Una buscadora es asesinada cada 6 meses. El patrón delictivo contra ellas.

*Escrito por Arantza Díaz.

04.04.2025/CimacNoticias.com/ Ciudad de México.- Teresa González fue asesinada por un grupo de hombres armados que pretendía sacarla de su domicilio y privarla de su libertad; en el forcejeo, la buscadora recibió un fatal impacto de bala y tras permanecer 6 días en un estado crítico, la buscadora falleció el pasado 2 de abril. Este feminicidio, no es aislado, más bien, responde a un patrón delictivo contra las mujeres buscadoras que se ha gestado en los últimos cuatro años y que obedece al silencio, desprotección, al registro de constantes peticiones de auxilio previos a sus feminicidios, la presencia de grupos delictivos, el menosprecio el Gobierno de México; mujeres que realizaron hallazgos de fosas clandestinas, crematorios clandestinos y encontraron nexos entre el narcotráfico y la explotación sexual, fenómenos que, el Estado mexicano ha pretendido maquillar.

Esto, teniendo presentes los casos de Angelita Meraz, Lorenza Cano, Aranza Ramos y Teresita González, donde el modus operandi es el mismo: Sicarios irrumpiendo violentamente en los hogares de las buscadoras para cometer crímenes como las agresiones físicas, la privación de la libertad, tortura y homicidio.

Lorenza Cano, tocaron a su puerta en Guanajuato; peleó y se defendió para que no la sacaran de su casa, en esa lucha, su esposo e hijo fueron asesinados un 15 de enero del 2024, a un año de este hecho, se presume que sus restos fueron localizados el pasado 25 de marzo.

Teresa González y Lorenza Cano buscaban a sus hermanos. Teresa buscaba a Jaime González y Lorenza, a José Francisco Cano Flores.

El reciente asesinato de Teresa González implica el hartazgo colectivo de sabernos vulnerables, pues hasta hace unos días, la buscadora protestaba por la verdad en el Rancho Izaguirre a sabiendas de una posibilidad de encontrar a su hermano en este campo de exterminio que García Harfuch ha reparado; no es de exterminio, sino «de entrenamiento«.

Ante este escenario que sacude al país se evidencia lo insostenible de la crisis de desapariciones, pero también, lo imposible que resulta que, allá afuera, las hermanas, madres, hermanas y tías encaren la violencia, no sólo institucional, sino también, de células delictivas y sicarios que han fungido como actores del asesinato de 8 buscadoras en los últimos 4 años; una cada seis meses.

Ángelita Meraz León, fue asesinada en Baja California el pasado 9 de febrero del 2024, en la búsqueda por localizar a su hermano, Juan José Meraz; ella encontró información que ligaba a las desapariciones de la entidad con el Cártel de Sinaloa. Presuntamente, habría entregado sus hallazgos a la Fiscalía del Estado y aunque denunció que había recibido amenazas de muerte por este trabajo, Angelita fue asesinada por sicarios.

Teresa Magueyal, buscadora de su hijo, José Luis Apaseo era conocida en Guanajuato por ser una de las madres que más se adentraba en los territorios controlados por el narcotráfico. En sus tres años de búsqueda denunció crematorios y «lugares donde deshacían cuerpos»; fue asesinada -también- por sicarios mientras viajaba en su bicicleta.

Al norte del país, en Sinaloa (2022) Rosario Lilian, buscadora de su hijo Fernando Abixahy fue secuestrada por una camioneta; una suburban blanca de donde descendieron múltiples hombres armados y entre forcejeos, la subieron al vehículo cuando ésta salía de la misa anual de su hijo.

Rosario Lilian desapareció por cuatro horas hasta que su cuerpo fue encontrado en la avenida Manuel Pilar Abraham, presentaba huellas de tortura. La buscadora había denunciado amenazas de muerte por su trabajo en la zona e incluso meses antes un grupo de hombres roció su casa con gasolina, además de intentar secuestrar a su segundo hijo, quien logró escapar del secuestro.

