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08.10.2026. Sonora.- Durante años, Ceci Patricia Flores Armenta ha aprendido a buscar en los lugares donde ninguna madre quisiera estar: terrenos desolados, caminos, montes y fosas clandestinas. La desaparición de sus hijos la llevó a recorrer esos escenarios en busca de respuestas, una labor que ahora, junto con su hija Milagros de Jesús Valenzuela Flores, recibe un reconocimiento formal: ambas obtuvieron una certificación nacional en búsqueda de personas desaparecidas y no localizadas.
Para Ceci Flores, fundadora del colectivo Madres Buscadoras de Sonora, el documento representa algo más que una acreditación. Es el reconocimiento de los conocimientos que las familias han adquirido sobre el terreno, muchas veces sin más preparación inicial que la urgencia de encontrar a quienes les faltan y la determinación de no abandonar su búsqueda.
“Hoy puede comenzar a cambiar la historia de la búsqueda de personas desaparecidas y no localizadas en México”, escribió la activista al compartir la noticia, con la esperanza de que su experiencia y la de su hija abran una oportunidad para otras familias que recorren el país buscando a sus seres queridos.
La certificación corresponde al Estándar de Competencia EC1542, denominado “Búsqueda de personas desaparecidas y no localizadas”, del Consejo Nacional de Normalización y Certificación de Competencias Laborales (CONOCER), organismo vinculado a la Secretaría de Educación Pública (SEP). El proceso contó con la participación del Instituto Estatal de Capacitación (IECA) de Guanajuato y de la organización Forensic and Legal.
La importancia de este paso está en reconocer que las familias no solamente participan en las búsquedas: también han desarrollado conocimientos, habilidades y métodos a partir de una experiencia que, en muchos casos, comenzó con la desaparición de un hijo, una hija, una hermana o un hermano.
“A lo largo de los años, las madres buscadoras hemos aprendido a buscar mientras buscamos. Hemos recorrido desiertos, montes, caminos y fosas; lugares que jamás imaginamos pisar. Lo hacemos por un amor incondicional, por la necesidad de dar respuestas y porque, ante la ausencia de un hijo, el corazón de una madre sencillamente no puede quedarse quieto”, expresó Flores en su mensaje.
En esas palabras se encuentra el origen de una labor que ha obligado a cientos de familias a familiarizarse con terrenos, indicios y procedimientos que nunca pensaron necesitar. La búsqueda se convierte así en una actividad cotidiana marcada por la incertidumbre, el desgaste emocional y la necesidad de encontrar información que permita conocer el paradero de sus seres queridos.
La certificación reconoce formalmente parte de esos conocimientos y establece una referencia para evaluar las competencias de quienes realizan estas tareas. El estándar EC1542 contempla capacidades relacionadas con la búsqueda en campo y a distancia, la recopilación y el análisis de información y la aplicación de procedimientos para localizar a personas desaparecidas o no localizadas.
Para Flores, el reconocimiento debe servir para que más integrantes de colectivos tengan acceso a capacitación y puedan fortalecer sus conocimientos. Su intención es que el proceso no se quede en las dos primeras certificaciones, sino que se extienda a otras familias del país.
“Esto significa mucho más que recibir un documento. Significa reconocer que las familias también hemos construido conocimiento, experiencia y capacidades en la búsqueda de nuestros desaparecidos. Significa transformar años de caminar, aprender y luchar en competencias que pueden ser evaluadas y reconocidas formalmente”, señaló.
La activista planteó que madres, padres, hermanas, hermanos, esposas, hijos y otros familiares puedan acceder a procesos de formación, profesionalizar sus conocimientos y obtener una certificación cuando cumplan con los requisitos correspondientes.
“Porque buscamos por amor, pero también podemos buscar con preparación, metodología, conocimiento y herramientas”, añadió.
