VERACRUZ RESPALDA 100 DÍAS DE TRANSFORMACIÓN; ENTRE CALOR, CIFRAS Y CERCANÍA, ROSA MARÍA RINDE CUENTAS

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/ Pablo Jair Ortega /

Hace calor. De esos días en los que el sol cae a plomo sobre el puerto y no da tregua. Pero no es solo el calor del clima. Es el calor del pueblo de Veracruz que llegó, sin acarreo, sin protocolo rígido, a reunirse en el parque Malibrán para presenciar los primeros 100 días de la transformación.

Un evento distinto desde su esencia.

Porque en esta ciudad, acostumbrada durante décadas a gobiernos de élite, de apellidos y privilegios, lo que se vio este jueves fue otra cosa: una alcaldesa rindiendo cuentas de frente, en territorio, en una colonia popular, entre la gente que históricamente fue ignorada.

Vecinos de Amapolas I y II comenzaron a llegar desde temprano. Algunos con sombrilla, otros buscando la poca sombra que ofrecían los árboles. Pero todos con algo en común: curiosidad, expectativa… y en muchos casos, reconocimiento.

“Sí está trabajando”, se escuchaba entre murmullos.

Y es que no es menor. Veracruz venía de una inercia donde el gobierno se sentía lejano. Donde las decisiones se tomaban en oficinas con aire acondicionado y los informes se daban en salones cerrados. Hoy, la escena es otra: una presidenta municipal que camina colonias, que encabeza jornadas, que acumula más de 12 mil solicitudes atendidas personalmente en apenas tres meses.

Rosa María Hernández Espejo apareció con vestido blanco. Sencilla, pero firme. Apenas tomó el micrófono, comenzaron los gritos: “¡Presidenta, presidenta!”. No fue un acto ensayado. Fue espontáneo.

Se le notaba emocionada. Por momentos, incluso, con la voz al borde de quebrarse.

“El pueblo está en el lado correcto de la historia… no se equivocó”, dijo.

Y ahí conectó.

Su mensaje no fue solo político. Fue también personal. Porque su historia —hija de una madre soltera, formada desde abajo— contrasta con la de quienes gobernaron antes.

“Puros juniors”, dirían muchos después entre la gente.

Pero más allá del origen, lo que sostuvo el evento fueron los datos.

Pasar de 500 a más de 800 toneladas diarias de basura recolectada. Aumentar de 79 a 120 rutas. Lograr que colonias que nunca habían sido atendidas hoy tengan servicio diario. Son cifras que no necesitan mucha explicación cuando la calle empieza a verse distinta.

El aplauso creció cuando habló de los baches: más de 72 mil atendidos, superando la meta inicial en más de 10%, apenas en abril. La comparación fue inevitable: en la administración pasada se pavimentaron 25 calles; este año serán 70.

Ahí el mensaje fue claro: esto va en serio.

También hubo anuncios. La descacharrización ahora será dos veces por semana —jueves y sábado— con una meta ambiciosa: llegar a las más de 380 colonias del municipio. La gente asintió. Sabe lo que significa eso en temporada de calor.

Pero uno de los momentos más fuertes llegó con el tema del alumbrado: la alcaldesa habló de la requisa del servicio, de contratos leoninos heredados, de pagos mensuales de 16 millones de pesos durante años. Y entonces soltó el anuncio: 5 mil lámparas nuevas para colonias populares.

Aplausos.

Porque en Veracruz, la luz no es solo luz: es seguridad.

Luego vino el tema del agua. Más delicado. Más sensible. Denuncias directas contra Grupo MAS, auditorías en puerta, respaldo de asociaciones civiles.

“Que se escuche fuerte y lejos: el agua es un derecho, no una mercancía”, lanzó.

Ahí ya no hubo solo aplausos. Hubo respaldo.

En contraste, el tono cambió cuando habló del Carnaval. Más ligero, más festivo. Fueron 1.2 millones de asistentes y más de 700 millones de pesos de derrama económica. Veracruz —dijo— vuelve a moverse.

Y la gente lo sabe.

Pero quizá lo más simbólico del evento no fue el discurso.

Fue lo que vino después.

Sin pausa, sin retirarse, la alcaldesa bajó del templete para continuar con el “Jueves en tu colonia”. Mesas instaladas, funcionarios atendiendo, vecinos acercándose con papeles, solicitudes, problemas.

Ahí estaba el verdadero informe.

No en las cifras, sino en la dinámica: escuchar, atender, resolver.

En medio del calor, del bullicio, de la cercanía, quedó la sensación de que algo sí está cambiando en Veracruz. Que hay un estilo distinto, una narrativa que conecta, pero sobre todo, una operación que empieza a dar resultados.

“Esto sí es diferente”, decía una señora al salir.

Y quizá esa sea la frase que mejor resume la tarde.

Porque más allá de discursos, lo que se vio en Malibrán fue un gobierno intentando, con aciertos visibles, reconstruir la relación más importante de todas: la del poder con su gente.