A casi dos semanas de terremotos en Venezuela sigue encontrando sobrevivientes entre los escombros

* Las cifras oficiales de muertos supera 3 mil 600.

07.07.2026 Venezuela.- Después de casi dos semanas de que dos poderosos terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 sacudieran el norte de Venezuela, la tragedia continúa escribiendo historias de dolor, esperanza y resistencia.

Aunque numerosas brigadas internacionales de rescate comenzaron a retirarse tras concluir sus periodos operativos, los equipos venezolanos de voluntarios y algunos especialistas extranjeros que permanecen en las zonas más devastadas siguen protagonizando hallazgos que parecían imposibles: personas rescatadas con vida después de casi dos semanas sepultadas bajo montañas de concreto y acero.

El balance oficial de víctimas continúa aumentando conforme avanzan las labores de remoción de escombros. De acuerdo con las autoridades venezolanas, el número de fallecidos ascendió este martes a 3 mil 685 personas, mientras que más de 16 mil 700 resultaron heridas y alrededor de 18 mil permanecen desplazadas tras perder sus viviendas.

La catástrofe comenzó el pasado 24 de junio, cuando dos terremotos consecutivos estremecieron la costa central venezolana con apenas segundos de diferencia. Las sacudidas provocaron el colapso de edificios, hospitales, escuelas, hoteles, centros comerciales y miles de viviendas en Caracas, La Guaira y otras localidades del litoral central, convirtiéndose en el desastre natural más devastador registrado en Venezuela en más de dos siglos.

Desde entonces, miles de rescatistas provenientes de decenas de países llegaron al país sudamericano con perros especializados, cámaras térmicas, equipos de perforación y tecnología para localizar sobrevivientes. Entre ellos participaron brigadas de México, España, Italia, Suiza, Francia, Colombia, Brasil, Chile y Estados Unidos, además de organismos de Naciones Unidas y de la Organización Panamericana de la Salud.

Con el paso de los días, la probabilidad de encontrar personas con vida disminuyó considerablemente y muchas delegaciones internacionales comenzaron su retorno tras concluir las misiones para las que fueron desplegadas. Sin embargo, el retiro de estos equipos no significó el fin de las labores de búsqueda. Decenas de bomberos venezolanos, voluntarios, militares, familiares de desaparecidos y grupos especializados continúan trabajando entre los restos de edificios colapsados, impulsados por la esperanza de localizar más sobrevivientes.

Esa esperanza volvió a materializarse con varios rescates considerados milagrosos. Uno de los casos más conmovedores fue el de Hernán Alberto Gil Flores, quien permaneció atrapado durante ocho días bajo los escombros de un centro comercial antes de ser localizado por una operación conjunta en la que participaron más de un centenar de especialistas de diez países. Su rescate se convirtió en un símbolo de resistencia y renovó el ánimo de quienes continúan buscando a familiares desaparecidos.

O el caso de la heroína, madre Venezolana que mantuvo vivos a sus 3 hijos alimentandolos con leche materna durante 12 días. Fueron rescatados con vida del edificio OPP en La Guaira, Venezuela. Considerado un milagro.

Las autoridades no han precisado cuántas personas permanecen oficialmente desaparecidas. Mientras el Gobierno mantiene que aún existen cientos de personas cuyo paradero no ha sido establecido, plataformas ciudadanas y organizaciones civiles que recopilan reportes de familiares estiman que la cifra de personas sin localizar podría rondar las 50 mil, debido a la complejidad para registrar a quienes quedaron incomunicados o perdieron contacto con sus familias tras el desastre.

La emergencia humanitaria también se ha desplazado hacia los refugios temporales. Miles de familias viven en escuelas, gimnasios, parques y campamentos improvisados, donde organizaciones internacionales han advertido sobre riesgos crecientes por la falta de agua potable, medicamentos, saneamiento y atención médica, además de la posibilidad de brotes de enfermedades infecciosas derivados del hacinamiento.

En paralelo, los trabajos de recuperación han dado paso a escenas de profundo dolor. En cementerios de La Guaira continúan las inhumaciones masivas de víctimas, muchas de ellas aún sin identificar. Voluntarios han asumido tareas de sepultura ante la magnitud de la tragedia, mientras familiares recorren hospitales, morgues y refugios con la esperanza de encontrar noticias de sus seres queridos.

La devastación también ha abierto un intenso debate político. Sectores de la oposición y organizaciones humanitarias han cuestionado la respuesta inicial del Gobierno venezolano, al considerar que fue insuficiente frente a la magnitud del desastre. Las autoridades, por su parte, defienden que desplegaron decenas de miles de efectivos civiles y militares y sostienen que la cooperación internacional ha permitido acelerar las tareas de rescate y asistencia.

A casi dos semanas del doble terremoto, Venezuela continúa viviendo entre el duelo y la esperanza. Mientras la mayoría de las brigadas internacionales regresan a sus países tras concluir sus operaciones, quienes permanecen en las zonas siniestradas se resisten a abandonar la búsqueda. Cada bloque de concreto removido representa la posibilidad de encontrar otra vida, aunque también el riesgo de sumar un nuevo nombre a una tragedia que ya ha dejado miles de muertos y que permanecerá como uno de los episodios más dolorosos de la historia reciente del país.