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28.08.2926 EUA.- Estados Unidos elevó el nivel tecnológico de sus operaciones contra los drones vinculados con organizaciones criminales mexicanas. El Ejército estadounidense utilizó esta semana un sistema láser de alta energía para neutralizar tres aeronaves no tripuladas que, de acuerdo con autoridades de ese país, estaban relacionadas con actividades de cárteles y representaban una amenaza para personal militar y agentes de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza, CBP.
El Comando Norte de Estados Unidos, USNORTHCOM, informó que los tres drones fueron derribados durante operaciones realizadas entre la noche del martes 25 y las primeras horas del miércoles 26 de agosto. La intervención estuvo a cargo de la Fuerza de Tarea Conjunta de la Frontera Sur, JTF-SB, en apoyo de la CBP.
«Las redes de cárteles están empleando cada vez más sistemas de aeronaves no tripuladas para facilitar el tráfico ilícito de personas y espiar activamente a nuestro personal y a los socios de aplicación de la ley», dijo Taylor.
«Al integrar contramedidas en capas junto con capacidades avanzadas de energía dirigida como este sistema láser, hemos dejado claro que no toleraremos vigilancia hostil.»
La operación se desarrolló en el contexto de una creciente preocupación de Washington por el empleo de sistemas aéreos no tripulados por parte de organizaciones criminales que operan a ambos lados de la frontera. Sin embargo, el propio Ejército estadounidense mantuvo bajo reserva varios detalles de la acción: no identificó al grupo criminal al que pertenecían los drones, no dio a conocer sus características y tampoco precisó el punto exacto donde fueron neutralizados.
Uno de los elementos que ha generado mayor atención es el arma empleada. Se trató del Army Multipurpose High Energy Laser, conocido como AMP-HEL, un sistema de energía dirigida diseñado para enfrentar amenazas aéreas, particularmente aeronaves no tripuladas. La utilización de esta tecnología muestra cómo las autoridades estadounidenses están incorporando sistemas antidrones cada vez más sofisticados a sus operaciones de vigilancia y seguridad fronteriza.
USNORTHCOM explicó que los aparatos fueron considerados hostiles debido a que estaban relacionados con actividades que, según la evaluación militar estadounidense, suponían una amenaza física para efectivos de las Fuerzas Armadas y agentes de la CBP.
El general de división Curtis Taylor, comandante de la Fuerza de Tarea Conjunta de la Frontera Sur, señaló que las organizaciones criminales están utilizando cada vez más aeronaves no tripuladas para facilitar el tráfico ilegal de personas y realizar labores de vigilancia sobre las fuerzas estadounidenses y sus socios de seguridad.
La preocupación no se limita al eventual transporte de drogas mediante drones. Una de las principales funciones atribuidas por autoridades y especialistas a estos aparatos es la vigilancia. Su capacidad para desplazarse a distancia, obtener imágenes y seguir movimientos permite a los grupos criminales conocer las rutas, posiciones y despliegues de las autoridades, además de apoyar operaciones de tráfico de personas, narcóticos, armas y otros bienes ilícitos.
El caso también resulta relevante porque ocurre en una zona en la que el Ejército estadounidense ha incrementado el uso de tecnología antidrones. En julio, efectivos asignados a la Fuerza de Tarea Conjunta de la Frontera Sur mostraron en el Valle del Río Grande sistemas destinados a detectar y contrarrestar aeronaves no autorizadas, entre ellos el Dronebuster, además de otras herramientas de vigilancia aérea y terrestre.
La Fuerza de Tarea Conjunta de la Frontera Sur fue creada en marzo de 2025 para apoyar las labores de seguridad fronteriza del Departamento de Seguridad Nacional y de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza. De acuerdo con USNORTHCOM, durante su primer año realizó miles de misiones de detección y vigilancia a lo largo de las mil 954 millas de la frontera sur estadounidense, además de patrullajes conjuntos y operaciones de monitoreo con distintas agencias.
La propia estructura militar estadounidense reconoce que las operaciones fronterizas incorporan cada vez más sistemas de detección y contramedidas contra aeronaves no tripuladas. USNORTHCOM ha señalado que sus fuerzas trabajan con el Departamento de Seguridad Nacional y la CBP dentro de las facultades que les corresponden para aportar capacidades militares destinadas a proteger el territorio estadounidense.