La historia personal de Ceci Flores permite dimensionar el peso que tiene este reconocimiento. En 2015 desapareció su hijo Alejandro Guadalupe Islas Flores, de 21 años, cuando se dirigía a su trabajo en Los Mochis, Sinaloa. Cuatro años después, en 2019, un grupo armado se llevó a su otro hijo, Marco Antonio Sauceda Rocha, en Sonora.
A partir de esas desapariciones, Flores se involucró en las labores de búsqueda y fundó Madres Buscadoras de Sonora, colectivo que ha participado en jornadas para localizar a personas desaparecidas en distintos puntos del país. En marzo de 2026, integrantes de su colectivo localizaron parte de los restos de Marco Antonio, mientras la búsqueda de Alejandro Guadalupe continuaba.
En ese camino, la activista ha insistido en que la ausencia de sus hijos no puede traducirse en resignación. Su participación en las búsquedas y la organización de otras familias han contribuido a visibilizar una realidad en la que las personas afectadas por una desaparición terminan involucrándose directamente en las tareas para localizar a sus seres queridos.
La certificación obtenida junto con Milagros de Jesús, su hija, incorpora ahora otra dimensión a esa trayectoria: el reconocimiento de competencias adquiridas a través de la experiencia y la posibilidad de que otros familiares accedan a herramientas de preparación formal.
Flores agradeció al licenciado Salomón Ceballos Ochoa, director general del IECA y titular de la Entidad de Certificación y Evaluación IECA-CONOCER de Guanajuato, por respaldar el proceso. También reconoció la participación de Fernando Ramírez Mendoza, director ejecutivo de Forensic and Legal y líder evaluador, en las actividades de capacitación, evaluación y certificación.
La activista expresó que su propósito es que estas acreditaciones se conviertan en el inicio de un proceso más amplio para las familias buscadoras de México.
“Hoy son dos. Mañana queremos que sean decenas, cientos y miles de familias buscadoras capacitadas y certificadas en todo México”, escribió.


El planteamiento no busca que las familias sustituyan a las instituciones encargadas de investigar las desapariciones y realizar las búsquedas. Flores fue enfática al señalar que la responsabilidad continúa en manos del Estado y que la capacitación debe proporcionar herramientas adicionales a quienes participan en la localización de sus seres queridos.
“No queremos sustituir a las autoridades ni asumir una responsabilidad que corresponde al Estado. Queremos tener más herramientas para hacer aquello que ninguna madre debería tener que aprender a hacer: buscar a sus hijos”, sostuvo.
Su mensaje coloca el reconocimiento en una perspectiva que va más allá de un logro individual. La formación puede contribuir a que las familias cuenten con mayores conocimientos para participar en las búsquedas, pero no elimina la obligación de las autoridades de investigar, proporcionar información, proteger a quienes buscan y actuar de manera oportuna.
En México, los colectivos de familiares han desempeñado un papel fundamental en la localización de personas desaparecidas y de posibles sitios de inhumación clandestina. Su intervención ha puesto de manifiesto tanto la dimensión de la crisis como las dificultades que enfrentan quienes, además de lidiar con la ausencia de un ser querido, deben insistir ante las instituciones para obtener respuestas.
La certificación de Ceci Flores y Milagros de Jesús abre una posibilidad para que los conocimientos desarrollados por estas familias sean reconocidos mediante un procedimiento formal. El reto será que ese reconocimiento se traduzca en oportunidades reales de capacitación, condiciones seguras para realizar las búsquedas y una mejor coordinación con las autoridades.
Para Ceci Flores, el propósito permanece intacto y no depende de un documento: encontrar a quienes faltan y contribuir a que otras familias tengan más herramientas para continuar buscando.
“Por nuestros desaparecidos. Por quienes todavía esperan regresar a casa. Por las familias que no han dejado de buscar”, escribió al cerrar su mensaje.
Y resumió el sentido de este paso con una última frase: “Hoy abrimos un nuevo camino en la búsqueda de personas en México”.

