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20.09.2026 México.- La enfermedad de Alzheimer representa uno de los principales problemas asociados al envejecimiento de la población mexicana y sus efectos tienen una dimensión diferenciada por sexo. Las mujeres concentran una mayor prevalencia de demencia que los hombres en distintos estudios realizados en México y también registran una mayor carga de mortalidad y discapacidad asociada con la enfermedad de Alzheimer y otras demencias.
La Secretaría de Salud estima que alrededor de 1.3 millones de personas viven actualmente con Alzheimer en México, aunque reconoce que la cifra puede ser mayor debido a casos que no llegan a recibir un diagnóstico. La dependencia ha señalado además que el envejecimiento constituye el principal factor de riesgo y que los problemas de memoria no deben considerarse automáticamente como una consecuencia normal de la edad.
El panorama adquiere una dimensión particular cuando se observa desde la perspectiva de género.
Un estudio nacional sobre prevalencia de demencias encontró que la frecuencia de estos padecimientos es mayor entre las mujeres. La investigación Study on Aging and Dementia in Mexico, conocida como SADEM, estimó una prevalencia de demencia de 15.3 por ciento entre las mujeres y de 12.5 por ciento entre los hombres de la población estudiada de 60 años y más. En ese mismo estudio, la enfermedad de Alzheimer fue el principal subtipo identificado, con una prevalencia estimada de 7.8 por ciento en la población analizada.
Otro análisis, publicado en 2024 a partir de una revisión sistemática y metaanálisis de estudios realizados en México, calculó una prevalencia global de demencia de alrededor de 10 por ciento entre las personas mayores estudiadas. Cuando los resultados se desagregaron por sexo, la prevalencia estimada fue de 14 por ciento entre las mujeres y de 10 por ciento entre los hombres. Los autores advierten que las estimaciones varían entre investigaciones debido a las características de las poblaciones estudiadas y a las metodologías empleadas.
Estos datos se refieren principalmente a prevalencia y no significan que cada año las mujeres desarrollen Alzheimer en una proporción exactamente determinada respecto de los hombres. La incidencia mide los casos nuevos registrados durante un periodo, mientras que la prevalencia incluye a quienes ya viven con el padecimiento. La diferencia es relevante porque las mujeres tienen una mayor esperanza de vida y el riesgo de demencia aumenta de manera marcada conforme avanza la edad.
Un estudio realizado con información de la Encuesta Mexicana de Salud y Envejecimiento estimó una incidencia de demencia de 27.3 casos por cada mil personas-año en la población estudiada. La investigación encontró que la incidencia aumentaba con la edad y que factores como hipertensión, diabetes y depresión estaban asociados con un mayor riesgo de demencia.
La edad es uno de los elementos centrales para entender la diferencia observada entre mujeres y hombres. El Alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa cuya frecuencia aumenta considerablemente en las edades avanzadas. Debido a que las mujeres viven, en promedio, más años que los hombres, existe una mayor cantidad de mujeres que alcanza las edades en las que el riesgo de desarrollar demencia es más elevado.
Sin embargo, la diferencia no se explica únicamente por la longevidad. La investigación internacional ha encontrado que las mujeres presentan una mayor prevalencia de enfermedad de Alzheimer en numerosos grupos de edad, aunque las diferencias en incidencia no son iguales en todas las edades ni en todas las poblaciones. Un metaanálisis internacional que reunió 205 estudios de 43 países concluyó que no había diferencias significativas por sexo en la incidencia de demencia o Alzheimer en la mayoría de los grupos etarios, pero encontró una mayor prevalencia de Alzheimer entre mujeres en buena parte de las edades estudiadas y diferencias de incidencia entre personas de 90 años o más.
En México, las investigaciones más recientes también muestran que el impacto de las demencias se ha incrementado durante las últimas décadas.
Un análisis del Global Burden of Disease que estudió la evolución de Alzheimer y otras demencias en México entre 1990 y 2019 encontró que la prevalencia y la incidencia aumentaron alrededor de 203 por ciento durante ese periodo. Para 2019, la tasa estandarizada por edad de prevalencia fue de 512 casos por cada 100 mil habitantes y la de incidencia de 79.3 por cada 100 mil. El estudio identificó además que Ciudad de México, Estado de México, Veracruz, Jalisco y Puebla concentraban 39 por ciento de los casos de Alzheimer y otras demencias.
