*No basta con contar mujeres en las noticias: el periodismo feminista busca cambiar quién cuenta las historias, quién tiene voz y desde dónde se informa
08.11.2026., BPNoticias.- Durante décadas, buena parte de la información periodística se ha construido a partir de una mirada predominantemente masculina: funcionarios, especialistas, dirigentes políticos, empresarios y representantes institucionales suelen ocupar los espacios de mayor autoridad en las noticias, mientras que las mujeres aparecen con menor frecuencia, muchas veces como víctimas, familiares de víctimas o protagonistas de acontecimientos relacionados con la violencia, la maternidad y la vida privada.
Frente a este panorama, el periodismo feminista plantea una transformación que va más allá de incorporar mujeres en las redacciones o aumentar su presencia en las publicaciones. Su propuesta consiste en revisar cómo se construyen las noticias, qué temas se consideran importantes, quiénes son consultados como fuentes, qué palabras se utilizan para describir los hechos y qué desigualdades quedan fuera de la cobertura.
La discusión no es menor: significa cuestionar prácticas que durante años se consideraron normales en los medios de comunicación, pero que pueden reproducir estereotipos, justificar desigualdades, invisibilizar a las mujeres o trasladarles la responsabilidad de las violencias que padecen.
La pregunta que impulsa esta corriente es fundamental para el ejercicio periodístico: ¿quién tiene derecho a contar la realidad y quién ha quedado históricamente fuera de esa narración?
¿Qué es el periodismo feminista y qué pretende cambiar?
El periodismo feminista es una práctica informativa que incorpora el análisis de las relaciones de poder y las desigualdades entre mujeres y hombres para investigar, seleccionar, contextualizar y presentar los acontecimientos.
No significa escribir exclusivamente sobre mujeres, convertir todas las noticias en denuncias contra los hombres ni sustituir la comprobación de los hechos por una postura ideológica.
Su propósito es identificar cómo operan las desigualdades de género en la sociedad y evitar que las rutinas informativas las reproduzcan sin cuestionarlas.
La investigadora María Gorosarri González, en su artículo académico de 2024 titulado Periodismo feminista: una aproximación conceptual, plantea una distinción entre el periodismo profesional con perspectiva feminista y el periodismo feminista entendido como una práctica de intervención frente a los privilegios masculinos que perpetúan la discriminación histórica hacia las mujeres.
Esta discusión también introduce una diferencia importante entre objetividad e imparcialidad. La exigencia de rigor periodístico no obliga a presentar como equivalentes una afirmación sustentada en pruebas y otra que carece de ellas. El compromiso con los hechos debe mantenerse, incluso cuando la información aborda desigualdades estructurales.
En ese sentido, el periodismo feminista busca que las noticias no se limiten a registrar acontecimientos aislados, sino que permitan comprender las condiciones sociales, económicas, culturales e institucionales que los rodean.
Las narrativas: cambiar las palabras también cambia la historia
Uno de los principales cuestionamientos del periodismo feminista está dirigido al lenguaje y a la manera en que se construyen los relatos informativos.
Durante mucho tiempo, algunas coberturas sobre asesinatos de mujeres utilizaron expresiones como crimen pasional, tragedia amorosa o problemas de pareja. Estas fórmulas podían presentar la violencia como resultado de una relación sentimental conflictiva, ocultando las conductas del agresor y las posibles relaciones de poder detrás del crimen.
La perspectiva feminista propone abandonar esas explicaciones cuando no corresponden a los hechos y utilizar términos precisos, como feminicidio cuando la investigación y los elementos legales permiten identificarlo como tal, o asesinato de una mujer cuando esa clasificación todavía no está establecida.
La diferencia es importante.
Una noticia que presenta el asesinato de una mujer como consecuencia de una supuesta discusión sentimental puede desplazar la atención hacia su vida privada. En cambio, una cobertura rigurosa investiga quién ejerció la violencia, qué antecedentes existen, qué información han documentado las autoridades y si había denuncias previas o medidas de protección.
También cuestiona los encabezados que convierten la ropa, las relaciones personales, los hábitos o las decisiones de las víctimas en elementos centrales de la historia.
Por ejemplo, no es lo mismo titular una noticia con una referencia a la vida sentimental de una mujer asesinada que informar que fue víctima de un ataque presuntamente cometido por su expareja, identificando qué se sabe y qué continúa bajo investigación.
El cambio no consiste en ocultar información personal cuando resulta relevante, sino en evitar que esos detalles se utilicen para responsabilizar a las víctimas o justificar la violencia.
