ENTRE AVISOS Y EJECUCIONES

EL LINCE-

/ Por: César A. Vázquez L /

El 20 de abril de 2026, en el baño de varones de la segunda planta de la Escuela de Bachilleres Joaquín Ramírez Cabañas, turno matutino, en Coatepec, Veracruz, alguien escribió: “Tiroteo miércoles 22. No vengan.”

No fue un rumor.
No fue una percepción.
Fue una amenaza directa dentro de un plantel educativo.

La respuesta institucional llegó en forma de aviso oficial. Bajo membrete del Gobierno del Estado de Veracruz, se informa que “se llevó a cabo una reunión… para coordinar acciones con la autoridad superior y salvaguardar la integridad de los estudiantes”.

Pero el punto crítico no está en lo que dice al inicio, sino en lo que ordena después:

“Se les solicita que, como padres de familia, desde casa, revisen las pertenencias… para verificar que no ingrese al plantel nada que no sea estrictamente para su formación académica.”

Ahí cambia todo.

La seguridad se traslada al hogar.
La prevención se delega.
El Estado sugiere… donde debería intervenir.

Ahora, el contexto que rodea ese aviso. Con fechas, lugares y hechos.

7 de abril de 2026 – Xalapa (El Castillo)
Tres personas ejecutadas en un ataque armado. Un herido. Sin detenidos.

10 al 12 de abril de 2026 – Tuxpan, Papantla y Espinal
Cinco asesinatos en menos de 72 horas. Eventos distintos, misma constante.

16 de abril de 2026 – Diversos municipios de Veracruz
Siete homicidios en un solo día. Ejecuciones en vía pública, talleres y carreteras. Al menos una víctima con signos de tortura.

18 de abril de 2026 – Región de Acayucan
Autoridades reconocen incremento sostenido de homicidios. Sin anuncio de estrategia correctiva.

Últimos 30 días – Estado de Veracruz
Hallazgos de cuerpos abandonados en caminos rurales y zonas urbanas.
Balaceras en espacios públicos sin detenciones inmediatas.

Y en ese entorno, aparece una amenaza de tiroteo en una escuela.

Y la respuesta central es:
revisen mochilas en casa.

El aviso añade que el plantel “implantará protocolos… con el apoyo de seguridad pública”, pero no detalla operativos específicos, ni presencia permanente, ni acciones de contención claras. Todo queda en el margen de “lo que está a nuestro alcance”.

Administrar el riesgo.
No eliminarlo.

Mientras tanto, el 15 de abril de 2026, en Teotihuacán, una balacera rompe la narrativa de zonas seguras. La violencia no distingue espacios: se desplaza, aparece y se repite.

Y aun así, el discurso oficial —estatal y federal— insiste en hablar de estrategia, de control, de transformación.

Pero la realidad no se redacta.

Se ejecuta.
Se dispara.
Se abandona en caminos.

Zygmunt Bauman advirtió que en la modernidad la responsabilidad se diluye hasta desaparecer. Aquí no desaparece: se transfiere.

Del Estado al padre.
De la institución al individuo.

Y eso redefine todo.

Porque cuando en la Escuela de Bachilleres Joaquín Ramírez Cabañas aparece una amenaza de tiroteo, y la respuesta institucional se centra en un aviso que pide revisar mochilas, el mensaje de fondo es otro:

El Estado ya no controla el riesgo.
Lo comparte.

Veracruz está en ese punto.

Donde la violencia tiene hechos…
y la autoridad, comunicados.

La pregunta no es si el aviso era necesario.

La pregunta es:
¿por qué, frente a todo esto, fue suficiente?