Vueltas y Re-Vueltas I. Crónicas viajeras en el viejo continente

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/Sandra Petrovich /

Llegamos a Bruselas después de ocho años de nuestro último viaje con el mayor deseo de encontramos con los afectos y de librarnos a un viaje que nos iría dibujando nuestras trayectorias.

Muchas cosas han cambiado, entre ellas un notorio deterioro en las condiciones de vida de buena parte de su población. El control casi absoluto sobre las personas; todo está digitalizado y coordinado. El dinero en efectivo va desapareciendo, el costo de vida es altísimo, tanto que coloca el tema de la vivienda en un punto crítico; la consecuencia de esto es que la gente va adoptando otras formas de alojarse; casas en copropiedad o alquileres compartidos, comunidades o casas ocupadas.

Las bicicletas poblaron las calles de Bruselas, el coste del transporte y las dificultades en la circulación en las ciudades son las causas determinantes en este fenómeno. No solo hemos visto estas cosas desplegarse ante nuestras miradas, también vimos una ciudad como Bruselas con muchos desechos en las calles; se diría que ni un ordenado sistema de clasificación de los desechos soluciona el tema de la gestión de la basura, que más allá de todo es un fenómeno que está ligado a un desenfrenado consumismo.

Pero lo que más nos ha impactado es la gran cantidad de gente pidiendo para comer, durmiendo en la vía pública, sin trabajo sin techo ni derechos. En efecto el gobierno belga ha realizado una reducción de decenas de millones de euros en el presupuesto para liquidar así el gasto social del estado multiplicando a la vez el gasto en Defensa Nacional. La burguesía amparada en el estado se radicaliza y pasa a la ofensiva general: limita el derecho al seguro de paro, aumento en la edad jubilatoria, retorno al trabajo para quienes padecen de enfermedades de largo tiempo, supresión del pago de horas extras y del trabajo nocturno, suspensión del aumento salarial, cierre de fronteras para la migración y desfinanciamiento al sector asociativo. Todas estas medidas marcan una ruptura en las conquistas obreras de más de 40 años, tocando un extendido tejido social de sectores tales como: trabajadores, estudiantes, jóvenes nacionales y migrantes, clases populares, sectores de pequeños productores agrícolas, mujeres y minorías disidentes.

Los primeros rumores de austeridad aparecieron durante las negociaciones gubernamentales de fines del 2024; los sindicatos estuvieron ahí para contener la oposición popular. En ese contexto los sindicatos fueron largamente superados por sus bases, multiplicándose las huelgas generales y manifestaciones, hasta alcanzar en febrero 2025 los 100 000 manifestantes. La cólera va en aumento y a pesar de que los sindicatos tratan de apagar el fuego multiplicando una serie de paros cortos y marchas ordenadas, el desborde popular llega y se manifiesta. Después de múltiples huelgas sectoriales de los inicios del 2026 más de 100.000 personas respondieron a un llamado de manifestación nacional el 12 de marzo, donde ni las tentativas de encuadre ordenado de los sindicatos ni la represión policial pudieron contener el deseo de no aceptar pasivamente la degradación de las condiciones de vida.

Pegado a este conflicto y a nuestro regreso el Parlamento Europeo adopta a fines de junio 2026, por unanimidad la deportación masiva de migrantes sin papeles hacia cárceles fuera del espacio europeo. Afganistán será el primer espacio de los deportados, para ello la Unión Europea firmó un acuerdo con los Talibanes.

En medio de lo que no dudamos de calificar como desastre social, fuimos recorriendo barrios, casas, amigos, compañeros nuevos y viejos, colmados de abrazos y de momentos de alegre compartir experiencias y afectos.

En la próxima columna del mes de agosto abordaremos el conflicto en la enseñanza durante nuestra estadía. Un conflicto que sale del molde, que atraviesa la sociedad toda y que actúa como un revelador mostrando las contradicciones más crudas de las democracias devenidas en sistemas de depredación de la vida de la gente y de la tierra.