El episodio de los tres drones adquiere además una dimensión diplomática por la falta de claridad sobre el espacio aéreo en el que fueron destruidos. Hasta ahora, las autoridades estadounidenses no han informado públicamente si los disparos con el sistema láser ocurrieron sobre territorio de Estados Unidos o si alguno de los aparatos fue neutralizado del lado mexicano.
La precisión es importante porque el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum ha sostenido que cualquier acción unilateral de fuerzas estadounidenses en territorio mexicano constituiría una violación de la soberanía nacional. Reuters reportó que las autoridades estadounidenses no aclararon si los derribos ocurrieron en espacio estadounidense o mexicano.
Por ahora, tampoco existe información oficial que permita atribuir los tres drones a una organización criminal específica. Aunque diversos reportes se refieren a ellos como drones de cárteles mexicanos, el comunicado militar estadounidense no identificó al grupo o grupos a los que supuestamente pertenecían.
Ese punto resulta especialmente relevante ante el creciente uso de drones por organizaciones criminales en México. Los grupos delictivos han incorporado aeronaves comerciales modificadas y otros dispositivos no tripulados para labores de vigilancia, transporte y, en algunos casos, ataques contra grupos rivales y autoridades. Especialistas citados por medios estadounidenses han señalado que el uso más frecuente de estos aparatos cerca de la frontera es precisamente la vigilancia para facilitar otras actividades criminales.
El fenómeno no es nuevo ni exclusivo de la frontera estadounidense. En México también se han desplegado sistemas especializados para detectar y neutralizar drones. En marzo pasado, elementos del Ejército Mexicano detectaron y derribaron tres drones que realizaban sobrevuelos considerados irregulares en comunidades del municipio de Navolato, Sinaloa, durante recorridos de vigilancia.
La diferencia en el episodio registrado esta semana está en la tecnología empleada. En lugar de recurrir exclusivamente a métodos convencionales para neutralizar aeronaves no tripuladas, las fuerzas estadounidenses utilizaron un sistema de energía dirigida capaz de concentrar un haz láser sobre el objetivo.
La apuesta tiene implicaciones operativas. Los sistemas láser pueden utilizarse como parte de una defensa por capas contra drones y, al no depender de municiones convencionales para cada intercepción, ofrecen una alternativa tecnológica para enfrentar la proliferación de aeronaves pequeñas y relativamente económicas.
De hecho, la Fuerza de Tarea Conjunta de la Frontera Sur ha convertido la zona fronteriza en un espacio de prueba y empleo de diferentes sistemas de detección y contramedidas contra drones. En sus operaciones se han incorporado tecnologías aéreas, terrestres y sistemas específicamente diseñados para localizar aeronaves no autorizadas.
El derribo de los tres aparatos ocurre, además, en un momento de fuerte presión de Washington contra las organizaciones criminales mexicanas y de una mayor participación de las Fuerzas Armadas estadounidenses en tareas relacionadas con la seguridad de su frontera sur.
Sin embargo, el episodio no debe interpretarse automáticamente como una incursión militar estadounidense en México. Hasta que las autoridades de ambos países aclaren dónde fueron neutralizados los drones, no existe información pública suficiente para afirmar que el Ejército estadounidense haya actuado dentro de territorio mexicano.
Lo que sí está confirmado es que Estados Unidos utilizó una capacidad militar de energía dirigida para neutralizar tres drones que sus autoridades consideraron vinculados con actividades de cárteles y que suponían una amenaza para sus fuerzas y agentes fronterizos. La operación representa otro paso en la creciente militarización tecnológica de la vigilancia de la frontera y evidencia la importancia que han adquirido los drones dentro de las estrategias de las organizaciones criminales.
La incógnita central ahora será determinar de dónde despegaron los tres aparatos, qué organización los operaba, qué actividad realizaban y, sobre todo, en qué lado de la frontera fueron derribados. Hasta que esos elementos sean aclarados oficialmente, cualquier versión que atribuya los drones a un cártel específico o que asegure que la acción ocurrió en territorio mexicano debe manejarse como una hipótesis y no como un hecho confirmado.
La información disponible hasta ahora apunta a una operación estadounidense confirmada, pero todavía existen interrogantes importantes sobre la ubicación exacta del derribo y la identidad de los operadores.

