En un mundial con poco ánimo, los jugadores pueden levantarlo.


/Enrique de la Madrid/

El Mundial llegó a México antes que el ánimo. Esa es la gran paradoja: seremos sede por tercera vez, un privilegio que ningún país puede presumir, pero la fiesta todavía se siente apagada, con poco color en la calle, obras pendientes y boletos que cuestan oro. Aun así, el fútbol tiene una magia: si la Selección Mexicana aprovecha su casa y hace un papel histórico, esta Copa puede pasar de sentirse ausente a convertirse en una sacudida de orgullo nacional.

De esto platiqué con Fernando Schwartz en el podcast En Blanco y Negro, cuya conversación completa puedes ver en https://youtu.be/ItAz7sjOdig?si=rRSo5TDNLN77C6FE. Fernando coincide que, a pesar de tanta pasión e historia futbolera en México, el ambiente se siente bajo aún con un Mundial en puerta. Faltan pendones, falta color y mejores servicios como la conectividad. En otras palabras: tenemos Mundial, pero todavía no tenemos entusiasmo mundialero.

Por otra parte están los boletos, o mejor dicho, la poca accesibilidad a ellos. FIFA puso precios en dólares, como si la economía mexicana fuera igual que la de Estados Unidos lo que ha limitado considerablemente la adquisición de boletos para la afición. Inclusive algunas empresas turísticas expresan que tal vez no se vaya a atraer tanto turista como se pensaba, lo cual será una lástima, pues se tratará de una oportunidad poco aprovechada.

Finalmente, el Mundial también traerá riesgos. Habrá protestas, porque los grandes eventos atraen cámaras extranjeras y quien quiere ser escuchado sabe que se debe gritar cuando el mundo está mirando.

Ante todo esto, queda una oportunidad, México tiene una ventaja deportiva como pocas veces: sede, calendario favorable, público en casa y una ruta que, si se acomoda, puede llevar al Tri a jugar arropado incluso en ciudades como Houston o Los Ángeles. Fernando lo dijo casi como sentencia: si no es en esta, no va a ser nunca. No significa prometer campeonato, porque vender humo también contamina; significa que pocas veces habrá tantas buenas condiciones que nos permitan lograr el triunfo deseado.

Desde el mundial de 1986, la selección mexicana no llega a cuartos de final; en el último mundial hasta la eliminaron en fase de grupos, situación que no se había observado desde 1978. Sin embargo, esta ocasión puede ser distinta.

En este Mundial las condiciones son muy favorables para la selección, existiendo la posibilidad de que, al menos en lo deportivo, saquemos provecho de ser sede del mundial. Desafortunadamente no se puede decir lo mismo en los aspectos económico y de espectáculo ya que en ello nos hemos quedado atrás; situación que es ciertamente lamentable, puesto que el algún tiempo fue todo lo contrario: México hacía excelentes mundiales; verdaderamente se trataba de una fiesta que enamoraba al mundo.

Por ejemplo, Fernando me contó acerca de lo visionario de un grupo de mexicanos que supieron atraer la atención de la FIFA con un equipo polémico, un estadio monumental, una televisora y el amor de la afición por el balón. Sin embargo, fueron más allá, no sólo atrajeron la atención sino que lograron hacer que México fuera importante para la FIFA.

Según explicó Fernando, el Mundial de 1970 fue el primero con Adidas y Coca-Cola como patrocinadores. Es decir, México no sólo recibió una Copa: ayudó a inventar el Mundial moderno.

En 1986 pasó algo parecido. Fernando cuenta que fue el primer Mundial totalmente patrocinado con alianzas, una especie de ensayo general del gran negocio global del fútbol. Para conseguirlo, Guillermo Cañedo, Justino Compeán y Rafael del Castillo recorrieron 38 países buscando votos. Incluso existe la anécdota de que Del Castillo aprovechó una manifestación para complicarle la entrada a Henry Kissinger, quien abogaba por Estados Unidos. No fue gambeta; fue colmillo, el colmillo mexicano que nos trajo un mundial.

México ha sido reconocido porque sabía hacer muy buenos eventos, por ejemplo a los habitantes de la Ciudad de México se les otorgó La Copa Olímpica por las olimpiadas de 1968 y por 5 años consecutivos, de 2015 a 2019, México obtuvo el premio al mejor evento del año de la Fórmula 1. Esta vez parece que no será así, no obstante, aún queda lo deportivo para sacar provecho de este evento.

México necesita una pausa, una alegría compartida, una tregua mundialista. Que por unos días no todo sea violencia y grilla; que podamos volver a mirarnos en una pantalla gigante, en una mesa familiar o jugando como niños con porterías hechas con sólo un par de piedras. El Mundial llegó antes que el ánimo, sí, pero si la Selección responde y el país se apropia de la fiesta, esta Copa puede recordarnos algo que hace falta: México todavía sabe triunfar.