Una actualización publicada en 2026 amplió el análisis hasta 2023. El estudio señala que el número total de casos de Alzheimer y otras demencias continuó aumentando en México entre 1990 y 2023, aunque las tasas estandarizadas por edad de prevalencia e incidencia mostraron descensos significativos durante parte del periodo. El análisis encontró de manera consistente una mayor mortalidad y discapacidad entre las mujeres; las tasas estandarizadas de años de vida ajustados por discapacidad fueron 1.28 veces mayores en mujeres que en hombres.
El mismo estudio ubicó la mayor carga en las personas de 85 años y más y señaló un incremento de las tasas de años de vida ajustados por discapacidad entre 2020 y 2023. Los investigadores relacionaron este comportamiento con un conjunto de factores que requieren mayor investigación, entre ellos el exceso de mortalidad, las interrupciones en la atención médica, el aislamiento social y las alteraciones en los cuidados de largo plazo durante la pandemia de COVID-19.
La mortalidad constituye otro indicador de la desigualdad por sexo. Un estudio basado en registros oficiales mexicanos examinó las muertes por Alzheimer entre 1980 y 2014 y encontró que, durante el quinquenio 2010-2014, la tasa de mortalidad fue de 65.12 por cada mil mujeres y de 43.66 por cada mil hombres, de acuerdo con la medida utilizada por los investigadores. Las tasas fueron particularmente elevadas entre las personas mayores de 80 años.
La información más reciente del INEGI confirma la dimensión del envejecimiento como un elemento central para analizar las enfermedades neurodegenerativas. La Encuesta Nacional sobre Salud y Envejecimiento en México (ENASEM) 2024 actualizó la información sobre la población de 50 años y más y permite estudiar las condiciones de salud, discapacidad, mortalidad y funcionamiento cotidiano de este grupo de población.
El problema no termina en las personas que reciben el diagnóstico. Desde una perspectiva de género, el Alzheimer también tiene consecuencias sobre quienes proporcionan cuidados.
La Secretaría de Salud ha señalado que tres de cada cinco personas que realizan cuidados no remunerados de pacientes con Alzheimer son mujeres. La distribución de estas tareas significa que el impacto de la enfermedad alcanza a hijas, esposas, hermanas y otras familiares que participan en actividades de supervisión, alimentación, higiene, administración de medicamentos, acompañamiento a consultas y apoyo en las actividades cotidianas.
En 2025, instituciones del sector salud y organizaciones de la sociedad civil firmaron una carta de intención para avanzar en la implementación del Plan Nacional de Demencias de México. El Instituto Nacional de Geriatría y la Federación Mexicana de Alzheimer participaron en este proceso junto con la Secretaría de Salud, IMSS, ISSSTE, IMSS-Bienestar y otros organismos especializados.
Entre las líneas planteadas se encuentran mejorar la trayectoria de atención de las personas con demencia, combatir el estigma, desarrollar estrategias de cuidados y fortalecer el apoyo a las organizaciones que trabajan con pacientes y familias. El documento oficial señaló que la mayor parte de los cuidados continúa recayendo en los hogares y que existe una carga desproporcionada sobre las mujeres.
La dimensión del cuidado es relevante porque una mujer puede aparecer simultáneamente en dos posiciones dentro de la estadística: como una de las personas con mayor probabilidad de vivir con Alzheimer a edades avanzadas y como integrante de la red familiar que proporciona atención a otra persona con demencia.
El avance de la enfermedad también puede modificar la autonomía de las mujeres mayores. En sus primeras etapas pueden presentarse problemas para recordar acontecimientos recientes, dificultades para encontrar palabras, desorientación o problemas para realizar actividades que anteriormente formaban parte de su vida cotidiana. Conforme progresa el padecimiento, pueden aparecer mayores dificultades para comunicarse, caminar, alimentarse y realizar actividades básicas.
