*NEMESIS
/ Fernando Meraz Mejorado /
El país hierve como una tierra que ha soportado demasiada sequía y ya no puede contener su clamor. No es el estallido de un solo día, ni el grito de una sola voz: es la suma de mil ríos que antes corrían bajo la superficie y hoy han roto sus cauces, porque el agua que no fluye, se estanca; y la justicia que no llega, se convierte en marea.
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Por todas las capitales de la República, las calles se han convertido en el cauce vivo de una irritación que crece como la hierba entre las piedras. Allí van los trabajadores del Seguro Social, con las manos cansadas de curar sin tener ellos mismos lo necesario para cuidar; sus pasos dicen que no es pedir demasiado: es solo que quien da salud, también la reciba.
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Van los maestros, que construyen el mañana con tizas que se agotan, enseñando a niños que merecen escuelas dignas, no promesas que se desvanecen como el humo. Y van los estudiantes, jóvenes que no piden herencias, sino caminos; que no piden que les resuelvan la vida, sino que no les pongan barreras para construirla.
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Ahí están también las madres buscadoras, las que llevan en el pecho una herida que nunca cicatriza, caminando con la foto de sus hijos como una antorcha que no se apaga, preguntando, exigiendo, porque el amor de una madre es más fuerte que el silencio y más grande que cualquier miedo.
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Y van los colonos, las familias que piden lo elemental: agua que corra por sus llaves, calles donde transitar sin peligro, transporte que no sea una odisea diaria, luz que ilumine sus hogares como ilumina los palacios. No piden lujo: piden que la dignidad no sea un privilegio de unos pocos, sino el aire que todos merecemos respirar.
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No es caos lo que se ve en las calles: es conciencia. Es el pueblo diciendo que la paciencia tiene límites, que la esperanza no debe confundirse con la resignación. Es la verdad que, aunque tarde, siempre encuentra su voz. Y esa voz, multiplicada en miles de gargantas, ya nadie puede callarla. Porque un pueblo que se atreve a caminar unido, ya no hay fuerza en la tierra que lo pueda detener.

