*Los deepfakes sexuales pueden dañar la vida personal, social y profesional de las mujeres, aunque las imágenes nunca hayan correspondido a hechos reales.
/ Escrito por Georgina Monroy Vázquez /
02.11.2026 /CimacNoticias.com/ Una imagen compartida en redes sociales puede convertirse en contenido íntimo que nunca existió. Para ello, no es necesario que la persona retratada haya participado ni autorizado su creación: basta con que alguien utilice herramientas de inteligencia artificial (IA) para fabricar imágenes sexuales falsas. Aunque el contenido sea manipulado, la violencia y sus consecuencias son reales.
Los llamados deepfakes son imágenes, audios o videos creados o alterados mediante inteligencia artificial para representar situaciones que no ocurrieron. Cuando estas herramientas se utilizan para generar contenido sexual de mujeres sin su consentimiento, se convierten en un instrumento de violencia digital que vulnera su privacidad, intimidad y autonomía.
La facilidad para producir y difundir estas imágenes ha convertido el fenómeno en un problema que va más allá de la tecnología. El debate también involucra el derecho de las mujeres a decidir sobre su propia imagen y a establecer límites que deben respetarse tanto dentro como fuera de internet.
De acuerdo con información difundida por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), entre 90 y 95 por ciento de los deepfakes que circulan en línea corresponden a imágenes pornográficas no consentidas y alrededor de 90 por ciento de estas representan a mujeres. Los datos, retomados de investigaciones de Sensity AI, evidencian la dimensión de género de esta forma de violencia digital.
En México, los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) también muestran el impacto diferenciado del ciberacoso. De acuerdo con los resultados del Módulo sobre Ciberacoso (MOCIBA) 2024, 22.2 por ciento de las mujeres usuarias de internet de 12 años o más experimentó alguna situación de ciberacoso. Entre quienes fueron víctimas, 34.5 por ciento manifestó haber sentido miedo.
Aunque el ciberacoso comprende distintas formas de agresión y no exclusivamente la creación de imágenes mediante IA, estas cifras permiten dimensionar el contexto de violencia al que se enfrentan las mujeres en los entornos digitales.
Detrás de estos datos hay niñas y mujeres que pueden experimentar exposición, acoso e intimidación. La creación y difusión de imágenes íntimas sin consentimiento puede afectar sus relaciones personales, su vida social y profesional, además de restringir su libertad para participar en espacios digitales sin temor a que su imagen sea utilizada para agredirlas.
El consentimiento también debe respetarse en internet
“Que una imagen haya sido creada con inteligencia artificial no significa que el daño sea artificial o menos real. El consentimiento también es digital y no desaparece cuando entramos a internet. Una fotografía pública no es una autorización para utilizarla de forma violenta y, mucho menos, para crear contenido sexual. Todas y todos tenemos derecho a decidir cómo se utiliza nuestra imagen, dentro y fuera de las pantallas”, explicó Angie Contreras, vocera de Mujeres Vivas, Mujeres Libres.
La respuesta frente a estas agresiones no puede consistir en restringir la libertad de las mujeres ni en responsabilizarlas por las fotografías que publican. El problema está en quienes utilizan herramientas digitales para crear, difundir o comercializar contenido sexual sin consentimiento, así como en quienes lo emplean para amenazar, humillar o ridiculizar a las personas representadas.
También corresponde a las plataformas digitales establecer mecanismos efectivos para prevenir y atender estas agresiones, responder ante la difusión de contenido íntimo no consentido y evitar que sus herramientas se utilicen para vulnerar los derechos de las mujeres. A su vez, las instituciones deben garantizar vías accesibles de denuncia y protección.
Lo que está en juego no es solamente la privacidad, sino también la autonomía de las mujeres: su libertad para decidir sobre su cuerpo, su intimidad y su imagen, establecer límites y exigir que sean respetados en los espacios digitales.
“Nos han enseñado a tener cuidado con lo que compartimos, con lo que publicamos y hasta con las fotografías que nos tomamos. Pero ¿por qué la responsabilidad siempre termina recayendo en nosotras? No deberíamos tener que limitar nuestra libertad para evitar que alguien más vulnere nuestros derechos. El consentimiento también significa que nuestras decisiones y nuestros límites sean respetados”, señaló Lizeth Mejorada, portavoz de Mujeres Vivas, Mujeres Libres.
Prevenir la violencia digital sin limitar la libertad de las mujeres
Enfrentar la violencia digital requiere medidas concretas: información accesible, mecanismos efectivos de prevención y protección, herramientas para denunciar y responsabilidades claras para quienes desarrollan, ofrecen y utilizan estas tecnologías.
La creación de imágenes sexuales falsas sin consentimiento no deja de ser una agresión porque el contenido no corresponda a un hecho real. Su impacto depende también de la exposición, el hostigamiento y el uso que otras personas hagan de esas imágenes.
La inteligencia artificial puede fabricar imágenes, pero no consentimiento. Que algo pueda crearse no significa que exista el derecho a hacerlo.