La identificación temprana representa otro de los desafíos en México. La Secretaría de Salud ha señalado que muchas personas llegan a los servicios especializados cuando la enfermedad ya se encuentra en etapas intermedias o avanzadas. Entre las señales que deben motivar una valoración médica se encuentran los olvidos frecuentes de acontecimientos recientes, problemas para encontrar palabras, desorientación y dificultades para realizar actividades cotidianas.
La falta de diagnóstico también limita la posibilidad de conocer con precisión la magnitud del problema. La cifra de aproximadamente 1.3 millones de personas con Alzheimer utilizada por las autoridades sanitarias constituye una estimación y no equivale a un conteo exhaustivo de todos los casos existentes en el país. La propia Secretaría de Salud ha advertido que puede existir un subregistro porque algunas personas no son diagnosticadas.
A esto se suma la desigualdad territorial. El análisis nacional basado en el Global Burden of Disease encontró diferencias entre entidades federativas en la carga de Alzheimer y otras demencias. Cinco estados —Ciudad de México, Estado de México, Veracruz, Jalisco y Puebla— concentraban 39 por ciento de los casos estimados en 2019.
La disponibilidad de servicios especializados, las condiciones socioeconómicas, la escolaridad y el acceso a atención médica pueden influir en las posibilidades de recibir un diagnóstico y seguimiento oportunos. Un estudio realizado en Ciudad de México con personas de entre 50 y 89 años encontró que el deterioro cognitivo aumentaba fuertemente con la edad y que, en cada grupo etario, la prevalencia era mayor entre mujeres.
Los factores de riesgo modificables también forman parte de la respuesta sanitaria. La Secretaría de Salud identifica entre ellos la hipertensión, obesidad, diabetes, tabaquismo, consumo excesivo de alcohol, depresión y pérdida auditiva. En 2025, la dependencia señaló que investigaciones internacionales estiman que hasta 40 por ciento de los casos de demencia podrían prevenirse o retrasarse mediante acciones dirigidas a factores de riesgo modificables.
La prevención, sin embargo, no significa que todas las personas puedan evitar la enfermedad. El envejecimiento continúa siendo el principal factor de riesgo y existen componentes biológicos y genéticos que no pueden modificarse.
En el caso de las mujeres, la investigación también ha estudiado el papel de los cambios hormonales y otros factores relacionados con la trayectoria de vida, aunque no existe una explicación única para la mayor carga observada. La diferencia entre mujeres y hombres debe analizarse considerando simultáneamente edad, esperanza de vida, condiciones de salud, educación, factores sociales y acceso a los servicios sanitarios.
La Organización Mundial de la Salud señala que el Alzheimer representa entre 60 y 70 por ciento de los casos de demencia en el mundo y que las mujeres están afectadas de manera desproporcionada tanto directamente, al vivir con demencia, como indirectamente, por su participación en las tareas de cuidado. En 2021 se estimaban 57 millones de personas viviendo con demencia en el mundo y casi 10 millones de casos nuevos cada año.
En México, el envejecimiento demográfico anticipa una mayor demanda de servicios para diagnóstico, atención neurológica, geriátrica y cuidados de largo plazo. El aumento de la población de edades avanzadas significa que el número absoluto de personas que viven con enfermedades neurodegenerativas puede continuar creciendo aun cuando las tasas ajustadas por edad presenten comportamientos diferentes.
Los datos disponibles muestran así un doble impacto para las mujeres mexicanas: son el grupo que concentra una mayor prevalencia de demencia en los principales estudios nacionales y presentan una mayor carga de mortalidad y discapacidad relacionada con Alzheimer y otras demencias. Al mismo tiempo, las mujeres constituyen una parte mayoritaria de quienes proporcionan cuidados no remunerados a familiares con estos padecimientos.
La dimensión de género del Alzheimer en México no se limita, por tanto, a contar cuántas mujeres desarrollan la enfermedad. También implica observar quién recibe el diagnóstico, quién tiene acceso a servicios especializados, quién puede continuar con autonomía después de la detección y quién asume las tareas de cuidado cuando la enfermedad avanza. Los datos disponibles apuntan a que estas cuatro dimensiones están estrechamente relacionadas con el envejecimiento y con las desigualdades sociales que atraviesan la atención de las personas mayores.