Ese mismo año, (2022) Ana Luisa fue asesinada la noche del 27 de enero en las calles del centro de Temixco, sólo a unos metros de la cabecera municipal. Ana Luisa había dedicado la última década a buscar justicia por el feminicidio de su hija, Ana Karen asesinada en 2012 y en su peregrinar, se convirtió en una feroz abogada que acompañaba a otras madres buscadoras y participaba activamente en las búsquedas de campo por los desaparecidos; Ana Luisa fue sorprendida por un presunto sicario, quien le disparó a quemarropa.

En Puebla (2022) Blanca Esmeralda Gallardo, buscaba a su hija Betzabé, quien habría desaparecido en Puebla en 2021. Desde entonces, la buscadora se había dedicado por completo a seguir el rastro de su hija y realizar hallazgos importantes en la entidad sobre la trata de mujeres y el trabajo sexual forzado hasta octubre del 2022, cuando un grupo de sicarios la atacó a las afueras de su colonia, Villa Frontera.

Según documenta El País, alrededor de las 5 de la mañana, un grupo de pistoleros la esperaba en la autopista México Puebla quienes, al verla pasar para empezar su jornada, desplegó el ataque directo; la buscadora recibió 7 funestos impactos de bala.

Esmeralda, a pesar de manifestarle ante las autoridades de Puebla y a su entonces gobernador, Luis Miguel Barbosa, que temía por su vida, nunca recibió ninguna protección, ni auxilio por las autoridades.

En 2021, Aranza Ramos, fue asesinada en Guaymas, Sonora. Buscaba a su esposo, Brayan Celaya desaparecido en la misma ciudad. Dedicó 7 meses a realizar trabajo de campo con la colectiva Guerreras Buscadoras de Sonora, en ese tiempo, se convirtió en una de las mujeres más activas dedicando jornadas enteras y colaborando con otras colectivas buscadoras, no sólo de su entidad, sino de otros Estados vecinos.

Aranza fue ultimada la noche del 15 de julio luego de que un hombre, acompañado de otros hombres armados, realizaran un ataque directo sacando por la fuerza a la buscadora de su domicilio quien, horas más tarde, fue encontrada sin vida al interior del Casino de Estación Ortiz con 3 impactos de bala.

 

«Nos convertimos en un imán de violencia sin quererlo»

Ser una buscadora no sólo implica convertirse en la piedra en el zapato del gobierno en turno, sino también, en realizar hallazgos que ponen en aprietos los mercados donde los carteles tienen metidas las manos. Es un bombardeo doble, donde no existe protección, ni institución que encargue de blindarlas de cualquier peligro.

Cimacnoticias entrevistó a la buscadora y activista Yoltzi Martínez sobre, ¿qué implica buscar entre el crimen organizado? y teorizar sobre por qué existe una altísima tendencia, de unos años a la fecha, al feminicidio de las madres / hermanas / esposas buscadoras, ¿por qué las matan?

La primera respuesta es concreta: «Las muertes violentas son con la finalidad de callarnos», dice Yoltzi.

«Hemos descubierto lo que el gobierno no quiere y sobre todo, dejamos al descubierto también, la injerencia del gobierno dentro del crimen organizado y las represalias son esas [los asesinatos]
Por más que hemos dicho que no queremos venganza, que lo que menos queremos es tener algo en contra de alguien, eso se vuelve molesto porque queda al descubierto el crimen organizado y con el señalamiento del gobierno, somos más susceptibles porque no hay quién nos proteja».

La vulneración no sólo llega desde las instituciones, sino que, además, la buscadora refiere que la sociedad no acompaña, ni empatiza con las buscadoras; se realiza una instrumentalización de su lucha, más no se acuerpa en la lucha de forma constante para demandar mejores condiciones.

Por otra parte, desde la experiencia de Yoltzi, los miembros del narcotráfico pueden entender a las buscadoras como enemigas directas; mujeres que pretenden terminar con su negocio cuando esto dista de la realidad, su lucha no está movida por la idea ser estandartes de justicia y seguridad; su lucha está movida por el dolor y la necesidad de buscar.

«Piensan que queremos acabar con el crimen [organizado], pero no es cierto, a nosotras no nos compete la seguridad social, eso le compete al Gobierno. Solamente ante el dolor y la necesidad de buscar; buscamos y nos encontramos todas estas partes donde se nos amenaza, mata, tortura y desaparece», repone Yoltzi.

