*No se repetirá de manera general el examen, sino que se aplicará una evaluación presencial de control a un grupo de aspirantes para validar los resultados del proceso cuestionado.
*La medida busca preservar los lugares de quienes demostraron realmente los conocimientos necesarios y evitar que quienes recurrieron a ayudas indebidas obtengan una ventaja.
31.07.2026 Ciudad de México.- La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) encontró una salida a la polémica generada por las irregularidades detectadas en su primer examen de ingreso a licenciatura aplicado completamente en línea: realizará un examen de control presencial para comprobar que quienes obtuvieron los puntajes necesarios para ingresar cuentan efectivamente con los conocimientos que acreditaron en la prueba original.
La determinación fue planteada por la Comisión Técnica para la Revisión del Proceso de Ingreso a la Licenciatura 2026, instalada por el rector Leonardo Lomelí Vanegas después de que la Universidad detectara comportamientos atípicos en los resultados del concurso y recibiera cuestionamientos de aspirantes que denunciaron posibles prácticas de trampa durante la aplicación.
El anuncio representa un punto intermedio entre las dos posiciones que habían dominado la discusión durante los últimos días: repetir todo el examen de admisión, como exigían algunos aspirantes y grupos inconformes, o mantener sin cambios los resultados publicados el 17 de julio.
La propuesta de la Comisión Técnica consiste en someter a una nueva evaluación, esta vez presencial, a quienes se encuentran en los rangos que pueden determinar la asignación de los lugares disponibles. De acuerdo con la información difundida tras la presentación del informe, serán convocados alrededor de 22 mil aspirantes que originalmente obtuvieron un lugar, además de personas que quedaron cerca del puntaje mínimo requerido para ingresar a determinadas carreras, planteles y modalidades.
La intención es que el nuevo examen funcione como una prueba de validación. Es decir, no se trata de abrir nuevamente el concurso para todos los aspirantes que participaron, sino de comprobar que los resultados obtenidos en la evaluación en línea corresponden con los conocimientos de quienes podrían ocupar un lugar en la Universidad.
La asignación definitiva dependerá del desempeño que tengan los aspirantes en esta evaluación presencial. Con ello, la UNAM busca resolver una de las principales preocupaciones surgidas después de la publicación de resultados: que una persona hubiera conseguido un puntaje suficiente para ser seleccionada sin haber demostrado realmente los conocimientos requeridos.
El rector de la #UNAM, Leonardo Lomelí Vanegas, informó que aspirantes con puntajes atípicamente altos en el proceso de admisión 2026-2027 deberán presentar un examen de control presencial para validar sus resultado
Leonardo Lomelí, ofreció una disculpa a quienes afecte este nuevo paso y calificó como “muy adecuado” aplicar el examen de control en aras de rectificar los resultados del procedimiento de admisión a la licenciatura 2026.
“Ofrezco una disculpa a las aspirantes y los aspirantes que habiendo siendo aceptados limpiamente serán convocados a presentar el examen de control”, sostuvo este viernes.
Subrayó que la institución no tolerará trampas: “Dañan a la UNAM y a la sociedad; “Hacer trampa no solo daña a la institución sino a la sociedad en su conjunto, es una práctica que debemos desterrar”, enfatizó el rector universitario.
Después de días de reclamos, protestas y dudas, la Universidad tiene asi una ruta: un examen de control presencial que buscará responder la pregunta que originó toda la controversia: quiénes realmente tienen los conocimientos necesarios para ingresar a la UNAM.
La decisión llega después de varios días de incertidumbre para miles de jóvenes.
La Universidad había suspendido provisionalmente la entrega documental y las inscripciones de primer ingreso mientras la Comisión Técnica analizaba el proceso. Esa suspensión fue adoptada precisamente para evitar que los resultados cuestionados se convirtieran automáticamente en inscripciones definitivas antes de determinar qué había ocurrido.
El origen de la controversia está en los resultados del concurso de selección 2026-2027. Por primera vez, la UNAM realizó completamente en línea su examen de ingreso a licenciatura. Participaron alrededor de 158 mil aspirantes y estaban en disputa poco más de 21 mil lugares.
Después de la publicación de los resultados comenzaron a circular comparaciones con ejercicios de años anteriores y se señaló un aumento atípico en determinados puntajes, incluidos resultados particularmente elevados en algunas carreras de alta demanda. Las diferencias generaron dudas entre aspirantes y especialistas, quienes pidieron a la Universidad revisar estadísticamente la prueba.
La propia UNAM decidió entonces profundizar la revisión.
