El talento y el carisma no se heredan ni se maman

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*Momento de Acotar.

/ Francisco Cabral Bravo/

Con solidaridad y respeto a Rocío Nahle García y Ricardo Ahued Bardahuil

Los tiempos políticos se avanzan vertiginosamente y, a menos de diez meses de las elecciones intermedias de 2027, todos los partidos navegan contracorriente; unos para conservar el poder y otros para arrebatárselo.
Morena arranca con ventajas evidentes por su condición de gobierno, la fortaleza territorial que ha construido.
Lo que estará en juego explica la voracidad de los partidos: se renovarán los 500 integrantes de la Cámara de Diputados, 300 de mayoría relativa y 200 de representación proporcional, 17 gubernaturas y numerosos congresos locales, ayuntamientos y alcaldías.
No estamos, por tanto, frente a una elección menor.

Para Claudia Sheinbaum será el primer gran referéndum electoral de su sexenio y para Morena una prueba fundamental, parte como favorito, pero llega a la contienda con flancos que la oposición tratará de explotar.

Uno de ellos será la narrativa opositora que pretende colocar sobre Morena la etiqueta de “narcopartido”, a partir de señalamientos sobre presuntos vínculos de personajes políticos con organizaciones criminales.

A ellos se suma la expectativa sobre eventuales investigaciones o acciones de autoridades estadounidenses contra políticos mexicanos.
En una campaña electoral las percepciones pueden causar daños mucho antes de que los tribunales dicten sentencia.
Además, el ejercicio del poder desgasta. La oposición lo sabe.

La elección de 2027 no necesariamente se ganará desde las oficinas nacionales de los partidos, sino distrito por distrito, municipio por municipio y estado por estado.

Por ello, más que la propaganda y los discursos nacionales, el verdadero reto de todas las fuerzas políticas será seleccionar candidatos capaces y competitivos.

Un mal candidato puede destruir una buena marca partidista; uno con arraigo, prestigio y estructura territorial puede revertir tendencias aparentemente irreversibles.
La pregunta es qué harán quienes queden fuera.

Porque repartir candidaturas cuando sobran aspirantes siempre deja heridos. Para los nuevos partidos 2027 será literalmente una elección de vida o muerte.
No será sencillo.

Mucho menos porque existe otro adversario que todos los partidos parecen subestimar: el abstencionismo.
Por ello, la selección de candidatos será mucho más importante de lo que algunos dirigentes imaginan.
Morena tendría que demostrar si puede administrar su abundancia sin fracturarse, PAN y PRI, si sus estructuras regionales todavía tienen músculo para disputar territorios; MC, si realmente puede convertirse en una alternativa nacional; y los nuevos partidos, si nacieron para representar causas ciudadanas o simplemente para engrosar la nómina del financiamiento público.

En 2027 no solo estarán en juego gubernaturas y curules, también comenzará a escribirse la sucesión presidencial de 2030.
En otro contexto el filósofo estoico Séneca nos ofrece una perspectiva iluminadora: “La verdadera felicidad es gozar del presente sin depender ansiosamente del futuro”. Y añade: “En tres tiempos se divide la vida: presente, pasado y futuro. De éstos, el presente es brevísimo; el futuro dudoso; el pasado, cierto”. Precisamente porque el pasado es cierto, ya ocurrió, ya no puede cambiarse, aferrarse a él con angustia es un desperdicio de la única porción de tiempo que realmente poseemos.
Me encanta esta frase de la película Kung Fu Panda expresada por la sabiduría del Maestro Oogway cuando dice: “El pasado es historia; El futuro es un sueño y el presente es un regalo. Por eso se llama presente”.

Friedrich Nietzsche, por su parte, nos advierte sobre el peligro opuesto; el olvido que nos sana, sino que esclaviza. Para Nietzsche, el olvido tiene una función vital: es “fundamental para evitar que el pasado destruya la fuerza plástica, la vitalidad”. “Si no existiera el olvido el pasado podría crecer como una araña venenosa en la casa de la memoria”. No se trata de borrar, sino de integrar lo vivido sin que ello paralice nuestra capacidad de crear algo nuevo.
Jean-Paul Sartre, desde el existencialismo, nos ofrece una de las reflexiones más liberadoras: “Somos lo que hacemos con lo que hicieron de nosotros”.

El pasado nos condiciona, pero no nos determina. Nuestra identidad no es un producto acabado de lo que nos ocurrió, sino el resultado de las elecciones que hacemos hoy con esa materia prima. Incluso Martin Heidegger sugería que “la raíz del pasado se encuentra en el futuro”, porque el sentido de lo que hemos vivido solo se revela plenamente a la luz del proyecto que decidimos emprender.

Soltar el fardo del pasado no es un acto de debilidad o de memoria: es el acto más valiente de la madurez humana.
La conciencia del presente no borra la historia, pero le quita el veneno. Nos recuerda que el ayer ya no existe y el mañana es solo una posibilidad, pero el hoy es nuestra única realidad de acción. Como sentenció Kierkegaard, valga la repetición, la vida se comprende hacia atrás, pero se vive hacia adelante.
Al habilitar plenamente el presente, tomamos los errores de ayer no como anclas que nos hunden, sino como remos que, impulsados por la sabiduría adquirida, nos permiten navegar con más firmeza hacia el futuro.

La paz no está en tener un pasado impecable, sino en mirarlo desde un presente iluminado por la conciencia.
Y retomando el principio del comentario de esta columna sólo faltan 4 años para la elección presidencial de 2030 y algunos dirán que resulta demasiado pronto para hablar de sucesores, candidaturas y proyectos presidenciales. En política, sin embargo, 4 años pueden ser una eternidad para gobernar, pero no necesariamente para construir una candidatura presidencial.

Por ahora hay dos hombres que, desde nuestra perspectiva, conviene colocar bajo la lupa: Luis Donaldo Colosio Riojas y Andy Manuel López Beltrán.
No porque sean necesariamente quienes encabecen hoy las preferencias electorales, porque no es así, sino porque alrededor de ambos se construyen rutas políticas y hacia 2030.
Movimiento Ciudadano tiene en Colosio Riojas uno de sus principales activos nacionales. Actualmente, es senador por Nuevo León, y carga, para bien y para mal, con uno de los apellidos de mayor peso simbólico de la política mexicana.

La ruta que algunos imaginan para él pasa eventualmente por Sonora y después la candidatura presidencial.
Colosio Riojas, sin embargo, ha puesto públicamente distancia respecto de una candidatura inmediata a gobernador o a la Presidencia. Eso no significa que esté descartado. En política, cuando se saca la cabeza o se alza la mano para algún cargo, de inmediato comienzan los ataques. Es mejor negar la aspiración.
Del otro lado aparece Andy López Beltrán. Como hemos escrito en otras ocasiones, el talento y el carisma no se heredan ni se maman.

Las presidencias no se transmiten mediante el acta de nacimiento. Y aquí aparece el personaje que puede echar abajo cualquier proyecto sucesorio previamente diseñado: Omar García Harfuch.
El secretario de Seguridad tiene hoy algo que Andy todavía no posee: capacidad operativa, posicionamiento nacional y números.

Si hoy Morena tuviera que escoger candidato presidencial mediante popularidad, Harfuch tendría argumentos mucho más sólidos que Andy López Beltrán.

Por eso resulta ingenuo sostener que hablar de 2030 es adelantarse demasiado. Lo verdaderamente interesante será observar cómo se alinean las estrellas durante los próximos dos años.
Primero viene 2027.