Yo ya no me pertenezco

Ángeles Mastretta

Oigo en Milenio una estremecedora declaración de Claudia Sheinbaum. Va en un auto y quien le pregunta sostiene el teléfono cerca de la boca de esta otra voz de una religión en la que, sin duda más, de la mitad de los habitantes del país no rezan. “Yo ya no me pertenezco”, “ahora represento una esperanza”, “no tengo derecho a equivocarme”, “no tengo derecho ni a enfermarme”, “las decisiones que tomo tienen consecuencias para el pueblo de México”.

Si no asustara, conmovería. Son las declaraciones de alguien que en algún momento agrega que ella nunca quitará los pies de la tierra. Sin embargo, son las de alguien que ya vuela en un cielo según ella promisorio y claro, pero según muchos otros, lleno de catástrofes no precisamente silenciosas.

¿Cómo de que ya no se pertenece? ¿Quién quiere ser gobernado por una persona que ya no se pertenece? ¿Qué locura es ésa? Antes decían eso las monjas y luego se encerraban a repetir mantras y jaculatorias el resto de sus días. No a dirigir ni un coro.

Por favor, Claudia Sheinbaum es una mujer que pretende gobernar el país. ¿Fuera de sí? Dado que ya no se pertenece. Muy peligroso. ¿No puede ni enfermarse? ¿Quién quiere creer eso? ¿Nunca le duele el estómago? ¿Jamás la cabeza? ¿Estornuda? ¿Nunca le da otra fiebre que no sea la de su militancia en una “lucha que viene de muy lejos”? ¿Qué tan lejos? Porque a veces les da por arrancar en los aztecas. ¿Qué tipo de hada se ha parado en su cabeza? Además de López Obrador, que debería tener con su propia locura, pero la comparte, ¿quién más ayuda al alma de esta mujer que se siente la representación de una esperanza? ¿También creerá que puede representar la fe y la caridad, para así tener las tres virtudes teologales? Quienes supimos de otro catequismo, podríamos decir que lo que necesitan son las cuatro cardinales: fortaleza, justicia, prudencia y templanza.

Cuánta barbaridad hay que oírles a estos dioses de sí mismos que al mismo tiempo no se pertenecen a sí mismos. Porque hay que oírselas, son la parte más ruidosa y abusiva de la boruca diaria.

Como si no estuviera sometida al tremendo martirio que significan sus declaraciones, tampoco tiene derecho a equivocarse. Pero sí se equivoca, porque vive tomándose el derecho. ¿Quién no? Por eso nos recuerda que es humana, para que perdonemos la violación de su no derecho. Y en donde las cosas acaban de complicarse es en eso de que las decisiones que toma tienen consecuencias para el pueblo de México. Pobre criatura. Todavía no preside más silla que la de su automóvil y ya toda decisión suya incide en esa entelequia prodigiosa y llena de enigmas que es el pueblo de México. No todavía. Faltan las elecciones que coordinará el INE, según creemos. Puede ganar, de momento las encuestas ciertas y falsas la tienen arriba. Pero ahora mismo, lo que decide no le cambia la vida a ningún pueblo que no sea el que visita la mañana en que pasa por ahí. Entonces sí: serpentinas y confeti. Pero al día siguiente, ¿qué desayuna? ¿Qué modista le hace la ropa tramada con detalles de textiles artesanales? ¿Con quién cena? ¿Qué declara? Eso no le cambia la vida a nadie. Menos aún, lo que declara, que no es sino la confirmación de cuánto le fascina el trato que el gobierno le da al mentado y bien aprovechado pueblo de México.

Música para hoy: Ennio Morricone. Yo Yo Ma. “La leyenda de 1900”

Canción para hoy: “Esta boca es mía”. Joaquín Sabina

Cita para hoy, de Vicente Huidobro: “Altazor ¿Qué ángel malo se paró en la puerta de tu sonrisa / Con la espada en la mano?”

Recomendación: sopa de fideo y siete horas de sueño.

Ejercicio para hoy: elegir una virtud cardinal y practicarla. Elijan ustedes: fortaleza, justicia, prudencia y templanza.

*Ángeles Mastretta
Escritora. Autora de Yo misma. Antología, El viento de las horas, La emoción de las cosas, Maridos, Mal de amores y Mujeres de ojos grandes, entre otros títulos

Publicada en NEXOS