Una biografía de Woody Allen .

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/Juan José Barrientos

Al escribir la biografía de Woody Allen, David Evanier no quiso dedicarles demasiado espacio a los líos con Mia Farrow, que han acaparado la atención de la prensa, y procura seguir su carrera, “una de las más exitosas en el mundo del espectáculo estadounidense”. Woody ya había destacado como escritor vendiendo sus chistes a otros artistas, como Bob Hope, cuando se decidió a lanzarse como monologuista. Así, de pronto “estaba ahí, de pie, expuesto al mundo” y, aunque parecía un fracasado y hablaba como un fracasado, en realidad nunca lo había sido. Solo “hizo suya la imagen del schlemiel, un personaje cómico cuyos actos lo llevan inevitablemente al precipicio, pero que también representa una forma de resistencia a las normas y a los valores sociales y culturales”. El público no paraba de reírse, y él no dejaba de ganar cantidades fabulosas. Woody “Puso en el mapa a un amplísimo espectro de la sociedad que había quedado marginado. Les dio voz a través de ese personaje que se subía ahí arriba y decía cosas inteligentes, profundas y desternillantes… Les dio voz a los judíos con pinta de fracasados, pero también a los jugadores de futbol americano, rubios, altos y fortachones, que en su interior, se sentían como los judíos bajitos, pero no podían reconocerlo”. Las actuaciones de Allen consistían en contar la historia de su vida, es decir la vida de un fracasado contada a través de una ráfaga de chistes. Los chistes, aunque eran simples, resultaban de lo más graciosos, y más allá del humor se estaba configurando una autobiografía…Era “un campeón de la timidez”, “alguien con el que cualquier marginado… podía identificarse”. Y detrás de todo eso había una mezcla de cinismo y escepticismo. “La condición humana no se puede cambiar: los movimientos políticos y sociales no pueden hacer nada. Las religiones – el judaísmo ortodoxo y todas las demás- no son más que camisas de fuerza” … Y las sectas son mucho peor. “Los hippies, los profetas new age, los espiritistas, los seminarios de autoayuda, los revolucionarios… todas esas modas y remedios mágicos pasarán, y la humanidad seguirá atrapada en la misma ciénaga”. El traductor, por cierto, traduce “loser” literalmente, como “perdedor”, cuando en español debería poner “fracasado”, pero de cualquier modo vale la pena leer el libro.

Evanier cuenta que Jerry Epstein acompañó a Woody a ver a un adivino, que le dijo que se iba a dedicar al cine y que iba a dirigir películas y ganar fama, lo que lo dejó muy impresionado “porque en ese momento no tenía ni idea de que iba a tirar por ahí”.

Menciona luego 2 películas, donde Woody colaboró como guionista, pero “perdió el control” y que sobre todo sirvieron para convencerlo de que debía exigir “una autonomía total sobre lo que escribiera”. Posteriormente, su agente negoció un contrato con United Artists que le concedía entera libertad, y así pudo hacer Bananas (1971), Todo lo que Ud. quería saber sobre sexo y nunca se atrevió a preguntar (1972) que fue su primer gran éxito de taquilla, y El dormilón (1973), una mezcla de ciencia ficción y comedia, que obtuvo algunos elogios de Pauline Kael, la influyente critica del New Yorker, que vio a Woody como “ un genio de la comedia algo errático”, pero echó de menos “los chispazos inesperados, geniales y alocados de las dos anteriores”. De cualquier modo, ya estaba lanzado y nadie lo iba a parar. Siguió La última noche de Boris Grushenko (1975), que fue otro taquillazo, y se le renovó el contrato para que hiciera cinco películas más, entre ellas Annie Hall (1977), donde logró “abandonar las payasadas y la seguridad de la comedia alocada” y hacer “una película más profunda”, como él mismo reconoció. Annie Hall obtuvo muchos premios, entre ellos cuatro Oscars, y aunque al principio no había sido muy taquillera, eso la relanzó y además tuvo como consecuencia que se volvieran a estrenar sus películas anteriores; le siguió Manhattan y, en esa línea, pero muchos años después, Blue Jasmine (2013) y otras. En fin, Evanier recorre la producción del cineasta y en cada caso registra los comentarios que suscitaron, anécdotas y detalles de producción inapreciables para sus fans, entre los que me incluyo.

No olvida, por otra parte, a las mujeres que convivieron durante algunos años con Allen, es decir Harlene, con quien se casó incluso y sobre la cual hizo innumerables chistes, que ella luego aprovechó para demandarlo a él, a la NBC y a sus filiales, exigiéndoles el pago de un millón de dólares por difamación; él argumentó que eran bromas y que ella era demasiado sensible, y ella aumentó al doble la suma reclamada, pero luego llegaron a un acuerdo secreto. Y Louise Lasser, “una mujer increíblemente divertida…espontánea,  algo excéntrica… afectuosa y cálida, sin inhibiciones… un poco loca”, que además era “una actriz de comedia con un talento exquisito”. Así como Diane Keaton.

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*El libro se publicó en 2015, es decir antes de que Woody filmara Café Society (2016), Wonder Wheel (La rueda de la maravilla, 2017), Un día de lluvia en Nueva York, 2019) y Rifkin´s Festival El festival de Rifkin, 2020). De cualquier modo, Evanier logró poner los líos con Mia Farrow y sus hijos en un contexto más amplio.