*Caso emblemático de las desapariciones forzada en impunidad en México.
06.10.2026. Ciudad de México.- A un año de la desaparición de Carlos Emilio, el silencio sobre su paradero no ha apagado la exigencia de su madre, Brenda Valenzuela, quien mantiene abierta la búsqueda de su hijo y reclama que las autoridades esclarezcan qué ocurrió aquella noche en Mazatlán, Sinaloa, cuando el joven fue privado de la libertad mientras se encontraba cenando con su familia en un restaurante.
Este 5 de octubre, al cumplirse 365 días desde que Carlos Emilio fue visto por última vez, su madre volvió a colocar su nombre en el centro de una exigencia que permanece vigente: encontrarlo y lograr que regrese con vida a casa.
La fecha no pasó para la familia como un aniversario más. Brenda Valenzuela convocó a una jornada de oración para mantener presente a su hijo y, al mismo tiempo, recordar que detrás de la cifra de un año existe una persona cuya ausencia continúa afectando a su familia y a una comunidad que se ha sumado a la búsqueda.
“365 días sin CARLOS EMILIO”, escribió su madre al anunciar que este lunes 5 de octubre, a las 19:00 horas, se realizaría de manera virtual un Santo Rosario a través de Facebook para pedir por el regreso del joven.
La convocatoria estuvo acompañada por un mensaje en el que Brenda agradeció a las personas que durante este año han mantenido vigente el reclamo por Carlos Emilio y han contribuido a que su nombre no quede sepultado bajo el paso del tiempo.
La plegaria también se convirtió en una petición de verdad y justicia. En ella, la familia pidió que puedan salir a la luz datos que permanecen ocultos, que sean escuchadas las voces que no han recibido respuesta y que las pistas que existen puedan ser reunidas para establecer con claridad qué sucedió con el joven.
La madre pidió además que la investigación no quede atrapada en el silencio ni en la lentitud institucional y que cualquier información que pueda conducir hasta Carlos Emilio sea seguida hasta sus últimas consecuencias.
El mensaje refleja una de las principales preocupaciones de las familias de personas desaparecidas: que el transcurso de los meses termine convirtiéndose en una forma de olvido. Para Brenda Valenzuela, un año después, la ausencia de su hijo sigue siendo una herida abierta y la búsqueda continúa.
En su mensaje también reconoció a quienes han acompañado el caso durante estos 365 días, desde personas que han compartido información y llamados de ayuda hasta quienes han participado en acciones de búsqueda, difusión y oración.
La familia puso especial énfasis en el papel de los medios de comunicación que han dado espacio a su exigencia y han contribuido a mantener visible el caso. La petición fue que la cobertura periodística se realice con respeto y sin convertir el dolor de las víctimas en espectáculo.
Para las familias de personas desaparecidas, la difusión pública puede ser una herramienta fundamental para mantener vigentes los casos, ampliar el alcance de las búsquedas y evitar que la ausencia de una persona termine normalizándose.
El caso de Carlos Emilio se inscribe en una crisis de desapariciones que atraviesa a México y que ha obligado a miles de familias a organizarse para buscar por cuenta propia a sus seres queridos. De acuerdo con el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas, el país acumula más de 130 mil reportes de personas desaparecidas y no localizadas, una dimensión que muestra la magnitud de una problemática que no puede reducirse a expedientes individuales.
Cada caso, sin embargo, tiene un rostro y una historia familiar. En el de Carlos Emilio, ese rostro es el de un joven cuya desaparición ocurrió mientras compartía una cena con sus familiares en Mazatlán y cuya ubicación continúa siendo una exigencia para su madre.
A lo largo de un año, la búsqueda de Brenda Valenzuela también ha significado mantener vivo el nombre de su hijo. La exigencia no se limita a conocer qué ocurrió, sino a encontrarlo y preservar la esperanza de que pueda regresar con vida.
El mensaje difundido con motivo del primer aniversario de su desaparición concluye con una petición directa: que aquello que permanece oculto pueda hacerse visible, que se abran las puertas que permanecen cerradas y que cualquier información que permita localizar al joven sea esclarecida.
“Devuelve a Carlos Emilio a su hogar, a su vida, a la luz”, expresó su madre en la oración.
A 365 días de aquella noche en Mazatlán, Brenda Valenzuela continúa esperando respuestas. Mientras no exista certeza sobre el paradero de Carlos Emilio, la búsqueda permanece abierta y la exigencia de su familia sigue siendo la misma: encontrarlo, saber la verdad y que vuelva a casa con vida.