El rector Leonardo Lomelí instaló el 27 de julio una Comisión Técnica integrada por especialistas en áreas como evaluación educativa, estadística, matemáticas, tecnologías de la información, inteligencia artificial, derecho y otras disciplinas. El grupo recibió información de las áreas universitarias encargadas del proceso y quedó facultado para solicitar documentación adicional y convocar a funcionarios involucrados.
En aquella etapa, el rector dejó abierta la posibilidad de adoptar distintas medidas y sostuvo que ninguna alternativa estaba descartada. La prioridad, explicó, era conocer qué había sucedido y garantizar que quienes se prepararon para el examen no fueran perjudicados por quienes hubieran obtenido alguna ventaja indebida.
La revisión permitió establecer que durante la aplicación sí se presentaron conductas expresamente prohibidas por la convocatoria.
Entre las irregularidades detectadas estuvieron el uso de teléfonos celulares, la intervención de personas externas y casos de suplantación de identidad. La supervisión tecnológica basada en inteligencia artificial permitió generar alertas sobre comportamientos que posteriormente fueron analizados por la Universidad.
La UNAM informó que alrededor de 2 por ciento de los exámenes fueron cancelados debido a conductas contrarias a las reglas establecidas en la convocatoria. En términos absolutos, se trata de varios miles de evaluaciones dentro de un universo superior a 158 mil aspirantes.
Pero el problema no se limitó a identificar y cancelar exámenes durante la aplicación.
La dificultad principal apareció cuando la Universidad tuvo que determinar qué hacer con los resultados restantes y, particularmente, con quienes obtuvieron los puntajes necesarios para conseguir un lugar. Un examen en línea puede generar registros tecnológicos de conductas sospechosas, pero no necesariamente permite establecer con absoluta certeza, después de terminado el proceso, si todos los resultados elevados fueron obtenidos bajo las condiciones previstas.
Por ello, la evaluación presencial de control se convierte en el mecanismo elegido para despejar esa incertidumbre.
El procedimiento permitirá comparar el desempeño obtenido en el examen original con el que cada aspirante consiga en condiciones controladas. De esa manera, la Universidad podrá contar con un elemento adicional para determinar quiénes tienen los conocimientos necesarios para ocupar los lugares disponibles.
La medida también evita, al menos en principio, afectar indiscriminadamente a quienes sí realizaron correctamente el examen.
Ese fue uno de los argumentos centrales de la Rectoría desde que comenzó la revisión. La Universidad había advertido que no podía permitirse que las personas que hubieran recurrido a ayudas indebidas terminaran perjudicando a quienes se prepararon y presentaron la prueba de acuerdo con las reglas.
El rector había planteado que la situación no podía normalizarse y que la institución debía actuar para corregirla, al tiempo que debía proteger el principio de equidad que debe regir un concurso de selección universitario.
El nuevo mecanismo también permite responder a quienes reclamaban una reposición completa del examen.
Desde que comenzaron a conocerse las anomalías, aspirantes rechazados, familiares y otros sectores solicitaron que la prueba fuera anulada y se realizara nuevamente de forma presencial. Incluso hubo movilizaciones frente a Ciudad Universitaria para exigir una solución y cuestionar la confiabilidad de la evaluación realizada a distancia.
La UNAM, sin embargo, optó por una solución focalizada.
En lugar de convocar nuevamente a los más de 158 mil participantes, la institución concentrará la evaluación de control en quienes se encuentran directamente involucrados en la definición de los lugares de ingreso. De acuerdo con los reportes sobre la decisión, la convocatoria alcanzará a casi 22 mil personas que inicialmente fueron seleccionadas y también a aspirantes que quedaron cerca de los puntajes mínimos de ingreso, tomando como referencia el comportamiento histórico registrado entre 2021 y 2026.
Este último grupo es relevante porque el resultado del examen de control puede modificar la distribución de lugares.
Si un aspirante inicialmente seleccionado no demuestra en la nueva evaluación el nivel de conocimientos correspondiente, su resultado original podría dejar de ser suficiente para conservar el lugar. En ese escenario, el mecanismo permitiría que la Universidad revise la asignación y considere a quienes se encuentran en los rangos inmediatos de competencia.
La lógica es recuperar el principio básico del concurso: los lugares deben asignarse de acuerdo con el desempeño académico de los aspirantes y no a partir de ventajas obtenidas mediante mecanismos prohibidos.
El examen de control será presencial precisamente para reducir las posibilidades de que vuelvan a presentarse las condiciones que generaron las dudas en la prueba original.
