El Pato Merlín logra dar a su familia una casa y dejan el local donde vivían

*La Presidenta Sheinbaum intervino para que tuvieran acceso a una vivienda.

11.07.2026 Ciudad de México.- La historia de Merlín, el pato que se convirtió en uno de los símbolos más entrañables del Mundial de 2026, tuvo un nuevo capítulo con un final esperanzador. La familia de Karla Gómez, quien alcanzó notoriedad nacional e internacional gracias a la peculiar mascota que acompañó a miles de aficionados durante la Copa del Mundo, ya cuenta con una vivienda en la Ciudad de México, luego de una gestión impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum.

El anuncio fue realizado por la propia mandataria durante su conferencia matutina del 10 de julio, donde recordó que, tras conocer personalmente a Karla y a sus hijos, decidió preguntarles si existía alguna forma en la que el gobierno pudiera apoyarlos. Fue entonces cuando salió a la luz una realidad que hasta ese momento la familia había mantenido en silencio: durante años vivieron dentro del mismo local comercial donde trabajaban, en la zona de Doctor Vértiz y Arcos de Belén, en el Centro Histórico de la capital.

La imagen de Merlín vestido con la camiseta de la Selección Mexicana recorriendo las calles del Centro Histórico conquistó las redes sociales desde los primeros días del Mundial. El pato aparecía entre aficionados, posaba para fotografías, caminaba junto a turistas y terminó convirtiéndose en un fenómeno viral que incluso opacó, por momentos, a las mascotas oficiales del torneo.

Detrás de aquellas imágenes que provocaban sonrisas existía, sin embargo, una historia marcada por las dificultades económicas.

Durante la conferencia presidencial, Karla relató que antes de la viralidad ella, sus dos hijos y Merlín utilizaban el pequeño establecimiento comercial como vivienda.

“Nosotros antes de conocerla vivíamos en un local sobre Vértiz y Arcos de Belén. Vivíamos en un local, mi familia y yo. No decíamos esto por temor a que la delegación nos pudiera quitar. Entonces siempre dijimos que vivíamos en una casa cuando realmente no era cierto”, expresó la comerciante durante el enlace presentado en Palacio Nacional.

Karla explicó que el sitio donde trabajaban también era el lugar donde dormían y realizaban sus actividades cotidianas.

“Ahí dormíamos, ahí nos bañábamos, ahí vivíamos los cuatro. Era nuestro hogar, aunque en realidad era un local comercial”, relató al agradecer el respaldo recibido.

La presidenta explicó que fue precisamente esa conversación la que motivó a buscar una solución mediante el Instituto de Vivienda de la Ciudad de México (INVI), con el objetivo de que la familia pudiera acceder a una vivienda digna.

Sheinbaum señaló que al conocer las condiciones en las que vivían decidió intervenir para que recibieran el apoyo correspondiente y destacó que historias como la de Karla reflejan la importancia de que las instituciones respondan cuando conocen casos de vulnerabilidad social.

El caso de Merlín ya había llamado la atención semanas atrás cuando la familia fue invitada a Palacio Nacional en pleno Mundial. En aquella ocasión, Karla narró que es madre soltera y que durante años sostuvo sola a sus hijos mediante un pequeño negocio de venta de aguas y refrescos.

También contó que uno de sus hijos atravesó un delicado proceso de salud mental y que Merlín llegó a sus vidas después de la muerte de otra mascota, convirtiéndose en un compañero fundamental para superar aquella etapa.

“Me cambió la vida”, relató Cristian, el hijo menor, al recordar la llegada del pato, al que entrenó para caminar con él, jugar fútbol y acompañarlo prácticamente a todas partes.

La historia familiar pronto dejó de ser únicamente la del “pato del Mundial”. Medios nacionales e internacionales comenzaron a documentar cómo Merlín no era simplemente una mascota simpática, sino parte de una familia trabajadora que enfrentaba dificultades económicas mientras atendía un modesto puesto en el Centro Histórico.

Durante varias semanas, la fama obligó incluso a cerrar temporalmente el negocio debido a la constante presencia de cámaras, reporteros y personas que acudían únicamente para conocer al famoso pato.

La popularidad de Merlín también generó nuevos retos. La familia inició gestiones para proteger legalmente el nombre y la imagen del pato, después de que aparecieran intentos de registrar la marca sin su autorización. Esa situación derivó en asesorías para garantizar que cualquier aprovechamiento comercial beneficiara directamente a quienes lo hicieron famoso.

Ahora, el cambio más significativo no tiene que ver con la viralidad ni con las fotografías junto a aficionados de distintos países, sino con la posibilidad de comenzar una nueva etapa bajo un techo propio.

Para Karla, el nuevo departamento representa algo que parecía inalcanzable cuando cada noche cerraban la cortina metálica del negocio para convertir el local en dormitorio.

Su historia volvió a emocionar a miles de personas porque recordó que detrás de los fenómenos virales suelen existir vidas reales, marcadas por el esfuerzo cotidiano. En este caso, el Mundial no sólo convirtió a un pato en celebridad; también permitió visibilizar las condiciones de una familia trabajadora cuya realidad permanecía oculta entre los pasillos del Centro Histórico hasta que un ave de plumaje blanco, camiseta verde y pasos tranquilos terminó conquistando al país entero.