Un Odiseo para nuestros tiempos

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*Más que juzgar sus licencias frente al poema homérico, la adaptación puede entenderse como una nueva forma de estudiar a los clásicos y encontrar en ellos otros sentidos: Martha Montemayor, investigadora de Letras Clásicas del IIF

/ Camila González / Fósforo UNAM /

La Odisea de Homero, escrita en el siglo VIII a. C., vuelve con fervor al siglo XXI gracias a su más reciente adaptación cinematográfica. El estreno de la nueva cinta de Christopher Nolan, The Odyssey (2026), nos convoca a revisar el clásico fundacional de la literatura occidental, y por qué no, de todas las películas de acción y aventuras.

Declarado el cineasta más poderoso de Hollywood por The New York Times, Nolan es un reconocido director inglés, quien entre todas sus producciones destaca por la trilogía de Batman (2005, 2008, 2012), Inception (2010), Interestellar (2014) y Oppenheimer (2023). The Odyssey (2026) reunió a críticos cinematográficos, escritores, clasicistas, cinéfilos y curiosos por igual en las salas de cine, algunos por el peso de la obra original, otros por las decisiones del realizador.

Para empezar, Nolan utilizó cámaras IMAX de 70 mm en su totalidad, como nunca antes se había hecho en la historia del cine. Esto despertó inquietudes y cuestionamientos sobre la accesibilidad del formato, en tanto que muy pocas en el mundo (y ninguna sala mexicana) tiene las dimensiones necesarias para proyectar la cinta como fue filmada; dichas pantallas son, básicamente, más altas que las IMAX que se encuentran en algunos cines mexicanos.

Por otro lado, el cineasta articuló un reparto portentoso y diverso. Elliot Page, actor trans, interpretó el papel de Sinón, guerrero griego, mientras que las actrices Lupita Nyong’o y Zendaya, ambas de ascendencia africana, tomaron el lugar de Helena, Clitemnestra y Atenea. Aunque para el imaginario colectivo estos personajes siempre habían sido representados por cuerpos blancos y cisgénero como insignias de belleza divina y poder, vale la pena recordar que la industria cinematográfica tiene un papel muy importante en la configuración de estos estándares, y que la decisión del cineasta no afecta en nada el desarrollo de la historia.

Si la primera adaptación de La Odisea en el cine es un corto silente realizado en 1905 por Georges Méliès, titulado L’Île de Calypso ou Ulysse et le Géant Polyphème (La isla de Calipso o Ulises y el gigante Polifemo), para Francisco Peredo, especialista en cine hollywoodense, era impensable dudar de la capacidad técnica de Nolan para filmar un proyecto así: “Christopher Nolan nos tiene acostumbrados a una muy buena ejecutoria como cineasta, incluso para las películas comerciales. Si ves a Nolan dirigiendo puedes esperar algo bueno”. Además, “se trata de una obra que se presta muy bien para ponerla en el cine”, añadió. “Si consideramos todos los años de evolución de cultura y tecnología cinematográfica –casi 130 años–, y los 28 años de experiencia de Nolan, no podemos sino esperar una gran producción con niveles de excelencia”.

Si bien esa primera adaptación no representa toda la travesía de Odiseo para regresar a Ítaca, Mèliés utilizó los recursos visuales y la riqueza artesanal que tenía a su alcance para construir un lenguaje cinematográfico que encarnara la maldición de los dioses griegos y la desesperación de Odiseo. Le siguieron al menos 10 adaptaciones, algunas más libres que otras, como la serie para televisión Odisea (1968), a cargo de Franco Rossi, Mario Bava y Piero Schivazappa, la cinta Ulysses’ Gaze (1995) de Theo Angelopoulos, y The Return (2024) de Uberto Pasolini, por mencionar algunas.

En el formato que la hayan visto, la película de Nolan comienza del mismo modo: Telémaco y Penélope, interpretados por Tom Holland y Anne Hathaway, esperan el regreso de Odiseo al tiempo que padecen el asedio de pretendientes como Antínoo (Robert Pattinson), quien amenaza con tomar el lugar del rey. A diferencia del texto original, La Odisea de Nolan introduce la historia de Odiseo (Matt Damon) con un pasaje de la guerra de Troya como punto de inflexión para sus meditaciones, y con algunos guiños bastante claros para entender la intención del director, pues trazó su propia adaptación en un presente muy cercano al de la devastación y la tragedia troyana.

La diosa Atenea aparece desde el inicio junto a Odiseo para aconsejarlo, aunque su aparición en el filme resulta más bien meditativa: “En La Eneida Venus siempre estaba junto a Eneas, mientras que en La Odisea Atenea y Hermes siempre aparecen junto a Odiseo. Parece que Nolan quiere hacer a los humanos más independientes de los dioses, porque en la cultura clásica los dioses se meten en todo. Aquí los hombres son quienes labran su propio destino”, aseguró Martha Montemayor, profesora de la Facultad de Filosofía y Letras e investigadora de Letras Clásicas en el Instituto de Investigaciones Filológicas (IIF) de la UNAM.

