Bitcoin: ¿la moneda del futuro

/ Lucía Buenrostro /

En los últimos meses se ha hablado mucho de las criptomonedas, especialmente del bitcoin, que si los precios son una burbuja o que si, como el oro, las criptomonedas son un instrumento financiero para acumular valor.

Pero, ¿qué es el bitcoin? Es un intento de crear una moneda digital descentralizada la cual, como cualquier otra moneda, tiene que ser escasa y tener el acuerdo universal de que es algo con lo que se pueden hacer transacciones.

La forma en que el bitcoin descentraliza la creación de la moneda y el control de las transacciones para las cuales se va usar, es permitiendo a un grupo de entidades crear unidades monetarias (bitcoins) y determinar si las transacciones para las cuales son usadas son válidas, es decir si tienen los suficientes fondos.

De forma general, una criptomoneda está formada por dos componentes principales: el algoritmo de Prueba de Trabajo o PoW (Proof of Work) y, la estructura llamada Blockchain.

¿Para qué sirve cada elemento?

El algoritmo PoW plantea un problema matemático que toma tiempo resolver y de la solución depende la creación de bitcoins. Cuando aumenta el poder de procesamiento destinado a resolver el PoW se aumenta automáticamente la dificultad del problema, esto mantiene la producción de bitcoins casi constante en el tiempo. Además, por diseño, la producción de bitcoins está topada a 21 millones de monedas, creando la escasez requerida.

Los mineros, máquinas dedicadas a resolver el problema planteado por el PoW a cambio de bitcoins, necesitan potencia de cálculo para encontrar la solución antes que los demás participantes; esto les da el derecho a crear bitcoins. También son los que mantienen los registros de creación y de las transacciones con bitcoins.

El Blockchain es una base de datos donde se almacenan todos los registros de las operaciones hechas con la criptomoneda es decir: la creación de un bitcoin, a quien le pertenece y las operaciones de compra venta de fracciones de bitcoin. La gracia de esta base de datos consiste en que los registros que modifican un bitcoin contienen un resumen digital muy difícil de alterar del registro anterior, lo cual hace computacionalmente muy demandante que se puedan modificar registros anteriores y permite que se puedan generar múltiples copias de la base de datos. Al realizar una transacción todas las copias son actualizadas haciendo casi imposible realizar registros de fondos fraudulentos porque se tendrían que actualizar todas las copias de la base de datos.

El poder de procesamiento de la red bitcoin usa enormes cantidades de energía, tanto que mineros profesionales están congregados en localidades físicas, como Sichuan, en China, donde la electricidad es barata. La cantidad de electricidad por año que usa la red bitcoin es casi la misma que usa Holanda, si la red bitcoin fuera un país estaría en lugar 33 de acuerdo a su consumo de electricidad.

Actualmente el uso más popular de las criptomonedas es especulativo, seguido del uso en el tráfico de drogas y pagos de rescates por secuestro de datos (ransomware). Como ha sido expresado tanto por Christine Lagarde del Banco Central Europeo y Andrew Bailey, Gobernador del Banco de Inglaterra, el bitcoin es un activo altamente especulativo y todavía no existe una criptomoneda que pueda ser usada como medio de pago generalizado. Desde el punto de vista energético, crear bitcoins consumirá todavía más energía al incrementar la competencia entre los mineros ¿Será que a las nuevas generaciones no les importe usar el bitcoin sabiendo que consume energía absurdamente y que su soporte es totalmente especulativo?

lucia.buenrostro@gmail.com

Columna invitada
Lucía Buenrostro es Maestra en Economía por El Colegio de México y Maestra en Matemáticas y Finanzas por el Imperial College (Reino Unido). Es Doctora en Economía por la Universidad de Warwick (Reino Unido). Ha desempeñado labores de docencia e investigación en la UNAM, en la Universidad de Warwick y en la Universidad de Oxford.

Cuenta con una amplia y sólida trayectoria en el sistema financiero internacional donde laboró por casi 15 años en Londres como responsable de áreas de administración de riesgos en la banca de inversión.

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