*
02.10.2026., Defensoras de Derechos Humanos .- Desde la Red Nacional de Defensoras de Derechos Humanos en México recordamos este 2 de octubre como una fecha que forma parte de la memoria colectiva de nuestro país.
Recordamos a las y los estudiantes que participaron en el movimiento estudiantil de 1968 y, de manera especial, a las mujeres que fueron parte activa de este proceso y cuya participación durante mucho tiempo quedó en segundo plano.
Estudiantes, maestras, trabajadoras y jóvenes participaron en las asambleas, brigadas, elaboración y distribución de volantes, impresión de materiales, organización de reuniones y en las tareas cotidianas que hicieron posible que el movimiento se sostuviera.
Algunas fueron integrantes del Consejo Nacional de Huelga; otras participaron desde sus escuelas, comunidades y espacios de trabajo. También estuvieron en Tlatelolco y enfrentaron la represión. Algunas fueron detenidas y encarceladas.
Fueron las madres, hermanas, esposas y familiares quienes, después del 2 de octubre, recorrieron hospitales, cárceles y distintos espacios en búsqueda de sus seres queridos. Preguntaron por las personas detenidas y exigieron información sobre quienes habían sido asesinados o permanecían desaparecidos. Días antes de la masacre, miles de mujeres —madres, hermanas, oficinistas, maestras y estudiantes— ya habían marchado para exigir la libertad de las y los estudiantes presos.
Entre ellas Ana Ignacia Rodríguez, Roberta Avendaño, Myrthokleia González y María Eugenia Espinosa fueron protagonistas del movimiento estudiantil de 1968 en México, integrantes del Consejo Nacional de Huelga, perseguidas y encarceladas por su activismo, y referentes de la participación femenina en la lucha por libertades democráticas.
Ana Ignacia Rodríguez, conocida como “La Nacha”, fue delegada del Consejo Nacional de Huelga (CNH) y una de las voces más visibles del movimiento. Tras la masacre de Tlatelolco fue detenida, encarcelada y sometida a tortura psicológica. Durante años insistió en que la historia había invisibilizado a las mujeres del 68, reivindicando a las brigadistas y activistas que, sin reconocimiento público, sostuvieron la movilización.
Roberta Avendaño, llamada “La Tita”, también fue delegada del CNH y líder estudiantil. Sobrevivió a la represión del 2 de octubre y fue encarcelada en Lecumberri y Santa Martha Acatitla. Su papel fue clave para abrir espacios de participación política femenina en un contexto dominado por figuras masculinas.
Myrthokleia González, estudiante del Instituto Politécnico Nacional, fungía como maestra de ceremonias en el mitin de Tlatelolco cuando resultó herida de bala en la mano. Fue detenida e interrogada durante varios días, hasta que logró escapar con ayuda de una enfermera. Su testimonio refleja la resistencia de las mujeres que se negaron a quedar relegadas a tareas secundarias y exigieron voz en la organización del movimiento.
María Eugenia Espinosa, estudiante de Historia y maestra normalista, se integró al CNH mientras continuaba con su labor docente. Participó en asambleas y años después contribuyó a la fundación del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) Vallejo, además de impulsar la formación de docentes en telesecundarias de Veracruz. Su trayectoria muestra cómo el 68 marcó una vida dedicada a la educación y al activismo social.
Estas mujeres enfrentaron represión, cárcel y violencia, pero también abrieron camino para la segunda ola del feminismo mexicano y para la participación política de las mujeres en movimientos posteriores. Su legado es inseparable de la memoria del 68, un episodio que reveló la desigualdad y la falta de libertades, pero también la capacidad de organización y resistencia de la sociedad mexicana.
Sus voces y acciones forman parte de la historia de la exigencia de verdad y justicia en México.
La participación de las mujeres no estuvo únicamente en las grandes movilizaciones: estuvo en los cuidados, la organización, la búsqueda, la documentación, la transmisión de la memoria y la persistencia de quienes se negaron a que lo ocurrido fuera olvidado.
Reconocer estas historias es también una forma de hacer justicia a la memoria de las mujeres que participaron en el movimiento estudiantil de 1968 y reconocer cómo sus experiencias contribuyeron a abrir caminos para la participación de las mujeres en la vida pública y en la defensa de los derechos humanos.
Desde la Red Nacional de Defensoras de Derechos Humanos en México reconocemos y honramos estas memorias de mujeres que, desde distintos lugares y posibilidades, sostuvieron la vida, la organización y la búsqueda de justicia.
Recuperar sus voces es parte de nuestra tarea como defensoras: mirar la historia desde una perspectiva feminista, reconocer a quienes fueron invisibilizadas y mantener viva una memoria construida también por mujeres.
Porque recordar también es reconocerlas, nombrarlas y dar lugar a sus historias.