No obstante, Montemayor resaltó que nuestro acercamiento a la película no debe castigar las omisiones o las licencias creativas de Nolan a partir de la obra original. Por el contrario, resalta que las decisiones del director construyeron un perfil de Odiseo que se acerca a nuestro tiempo, lo que permite que la obra siga viva y vigente: “Lo que hizo Nolan es otra manera de estudiar a los clásicos, como Rosario Castellanos. Ella leyó la historia de Dido y escribió ‘Lamentación de Dido’, un poema hermoso en el que está reflejada ella misma. A partir de una obra clásica, Nolan se vuelve creador porque su reinterpretación está influenciada por su propio contexto. Lo que hace Nolan es traer a la actualidad una obra clásica y darle otro sentido al personaje de Odiseo. Y se vale”. Asimismo, resaltó su labor como estudioso de la literatura clásica, pues rescata a personajes que no aparecen en La Odisea, como Sinón, quien es descrito en el segundo libro de La Eneida y cobra un papel muy importante en la versión de Nolan.

Las epopeyas sirven exactamente para resaltar los ideales de honor y gloria que identifican a un héroe, siempre leal a su patria. Montemayor señaló que en varios pasajes de la literatura clásica Odiseo es recordado como un guerrero despiadado, como cuando le quita el hijo a Andrómaca, esposa de Héctor, y lo avienta desde lo alto de una torre para evidenciar su poder: “Cometió crímenes para ganar la batalla, pero nunca sintió culpa porque ese era su destino. Odiseo estaba orgulloso de ser el héroe de esa historia, sin condolerse por los pueblos que saqueó en su camino”.

En otras adaptaciones, los directores priorizaron la espectacularidad de las aventuras de Odiseo por encima de escenas que exploraran la humanidad de los personajes. En el texto original hay otras marcas que humanizan a Odiseo, como la tentación o la nostalgia, pero en la película de Nolan se manifiestan en la preocupación de Odiseo por las consecuencias de la guerra.

Por otro lado: “Llamó mi atención que Nolan evitara mostrar a un héroe divirtiéndose. Odiseo se quedó un año con Circe y tuvo relaciones amorosas con ella, también con Calypso, con quien estuvo siete años en la isla. Quizá para un lector atento de La Odisea estos datos se sobreentienden; sin embargo, también concuerda con el tipo de héroe que Nolan quiere representar”, subrayó Montemayor.

En opinión de Francisco Peredo, Nolan, quien además es licenciado en Literatura Inglesa por el University College of London, comprendió y tradujo la profundidad de cada personaje en los distintos lenguajes cinematográficos que componen la película. El investigador nos recuerda que hay que leer los otros lenguajes del cine y no esperar que todo se codifique en el guion, pensando en la composición musical que hizo Ludwig Göransson para la película, o en el diseño de vestuario, a cargo de Ellen Mirojnick, con quien ya había trabajado en Oppenheimer.

“Claro que se puede hacer una adaptación que profundice en la introspección de los personajes y la conducta humana abiertamente en el guion. The Return, con Juliette Binoche como Penélope, tiene más ese tono: menciona que las mujeres fueron el primer botín en la guerra de Troya, y tiene sentido por el contexto que estamos viviendo. Más que creatividad visual, le dieron un peso político. La película de Nolan no desmerece por la espectacularidad en términos de los planteamientos que tiene, pero como espectadores tenemos la libertad de elegir qué queremos ver”.

En línea con la lectura de Montemayor, Peredo aseguró que es muy importante que se haya hecho una adaptación así en esta coyuntura: “La película tiene reflexiones muy dolidas sobre la brutalidad de la guerra y sobre lo descarnado que puede ser el sufrimiento que desencadena. Es inevitable pensar que Christopher Nolan y su equipo creativo seguramente tienen en mente lo que está pasando en Gaza. Pasa con todo tipo de creadores y profesionales. Si tú piensas en un juez dictando sentencia, naturalmente está respondiendo a un sistema de valores y al contexto que lo atraviesa”, subrayó el académico.

Peredo aventuró que la película se convertirá en una de las grandes obras del cine por su resolución técnica y artística: “Cuando termine su ciclo de exhibición, es decir, como mercancía, quedará como una película importantísima para la cultura cinematográfica”. La cinta, que ya suma 6.90 millones de asistentes en nuestro país, ha recaudado 643.02 MDP en México, y 1.6 billones de dólares en el mundo, de acuerdo con cifras oficiales de la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica e IMDbPro (datos hasta el 30 de agosto de 2026).

Aunque me sumo a críticos y autores como Fernanda Solórzano y Eduardo Huchín, quienes mencionaron algunos pasajes memorables que les habría encantado ver en la película, como el diálogo con el cíclope o “ese hermoso momento en el que los hombres de Menelao se disfrazan de focas para atrapar a un dios”, me desdigo como ellos para sugerirles que imaginen estos pasajes con su propia lectura del poema, porque esa es la maravilla de lo que no tiene rostro aún.

Como ya hemos visto, las reinterpretaciones literarias y cinematográficas sólo demuestran la vigencia y el consuelo que una obra de tal magnitud despierta entre los creadores y la sociedad actual. Las discusiones que surgieron a partir de su estreno también han sido una oportunidad para descubrir nuevas perspectivas de análisis, según sea el caso del experto en turno: montaje y diseño sonoro, guionismo, mitología griega, teoría de la adaptación cinematográfica, traducción, fotografía, actuación, etcétera. Sin ánimo de relativizar todas las discusiones para evitar decir si es una buena o mala película, la discordancia antoja no sólo releer La Odisea, sino también La IlíadaLa Eneida de Virgilio, la Fábula de Polifemo y Galatea de Luis de Góngora, o Las Troyanas de Eurípides. En ese camino, si nos permitimos leer los análisis y críticas de cada especialista, nos daremos cuenta de la mucha riqueza que hay en nuestro lenguaje, y cuánto se enriquecen todas las artes entre sí.

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