El asesinato de la buscadora Teresa González en Jalisco, donde, según documentó Cimacnoticias a través de Hugo Flores del colectivo Luz de Esperanza, ha pasado por la entidad en impunidad total; la Fiscalía del Estado de Jalisco, no realizó ningún contacto con la familia González, ni tampoco proporcionó herramientas de seguridad.

A la par, su gobernador Pablo Lemus no ha objetado sobre este asesinato. Asimismo, el abordaje en medios de comunicación se ha visto entorpecido, tergiversando sobre la búsqueda de Teresa González; nombrándola como madre buscadora en medios de gran alcance como La Jornada o con Azucena Uresti refiriendo que buscaba a «su hijo Jaime»; siendo Jaime, de hecho, su hermano.

¿Normalizamos estos hechos?, ¿la voracidad de las noticias convierte estas muertes en estadísticas? Sobre esto, Yoltzi responde:

«Hemos normalizado la violencia, los secuestros, los feminicidios, los homicidios, las desapariciones también, tanto, que ahora la trasladamos a las violencias que vivimos las buscadoras. Es normal verlas atentadas, desplazadas, es común ver buscadoras reprimidas por el gobierno y por el crimen organizado. Creo que nunca pedimos ser parte de las familias buscadoras, no quisimos, nos obligaron por la necesidad de buscar a nuestra familia; no lo hacemos [buscar] por derrocar un gobierno, no por querer ser estandarte. Estamos en una necesidad y es por eso que estamos buscando, pero claro, el hecho de evidenciar lo que pasa en un país nos hace vulnerables ante el crimen organizado que se quiere apropiar del territorio, que quiere manipular y gobernar desde las sombras».

El eje más importante donde Yoltzi se detiene es que, buscar implica muchas otras cosas; es una dimensión más profunda y que trastoca mercados del crimen organizado como la explotación sexual de las mujeres o el reclutamiento forzado de los adolescentes. Buscar y encontrar restos, también es develar las redes de negocio del crimen organizado y la conexión directa que tienen con la desaparición de las niñas, niños, adolescencias, adultas mayores, amas de casa y familias migrantes.

No amenazan a una maestra por ser maestra, dice Yoltzi, sólo a las buscadoras, quienes mueven la tierra y encuentran lo que el crimen organizado se empeñó en ocultar. Recuperan a las mujeres obligadas a la explotación sexual, los restos de las víctimas de trata, encuentran a los niños vendidos, los cuerpos de esas infancias con quienes realizaron tráfico de órganos encuentran a los jóvenes que reclutaron por la fuerza y de forma reiterada, se apunta: No porque sean el ápice de la justicia, sino porque es una necesidad salir, buscar, pelear y encontrar sin importar quién esté del otro lado.

Es evidente apuntar a que los contextos de violencia derivados del narcotráfico se recrudecen en las fronteras del norte y sur del país. El control de territorio es una disputa constante entre el Cartel de Jalisco y el de Sinaloa, quienes, por ejemplo, han producido el desplazamiento forzado en entidades como Chiapas, donde la frontera se ha convertido en un cinturón de fuego y disputa.

Yoltzi, quien busca a su hermana, Yatzil Martínez Corrales en Guerrero, lo hace en una de las entidades donde convergen hasta 5 carteles del narcotráfico, entre algunos nacionales y otros grupos rebeldes locales. Como la Familia Michoacana, Los Ardillos, Los Beltrán Leyva, Los Rojos, Guerreros Unidos, El Cártel del Sur y Los Tequileros, todos, con características en común: Controlar Guerrero, asesinar, desaparecer, cobrar piso, mantener bajo el yugo a los municipios y ser grupos de extrema violencia.

Desde la óptica de la buscadora, hacerlo en estos contextos es muy complejo, pues, la búsqueda por sí misma genera cansancio, dolor, padecimientos médicos, psicológicos y económicos, pero hacerlo entre el narcotráfico, es estar consciente de que, en algún punto, estarás forzada a abandonar tu entidad, pedir asilo en otro país o escapar a otro Estado por seguridad.

Y aunque reconoce que las fronteras norte y sur siempre han sido escenarios de violencia -con sus características, como la migración en el sur-, la realidad es que la normalización de la violencia es un fenómeno del que ya no podemos escapar.

