*Miscelánea, Salud y Política.
/ Judith Álamo López /
“Sin elecciones generales, sin libertad de prensa, sin libertad de expresión y reunión, sin la lucha libre de opiniones, la vida en todas las instituciones públicas se extingue.”: Rosa Luxemburgo
Hace 126 años el periodista y activista oaxaqueño Ricardo Flores Magón señalaba lo importante de ejercer el derecho ciudadano a ejercer la libertad de pensar y opinar sobre los asuntos públicos. Esta idea hoy está más vigente que nunca en nuestro país, que ayer conoció el Segundo Informe de Gobierno de la presidente Claudia Sheinbaum Pardo
De acuerdo con el artículo 69 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, el titular de la Presidencia de México, cada 1 de septiembre, rinde su informe anual de gobierno ante el Congreso de la Unión, integrado por las Cámaras de Diputados y Senadores, constituidas con la representación ciudadana y del pueblo, y con representantes de la federación, o sea los 32 estados de la República, respectivamente.
En nuestra constitución, vigente desde 1917, se estableció la obligación al jefe del Ejecutivo de rendir cuentas a la nación sobre la situación que guarda la administración pública del país, los resultados económicos, sociales y de seguridad del gobierno, etcétera. Así se ha cumplido, desde Venustiano Carranza hasta la doctora Claudia Sheinbaum Pardo. Suman ya 110 informes presidenciales en la historia postrevolucionaria.
Tras cerrados resultados electorales que favorecían con el 0.58% de votos el triunfo de Felipe Calderón como presidente (2006-2012) respecto al candidato López Obrador, fueron precisamente sus seguidores integrados en el Frente Amplio Progresista (PRD, PT y MC) quienes en protesta airada tomaron la tribuna del Palacio Legislativo de San Lázaro, evitando que Fox presentara en forma presencial su último informe presidencial.
De 2006 a 2026, el informe se ha presentado por escrito al Congreso de la Unión. La reforma constitucional que los cambió de presenciales a escritos se aprobó en 2008, luego de que Fox, impedido por los furibundos seguidores de AMLO no pudiera entrar, por lo que entregó su Sexto Informe en la entrada de San Lázaro. Tres meses después se registró una caótica toma de posesión de Calderón ante el Congreso, calificada como “de relámpago”, ya que en solo 5 minutos rindió protesta como presidente, luego de que sus correligionarios le crearán un túnel humano para poder llegar a la tribuna.
La presentación del Segundo Informe Presidencial en el octavo año de gobiernos de la Cuarta Transformación, es oportunidad de reflexionar en los derechos que tenemos como ciudadanos de una república representativa, democrática, laica y federal (Artículo 40 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos).
El informe presidencial se ha convertido en un escaparate para el partido en el poder, en forma similar a cuando fuimos un sistema de partido único, los logros que se presumen no son absolutos ni comprobables, al menos en ello coinciden prestigiados analistas y estudiosos independientes.
La presidente subrayó como éxitos del gobierno: el abatimiento de los homicidios dolosos en 51%; la expansión histórica de los programas sociales y de salud; la estabilidad económica, la mayor inversión extranjera y control de la inflación, así como la fortaleza del peso frente al dólar, entre otros.
El mensaje político en el Segundo Informe Presidencial, dicen observadores y críticos, está en las ausencias discursivas: hicieron falta respuestas a los cuestionamientos públicos de corrupción y alianzas de políticos morenistas con el narco hechas por Estados Unidos; a la presunta participación de altos funcionarios –incluidos los López Beltrán y el extitular de Semar, almirante Rafael Ojeda– en el fraude por huachicol fiscal; tampoco se informó sobre los accidentes y números negros en las mega obras de AMLO, etcétera.
Negadas por la jefe de Estado las divisiones dentro de su movimiento, las ausencias de cuatro personalidades del obradorismo, hoy altamente cuestionadas, dieron mucho que pensar sobre la pretendida unidad, ya que antes eran ocupantes de primera fila en los actos oficiales, ellos son: Andy López Beltrán, Adán Augusto López, Rubén Rocha Moya y Gerardo Fernández Noroña.
La oposición y analistas electorales independientes consideran cuestionables la mayoría de los triunfos enunciados en el Segundo Informe de Gobierno, los cuales son resultado de interpretaciones sesgadas o estadísticas manipuladas.
Aunque, hay una excepción no menor, considerada el principal avance social impulsado por la 4T: el aumento al salario mínimo que logró la evolución del poder adquisitivo de casi 30 millones de trabajadores, este pasó de 2 mil 800 pesos en 2018 a 9 mil 582 pesos mensuales actualmente. Existe una recuperación acumulada del 154% en términos reales, según fuentes oficiales.
Es dañino para un sistema democrático que “lo realizado” por el gobierno sea una verdad incuestionable y se convierta en propaganda política preelectoral a favor de una administración que no se asume como representante de todos los mexicanos, sino como parte de un movimiento (Morena), una opción política electoral que trabaja a favor de un gobierno autocrático, sin contrapesos que limiten los abusos de poder.
Los “logros” presidenciales fueron resumidos en 14 spots, producidos con recursos públicos, y destinados al consumo masivo de las audiencias de 3 mil 500 medios electrónicos en todo el país, y se repiten como propaganda preelectoral millones de veces a través del uso de tiempos oficiales, a lo largo de 13 días y noches: 7 días antes de la presentación, y 5 días después de rendir el Informe Presidencial.
La propaganda no cesa: las Mañaneras del Pueblo con la verdad oficial, son transmitidas y apuntaladas diariamente en medios estatales, con el apoyo creciente de empresarios de la comunicación quienes ante el riesgo de crecientes pérdidas por desaires del poder deciden mejor optar por sacrificar los derechos de sus audiencias y a los periodistas críticos y dejan de resistirse a un gobierno que pretende manipular no solo los logros sino la verdad, en busca de crear una realidad alterna ficticia y conveniente a su grupo.
Antes de que sea demasiado tarde es necesario que la mayoría de los 93.4 millones de ciudadanos mexicanos mayores de edad cobremos consciencia de que es necesario activar nuestro espíritu crítico y democrático. Si aceptamos dejar de pensar en lo que necesitamos y optamos por guardar silencio en lugar de disentir, estamos expuestos a la pérdida progresiva de derechos y libertades individuales y sociales, convirtiéndonos así en seres vulnerables de abuso de poder.