La aplicación en línea representó para la UNAM un cambio de enorme magnitud. La universidad buscó utilizar herramientas tecnológicas para supervisar a los participantes, pero la experiencia de 2026 mostró los límites que puede tener un sistema de vigilancia digital cuando se utiliza para una evaluación de alto impacto y con una cantidad masiva de aspirantes.
La controversia también puso sobre la mesa el desafío que representa la inteligencia artificial para los sistemas educativos. Las herramientas capaces de generar respuestas o apoyar a una persona durante una evaluación han avanzado rápidamente, lo que obliga a las universidades a replantear sus mecanismos de supervisión.
En este caso, sin embargo, la UNAM no atribuyó todas las irregularidades exclusivamente al uso de inteligencia artificial. La revisión detectó distintas conductas prohibidas, entre ellas utilización de teléfonos, apoyo externo y suplantación de identidad.
La decisión de aplicar una evaluación de control también busca evitar una conclusión injusta: que cualquier resultado alto sea considerado automáticamente fraudulento.
Obtener muchos aciertos no constituye por sí mismo evidencia de trampa. Existen aspirantes que se preparan durante meses y alcanzan resultados sobresalientes. Precisamente por eso, el mecanismo anunciado por la Universidad pretende establecer una comprobación académica adicional en lugar de convertir las estadísticas o las sospechas en sanciones individuales.
El caso tiene además una dimensión social importante.
Para miles de jóvenes, el examen de ingreso representa la posibilidad de comenzar una carrera profesional en una de las principales instituciones públicas de educación superior del país. Un resultado favorable significa un cambio de vida, mientras que no obtener un lugar puede significar esperar otro concurso, buscar una alternativa educativa o modificar completamente un proyecto académico.
Por ello, la decisión de la UNAM busca equilibrar dos derechos e intereses que entraron en tensión durante la crisis: el de quienes obtuvieron un resultado legítimo y esperan que sea respetado y el de quienes consideran que pudieron haber sido desplazados por personas que utilizaron mecanismos indebidos.
El rector Leonardo Lomelí había advertido desde la instalación de la Comisión Técnica que la Universidad tenía que explicar qué ocurrió y por qué ocurrió. La creación de ese grupo de especialistas permitió sacar la discusión del terreno de las especulaciones y trasladarla a una revisión técnica del procedimiento y de los resultados.
La Comisión está presidida por Eduardo Bárzana García y cuenta con especialistas de distintas áreas del conocimiento. Su trabajo incluyó el análisis de los datos y de las condiciones bajo las cuales se llevó a cabo el primer concurso de selección completamente en línea para licenciatura.
Ahora, con la recomendación del examen de control, la UNAM deberá pasar de la revisión técnica a la ejecución de la medida.
El reto inmediato será organizar la aplicación presencial en un plazo reducido, comunicar claramente quiénes deberán presentarse y establecer las condiciones bajo las cuales se determinarán los resultados definitivos. La Universidad también tendrá que informar qué ocurrirá con las inscripciones suspendidas y cuál será el calendario para completar el proceso.
El objetivo es que la solución no genere una nueva incertidumbre.
La decisión tampoco significa que la Universidad haya concluido que todos los aspirantes seleccionados hicieron trampa. Por el contrario, el mecanismo parte de la necesidad de verificar los resultados sin castigar de manera generalizada a quienes cumplieron con las reglas.
La UNAM busca así cerrar una crisis que comenzó con resultados considerados atípicos y que posteriormente confirmó la existencia de conductas contrarias a la convocatoria.
El examen de control presencial será, en consecuencia, la prueba definitiva para determinar quiénes podrán ocupar los lugares de ingreso a licenciatura para el ciclo 2026-2027. La nueva evaluación no sólo tendrá que medir conocimientos: tendrá la responsabilidad de recuperar la confianza en un proceso que puso a prueba los mecanismos tecnológicos de admisión de la máxima casa de estudios.
La experiencia deja también una lección para la propia Universidad. La digitalización de los concursos de selección puede ampliar el acceso y facilitar la participación de miles de jóvenes, pero cuando están en juego miles de lugares universitarios, la tecnología debe acompañarse de controles capaces de garantizar que todos compitan bajo las mismas condiciones.
Por ahora, la UNAM no ha optado por borrar de manera general el concurso ni por castigar colectivamente a los aspirantes. Su salida consiste en verificar presencialmente los resultados de quienes están en la disputa efectiva por los lugares y utilizar ese desempeño para definir la asignación definitiva.