Las fuentes: dejar de escuchar siempre a los mismos
Otro de los cambios centrales está relacionado con las fuentes informativas.
En muchas redacciones, la información se construye principalmente con declaraciones de autoridades, especialistas, representantes institucionales y personas que ocupan cargos de poder. Aunque estas fuentes son necesarias, su predominio puede dejar fuera experiencias y conocimientos que también permiten explicar los acontecimientos.
El periodismo feminista propone ampliar ese universo.
Esto implica consultar a investigadoras, académicas, abogadas, científicas, organizaciones de mujeres, colectivas de búsqueda, defensoras de derechos humanos, trabajadoras, comunidades indígenas y sobrevivientes de violencia, entre otras voces.
No se trata de sustituir las fuentes oficiales, sino de evitar que sean las únicas con capacidad para definir los problemas públicos.
Un ejemplo se encuentra en la cobertura de las desapariciones de mujeres.
Una noticia que únicamente reproduce el número de personas desaparecidas y las declaraciones de las autoridades ofrece una parte de la información. Una investigación más amplia puede incorporar el trabajo de las familias buscadoras, documentar las omisiones institucionales, consultar especialistas forenses y explicar los obstáculos que enfrentan quienes buscan a sus familiares.
Las mujeres dejan entonces de aparecer exclusivamente como víctimas o acompañantes y son reconocidas también como productoras de conocimiento, interlocutoras y protagonistas de procesos sociales.
Lo mismo ocurre en economía, ciencia, política y deportes. Una cobertura que consulta a hombres como especialistas de manera sistemática, mientras reserva para las mujeres los testimonios personales, reproduce una desigualdad en la autoridad pública.
Los datos confirman que la desigualdad también está en las noticias
La necesidad de revisar estas prácticas no responde únicamente a una discusión teórica. Existen investigaciones internacionales que documentan la limitada presencia de las mujeres en los contenidos informativos.
El Proyecto de Monitoreo Global de Medios (GMMP, por sus siglas en inglés), coordinado por la Asociación Mundial para la Comunicación Cristiana (WACC), realiza desde 1995 un seguimiento internacional de la representación de las mujeres en las noticias.
Su edición de 2025 analizó contenidos publicados el 6 de mayo de ese año en 94 países. Los resultados mostraron que las mujeres representaron apenas 26 por ciento de las personas que aparecen, son escuchadas o son mencionadas en las noticias de prensa, radio y televisión.
En los sitios informativos digitales, su presencia alcanzó 29 por ciento.
El estudio también encontró que las voces masculinas continúan predominando entre especialistas y portavoces, mientras que las representaciones que cuestionan los estereotipos de género siguen siendo excepcionales.
En otras palabras, aunque las mujeres constituyen aproximadamente la mitad de la población mundial, su participación en la construcción de la agenda informativa continúa siendo considerablemente menor.
La investigación demuestra que el problema no se limita a quién trabaja como periodista, sino también a quién es considerado una persona autorizada para explicar lo que sucede.
En el Proyecto de Monitoreo Global de Medios (GMMP) realizado cada 5 años como la iniciativa de investigación más grande y especializada con perspectiva de género en el mundo cuyo primer resultado en 1995 apuntó que solo en el 17% de las noticias se consultaban a las mujeres, se debe destacar que CIMAC (Comunicación e Información de la Mujer A.C.) q fungió como coordinadora de este último monitoreo para América Latina.
Se analizaron 408 noticias publicadas por 34 medios de comunicación de circulación nacional, así como 2 mil 800 noticias de 212 medios de comunicación más importantes en los 32 estados de la República. En el ejercicio participaron 73 personas monitoras y ocho universidades.
De acuerdo con el informe GMMP México, la séptima edición del monitoreo llega en medio de la alta presencia de mujeres en el espacio público y político. Por ejemplo, en México por primera vez llegó una mujer a la presidencia y se logró paridad en el espacio legislativo por lo que dichos logros se percibieron como el inicio de una apertura en cuanto al principio de representatividad, sin embargo, la agenda de género permanece invisible y así como la violencia contra las mujeres, la cual alcanza 1 de cada 100 noticias.
Ellas apenas representan el 32% en los medios impresos, radio y televisión y el 33% en internet, siendo la televisión el espacio más incluyente y la radio la que menor espacio brinda a las mujeres. Asimismo, su alcance no supera el de los hombres en cuanto a la cobertura internacional, regional, nacional o local, como lo evidencia Cimac Noticias .
Continuará…