«No hay parámetros de decir, qué lugares está más atacado por la delincuencia, es la misma furia contra la vida, es la misma deshumanización que hemos encontrado con los cuerpos que se han localizado, las fronteras norte y sur, siempre han sido un poco más que expuestas y hablamos de contextos distintos. Encontramos desapariciones en familias migrantes, en situación de movilidad, que estaban en tránsito y desaparecieron, pero creo que más que nada, es siempre será, ya sea en la frontera norte, o sur, en el centro de la ciudad, hablamos de lo mismo: La violencia y el crimen organizado que ya radica en todas partes, está tan normalizado, que el gobierno le solapa y le teme.
Sólo es encontrar estos ecos silenciosos donde no podemos realizar nuestra labor, donde nuestra búsqueda más que ser protegida, ha sido rechazada y criminalizada»

Treguas y vigilancia

En algunos casos particulares, son las madres quienes deciden negociar directamente con los líderes del crimen organizado de su ciudad con el objeto de que se les permita realizar su trabajo en libertad.

En 2023, Ceci Flores envió un «pacto de paz» donde pidió a los miembros del Cartel Jalisco Nueva Generación, Cartel de Sinaloa, de Sonora, Los Caballeros Templarios y La Familia Michoacana que les permitieran a las familias buscar en paz. Y aunque no obtuvo alguna respuesta clara, sólo un par de días después, hombres comenzaron a llamar a Ceci Flores de manera anónima, diciéndole en dónde debían buscar; como resultado, se encontraron múltiples restos y fosas. Para Ceci, esto fue señal inequívoca de que se trataba de miembros del crimen organizado; las estaban guiando.

Cimacnoticias conversó con Edith González, de Amor Por Los Desaparecidos, quien busca a Azael Treviño; su hermano menor, privado de su libertad, presuntamente, por hombres armados quienes lo reclutaron a sus 15 años.

En su trabajo como buscadora, ha realizado hallazgos de fosas clandestinas y crematorios por todo Tamaulipas en conjunto con sus compañeras, la mayoría, madres buscadoras. A ellas se les atribuye el hallazgo de la Brecha del Murillo que se encuentra a la salida de Reynosa, rumbo al municipio de Camargo (también conocido como Díaz Ordaz), el campo de exterminio extensivo más grande hallado por la colectiva donde habían restos óseos y un total de 5 concentraciones; cocinas clandestinas donde quemaban los cuerpos. Tardaron un año en levantar cada uno de los restos.

Posteriormente, localizaron en la Brecha del Becerro, una pileta marcada con el número 666 (un número que usa esa gente dice Edith), en su interior, había una cocina clandestina con múltiples restos humanos; tardaron 6 meses en recuperarlos todos.

El último de sus hallazgos, ellas lo nombraron «La casa del terror» que han terminado de levantarla recientemente en diciembre del 2024 luego de un trabajo exhaustivo de 8 meses.

Era un vasto campo de exterminio que fue sumamente doloroso hallar, pues se encontraron «muchísimos, pero muchísimos cuerpos totalmente calcinados, otros semi calcinados y otros que no terminaron de ser calcinados», narra Edith.

Al preguntarle sobre las amenazas por su trabajo, Edith respondió que nunca han sufrido algún tipo de atentado, sin embargo, es bien sabido que los grupos delictivos que se disputan el territorio -Los carteles de Río Blanco y de Reynosa-, tienen localizados a los grupos de búsqueda y con frecuencia, las observan.

La buscadora refiere que, en un principio sentía miedo de encontrarse sola con sus compañeras en terrenos baldíos, pues muchas veces, al dar positivo en algún lado, terminaban sus trabajos de investigación hasta la una de la madrugada, en esos casos, Edith sostiene que, de forma oculta, son observadas mientras hacen sus búsquedas.

¿Cuál es el miedo más grande de salir a buscarlo?: No tengo miedo, el miedo más grande es irme de esta vida sin volverlo a ver.

Buscadoras vs la criminalización del Estado

Según recoge el informe «Nombres sin cuerpo y cuerpos sin nombre» de Causa Común y con base en las cifras del RNPDNO, es en el sexenio de López Obrador que las desapariciones se agudizaron como nunca antes y el fenómeno se agrava en el actual sexenio.

