¡De apagar una vela a conquistar el oro mundial! Ángela, la joven mexicana que creó un extintor que combate el fuego con sonido

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22.10.2026 Indonesia.- A sus 16 años, Ángela Karime Hernández Venegas ganó la medalla de oro en la competencia ISIF 2026, en Indonesia, donde se presentaron alrededor de 110 proyectos de 25 países. Se trata de una estudiante de Altamira, Tamaulipas, que convirtió una pregunta científica en un proyecto reconocido internacionalmente: su dispositivo Vortex Tech utiliza ondas sonoras para sofocar llamas sin recurrir directamente al agua ni a agentes químicos.

En un país donde tantas veces las historias de sus jóvenes quedan relegadas entre las noticias de violencia, inseguridad y falta de oportunidades, el logro de Ángela Karime Hernández Venegas abre una ventana a otra realidad: la de quienes, desde las aulas, buscan respuestas a problemas cotidianos a través de la ciencia.

La estudiante del Centro de Estudios Tecnológicos Industrial y de Servicios (CETis) 78, de Altamira, Tamaulipas, obtuvo la medalla de oro en la Feria Internacional de Ciencia e Invención ISIF 2026, celebrada en Indonesia, con un proyecto que propone una manera distinta de combatir el fuego: utilizar ondas sonoras para debilitar la combustión.

Su invento, llamado Vortex Tech, no nació en un gran laboratorio ni en una empresa especializada en tecnología contra incendios. Surgió de la experimentación, de los intentos por resolver un problema aparentemente sencillo y de la voluntad de llevar una idea más allá de lo que parecía posible.

El objetivo inicial era apagar la llama de una vela. A partir de ese desafío, Ángela desarrolló un prototipo portátil que aprovecha las propiedades físicas del sonido para generar movimientos de aire capaces de alterar las condiciones que mantienen encendido el fuego.

El resultado la llevó a presentar su trabajo ante una comunidad internacional de jóvenes investigadores. De acuerdo con los reportes de su participación, el certamen reunió aproximadamente 110 proyectos procedentes de 25 países. En ese escenario, la estudiante tamaulipeca consiguió el reconocimiento dorado en su categoría.

La Secretaría de Educación de Tamaulipas confirmó el 19 de octubre el premio obtenido por la alumna y destacó que el desarrollo contó con la asesoría del profesor Arturo Hernández Muñoz. Además de la medalla, recibió la distinción especial IYSA Semi Grand Award, que le brinda la posibilidad de participar en el evento en línea I2ASPO 2026.

La importancia de Vortex Tech está en la pregunta que intenta responder: ¿es posible apagar ciertas llamas sin utilizar agua, espuma o polvo químico?

El dispositivo emplea una batería de 12 voltios, un generador de frecuencias, un amplificador y una bocina. Según las explicaciones proporcionadas por la estudiante, el equipo produce sonido de baja frecuencia, alrededor de 30 hercios, que genera turbulencias y estructuras de aire conocidas como anillos de vórtice. Estos movimientos pueden desplazar el aire que alimenta la combustión y desestabilizar la llama.

En declaraciones difundidas antes de su participación internacional, Ángela explicó que el prototipo había sido sometido a más de 100 pruebas experimentales. En ellas, según los resultados reportados por el equipo, consiguió apagar distintos tipos de fuego, incluidos los producidos en materiales como madera y algunas sustancias inflamables, además de pruebas relacionadas con grasas y aceites de cocina.

El desarrollo también contempla una versión automática, diseñada para detectar una llama y activar el mecanismo sin intervención directa. Esta posibilidad abre una línea de investigación sobre el uso de dispositivos acústicos en determinados entornos donde el control temprano de pequeños focos de fuego podría resultar útil.

Sin embargo, el reconocimiento internacional no significa que el prototipo pueda sustituir a los extintores convencionales. Su funcionamiento y sus posibles aplicaciones requieren evaluaciones técnicas adicionales, pruebas de seguridad y validación independiente, especialmente ante incendios de mayor magnitud o materiales con comportamientos distintos durante la combustión.

Esa precisión no reduce el mérito del proyecto. Por el contrario, permite entenderlo en su dimensión real: una propuesta científica juvenil que explora una alternativa tecnológica y que, gracias a su desempeño en una competencia internacional, obtuvo la oportunidad de continuar desarrollándose.

Detrás de la medalla hay también una comunidad educativa. La asesoría del profesor Arturo Hernández Muñoz acompañó el proceso de investigación y presentación, mientras que el CETis 78 se convirtió en el espacio desde el cual la estudiante llevó su propuesta hasta Indonesia.

La historia de Ángela recuerda que la ciencia no comienza necesariamente con descubrimientos extraordinarios, sino con preguntas, observaciones y pruebas. Una llama pequeña, un dispositivo experimental y la curiosidad por comprender cómo funciona el fuego fueron el punto de partida de un proyecto que terminó compitiendo con propuestas de distintos países.

Su medalla de oro es un reconocimiento al trabajo realizado, pero también una invitación a mirar de otra manera a las juventudes mexicanas: no solamente como destinatarias de políticas educativas, sino como personas capaces de investigar, construir y plantear soluciones.

Para que iniciativas como esta avancen, el talento necesita acompañamiento, recursos, acceso a laboratorios, asesoría especializada y oportunidades para someter las ideas a pruebas rigurosas. Un premio abre puertas, pero la continuidad de la investigación es la que permite conocer hasta dónde puede llegar una innovación.

Desde Altamira, Ángela Karime llevó una propuesta nacida en el ámbito escolar hasta una competencia científica internacional. Su historia no demuestra que el fuego pueda dejar de ser peligroso ni que los métodos tradicionales hayan quedado atrás. Demuestra algo más concreto: que una estudiante mexicana puede convertir una inquietud en un prototipo, defender su trabajo ante evaluadores internacionales y obtener un reconocimiento por ello.

Y quizá ahí reside una de las noticias más importantes de su logro: entre las aulas de un plantel tecnológico y una competencia celebrada al otro lado del mundo, una joven encontró en la ciencia una manera de imaginar soluciones y hacer que su trabajo fuera escuchado.