Aprendiz de bruja

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*Cristal de Roca.

/ Cecilia Lavalle*/

En medio mundo se celebra el 31 de octubre el Día de las Brujas (hoy mejor conocido como Halloween). Y yo voy a celebrar ser aprendiz de una. Le explico:

La primera imagen que nos llega cuando decimos “bruja” es el de una mujer fea feísima y mala malísima. Parte de la imagen incluye sombrero negro puntiagudo, escoba, caldero y gato, negro de preferencia.

¿No resulta extraño que la palabra “brujo” no nos traiga una imagen similar? 

Lo primero que tenemos que saber es que es una manipulación mediática con intereses comerciales. Como un Deepfake pero de la Edad Media.

En esa época el negocio de fábrica y venta de cerveza era de mujeres. ¿En qué la preparaban? ¡Adivinó! En un caldero.

¿Y la escoba? Para mantener limpio el espacio. ¿Y el gato? Para ahuyentar ratones. ¿Y el sombrero? Para que en los lugares de venta fueran localizadas rápidamente. Así que no eran mujeres despreciadas. Al contrario. Eran muy apreciadas.

Hasta que la naturalista y también abadesa Hildegarda de Bingen (1098-1179), descubrió que el lúpulo permitía conservar la cerveza por largo tiempo. Entonces, el negocio se volvió muy lucrativo y los monjes se lo apropiaron.

Y no tuvieron miramientos para destruir a la competencia. Primero hicieron de las características de esas mujeres una imagen grotesca. Y luego, al llamarlas brujas, podían ser torturadas y quemadas como hicieron con millones de mujeres. 

Muchas de esas otras mujeres fueron grandes conocedoras de la herbolaria. Por eso curaban y atendían partos (lo cual representó una gran competencia para los médicos).  De igual manera eran insumisas, leían, hablaban, opinaban.

Por eso desde el feminismo se comienza a reivindicar la figura de la bruja como una mujer rebelde, que se niega a ser sometida. Y en ese camino, la psiquiatra junguiana Jean Shinoda Bolen da un paso más.

Ella escribe: “…ha llegado el momento de rescatar y redefinir el término ‘anciana’ entre el montón de palabras despectivas que se utilizan para denominar a las mujeres maduras, y conseguir que la acción de convertirse en ‘bruja’ sea un supremo logro interior característico de la tercera fase de la vida”.

En su libro Las brujas no se quejan, Shinoda Bolen explica que una mujer no se convierte en anciana por el hecho de volverse vieja. Y que ser una bruja se relaciona con transformaciones internas que las ancianas pueden cultivar y, con ello, generar impactos externos positivos.

“Las cualidades de la bruja -afirma- son los rasgos distintivos a través de los que una anciana se distingue”.  

En su libro describe y analiza las 13 cualidades que propone:

  • No se quejan
  • Son atrevidas
  • Tienen mano para las plantas
  • Confían en los presentimientos
  • Meditan a su manera
  • Defienden con fiereza lo que más les importa
  • Deciden su camino con el corazón
  • Dicen la verdad con compasión
  • Escuchan su cuerpo
  • Improvisan, no imploran
  • Ríen juntas y saborean lo positivo de la vida.

Sostiene, además, que hasta que la vida concluya, todas seguimos estando “en el proceso”.

Por eso digo que este 31 celebraré ser aprendiz de bruja. ¿Celebra conmigo?

www.cecilialavalle.com [email protected] @cecilia.lavalle.t