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/ Yamiri Rodríguez Madrid/
Es cierto que cada quien puede hacer de su vida un papalote, pero eso de los Therians debe movernos a la reflexión colectiva sobre la necesidad de atención a nuestros niños y jóvenes.
Lo que empezó en las redes sociales ha llegado ya hasta localidades pequeñitas en Veracruz, por lo que todas, todes y todos esos que se identifican con algún animal, van a celebrar su primera convención este fin de semana en Córdoba y hasta en Pacho Nuevo, en Coatepec.
Si usted, como yo, no sabía cuál es la diferencia entre un furro y un therian –he de confesar que me entere de la existencia de ambos esta misma semana-, los primeros son más una afición, una subcultura centrada en arte, personajes antropomorfos, en juegos de roles, mientras que los therians son personas que se identifican interna y de forma no física (psicológica y/o espiritual) con un animal no humano. No significa que crea que su cuerpo cambie -como los nahuales-; más bien es una vivencia de identidad que algunas personas expresan con conductas o símbolos, por ejemplo, moverse como su animal, usar máscara/cola, etc.
De ahí que veamos estos videos donde uno de ellos que se cree perro mordió a una niña, u otro con un cuadro gripal, fue a la veterinaria alegando que tenía moquillo. Hay los que se creen peces, lagartos, conejos, caimanes y vaya usted a saber qué más. Pero lejos de causarnos risa, insisto, debe hacernos preguntar a quienes somos padres, maestros, psicólogos y demás, qué debimos hacer para llegar a estos puntos. Vestirse de perro da igual si se tiene la autoestima alta y no le importa el escarnio, pero morder a otra persona ya es algo grave. ¿Es falta de atención o qué falló?
Dicen los que organizan estos encuentros que representan una oportunidad de visibilidad y comunidad en el espacio físico; el deporte, el baile, el canto y otras disciplinas también lo son. Por eso insisto, más allá del morbo, del escarnio o de una moda, debemos analizar qué es lo que estos jóvenes nos quieren decir.
@YamiriRodriguez













