Distrito 20: cuando gobernar también significa recuperar la calle.

*Astrolabio Político.

/ Por: Luis Ramírez Baqueiro /

“Todos quieren cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse así mismo”. – León Tolstoi.

Durante años, Poza Rica fue ejemplo de cómo una ciudad estratégica podía ser abandonada a su suerte. La joya petrolera del norte veracruzano terminó atrapada entre el deterioro económico, la descomposición social y la presencia cada vez más visible de grupos delincuenciales que encontraron terreno fértil gracias a gobiernos incapaces —o complacientes— que dejaron de ejercer autoridad. La calle dejó de pertenecerle a las familias y pasó a convertirse en territorio del miedo.

Por eso, el éxito alcanzado con la puesta en marcha del programa “Distrito 20” por parte de la alcaldesa Adanely Rodríguez no puede verse únicamente como un festival comercial o cultural. Lo que ocurrió en la avenida 20 de Noviembre representa algo mucho más profundo: la recuperación simbólica y real del espacio público.

Y hay que decirlo con puntualidad política: Distrito 20 no nació en esta administración. El proyecto comenzó a construirse desde el gobierno anterior como un esfuerzo por reactivar una de las zonas comerciales más importantes de Poza Rica. Sin embargo, sería mezquino no reconocer que en esta nueva edición el programa alcanzó un brillo, una convocatoria y una dimensión social que en años previos simplemente no había logrado consolidar.

Ahí radica precisamente el valor político del momento que vive Poza Rica. La sociedad parece comenzar a reconocer un antes y un después. Antes, la ciudad vivía atrapada entre la apatía institucional, el miedo y el abandono de sus espacios públicos; hoy, al menos desde la percepción colectiva, existe una intención clara de reconstruir la convivencia social y devolverle identidad a una ciudad profundamente golpeada.

Más de 15 mil personas reunidas, alrededor de 500 negocios participantes y saldo blanco absoluto no son cifras menores para una ciudad que hace apenas algunos años era noticia nacional por hechos violentos y ejecuciones a plena luz del día. “Distrito 20” logró demostrar que cuando existe coordinación entre autoridades municipales, estatales y federales, sí es posible devolverle la confianza a la ciudadanía. (noreste.net)

La apuesta de Adanely Rodríguez tiene un mérito adicional: entendió que la seguridad no solamente se combate con patrullas y operativos, sino también reactivando la convivencia social, impulsando el comercio local y generando condiciones para que las familias vuelvan a apropiarse de sus espacios. La delincuencia organizada prospera donde el Estado se ausenta; pero retrocede cuando la comunidad recupera presencia, actividad económica y sentido de pertenencia.

En Poza Rica se está intentando construir una narrativa distinta. Mientras otras administraciones permitieron que la inseguridad se convirtiera incluso en negocio político y económico para algunos grupos enquistados en el poder, hoy la administración municipal parece apostar por un modelo donde el orden público y la actividad económica caminan de la mano. Y eso no es casualidad.

El operativo coordinado de seguridad, vialidad, Protección Civil y servicios médicos evidenció capacidad de organización institucional y un mensaje contundente: la autoridad volvió a ocupar el territorio. (noreste.net)

Además, “Distrito 20” coloca sobre la mesa otro aspecto fundamental: la necesidad de reconstruir el tejido social desde la cultura, el emprendimiento y el comercio regional. La presencia de emprendedores, comerciantes y familias completas en un ambiente seguro rompe con la lógica del miedo que durante años paralizó a Poza Rica.

Por supuesto, nadie puede cantar victoria anticipadamente. Recuperar una ciudad golpeada por la violencia requiere constancia, estrategia y voluntad política permanente. Sin embargo, lo realizado por la administración de Adanely Rodríguez marca un punto de partida relevante y, sobre todo, envía una señal política clara: Poza Rica no está condenada al abandono ni al control criminal.

En tiempos donde muchos gobiernos apenas sobreviven administrando crisis, Poza Rica comienza a ensayar algo distinto: gobernar para recuperar la paz social desde la calle misma. Y eso, en Veracruz, ya representa una pequeña revolución.

 

Al tiempo.

 

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