fuentes citadas por Reuters informaron que la planta suspendió actividades mientras se evaluaban los daños y se realizaban reparaciones.
La campaña ucraniana contra las instalaciones petroleras rusas busca reducir la capacidad de Moscú para producir y distribuir combustibles, además de afectar los ingresos y recursos industriales que sostienen el esfuerzo bélico. En los últimos meses, Kiev ha ampliado sus operaciones contra refinerías, depósitos y terminales de exportación, con ataques que obligan a Rusia a reforzar sus defensas y reparar infraestructura lejos de las zonas de combate.
El alcance de estas operaciones también tiene un efecto político y militar: demuestra que la profundidad territorial de Rusia no garantiza que sus instalaciones estratégicas permanezcan fuera del radio de acción ucraniano. Sin embargo, el impacto real de cada ataque depende de la magnitud de los daños, del tiempo necesario para reparar las unidades afectadas y de la capacidad rusa para compensar la producción perdida.
Es importante distinguir este ataque de los reportes más recientes de este sábado 24 de octubre. Ese día se informó de nuevos incidentes con drones en Omsk, incluido un incendio en la planta petroquímica Omsky Kauchuk y un ataque contra un centro logístico. Las autoridades regionales confirmaron una incursión con drones, pero los reportes disponibles no establecían que la refinería petrolera hubiera sido alcanzada nuevamente este sábado.
La refinería de Omsk sigue siendo, por tanto, un símbolo de la expansión geográfica de la guerra energética entre ambos países.
Para Ucrania, golpear instalaciones que abastecen a las fuerzas rusas representa una forma de llevar presión más allá del frente; para Moscú, la repetición de estos ataques supone el reto de proteger una infraestructura extensa y fundamental para sostener su economía y sus operaciones militares.