En los primeros 100 días del gobierno de Claudia Sheinbaum se registraron 4 mil 120 personas desaparecidas, un promedio de 41 casos al día. Esta cifra es 104% superior a las desapariciones registradas en los primeros 100 días del gobierno de López Obrador, 277% superior a las registradas en el sexenio de Enrique Peña Nieto.

Los roces entre las madres buscadoras y el expresidente López Obrador fueron una constante durante su sexenio, pues la desaparición forzada terminó por convertirse en uno de los temas más incómodos para el mandatario luego de sobrepasar durante su periodo la cifra de 100 mil personas desaparecidas; el elefante en la habitación que terminó por llegar a un punto de quiebre con su igual, Claudia Sheinbaum.

Los encontrones y pretensiones de López Obrador de señalar que todo se trataba de un golpeteo político terminó por mermar el escenario. Recordándose así, cuando en mayo del 2024 la buscadora Cecilia Flores denunció un probable hallazgo de crematorio clandestino en la CDMX.

En respuesta, el mandatario señaló durante su conferencia matutina que personas de Sonora y Chihuahua «habían encontrado un crematorio»: buscadoras que «no nos quieren a nosotros y pertenecen al bloque conservador».

En añadidura, fue el -entonces gobernador de la CDMX- Martí Batres quien dijo que todo se trataba de un montaje para golpear al gobierno capitalino -pues además, ya estaba en la puerta la candidatura de Clara Brugada-, señalando que podían asegurar que se buscó lucrar políticamente con ese falso hallazgo y que gracias a las indagaciones se había logrado «frustrar» el intento de desprestigio.

Meses antes, en diciembre del 2023, la buscadora cuestionó el porqué López Obrador había señalado que las colectivas maquillaban las cifras de personas desaparecidas, y denunció en sus redes sociales:

«Yo quisiera que los otros datos fueran reales y que nuestro dolor fuera mentira, quizás no pudimos evitar que los desaparecieran una vez, pero no permitiremos que los desaparezcan dos veces», sentenció.

Estos serían sólo algunos de los roces que se mantuvieron durante el sexenio y que concluyeron con López Obrador señalando que en ningún momento se reuniría con las buscadoras pues eso era pura “politiquería y publicidad”. Esta última palabra se cumplió y luego de 6 años nunca se reunió con las buscadoras, donde además, -de acuerdo con información de InSight Crime-, al menos 15 buscadoras han sido víctimas de homicidio de 2010 a 2022 a manos del crimen organizado.

Al respecto, Yoltzi Martínez refiere que, con frecuencia, se tiende a cuestionar «en qué andaban» las personas desaparecidas para enfrentar ese destino; una criminalización constante por parte del Estado que tiene por causa última lavarse la culpa y ocultar la crisis de desapariciones bajo la premisa de que, quien desaparece, es porque lo buscó; una revictimización cruenta que desconoce otras realidades.

Realidades donde desaparecen niñas, mujeres, trabajadoras domésticas, adultas mayores, jóvenes estudiantes, mujeres defensoras, periodistas, activistas por la tierra, abogadas y activistas.

«El gobierno no sólo no se ha cansado de tratar de lavar su culpa y su falta de seguridad en decir que estaban mal [las personas desaparecidas], ahora se quieren lavar la culpa en decir que lo que hacemos [las buscadoras] está mal, cuando sólo buscamos ante la necesidad de instituciones que no nos han protegido, gobiernos corruptos, ante el silencio para no decir la verdad.

Somos nosotras las familias quienes buscamos y encontramos, es fácil desprestigiar porque somos minoría y yo quiero seguir siéndolo, no quiero que en cada hogar haya una buscadora, una familia desintegrada.

El gobierno se lava la culpa en atacarnos públicamente a las buscadoras, que nos demeritan que somos nosotras las malas y que el gobierno es el que está tratando de sobrevivir a nuestro ataque, cuando llamamos a la sociedad, no llamamos a levantar armas, sino a levantar fotos, a prender velas, a pegar fichas, a compartir y cuidarse. Desde ahí, el ser una buscadora ya genera rencillas, mi lucha no es solamente por encontrar, es por sobrevivir al acoso del crimen organizado y también, ante el acoso del gobierno» (Yoltzi Martínez, buscadora en Guerrero),