*Será la pieza inaugural del concierto conmemorativo por los 475 años de la Universidad de México, los 90 de la OFUNAM y los 50 de la Sala.
/ Roberto Gutiérrez Alcalá /
Después de casi un año de labores de remodelación, la Sala Nezahualcóyotl, del Centro Cultural Universitario (CCU), reabrió sus puertas al público para presentar, en el marco del Festival CulturaUNAM, un concierto que conmemorará los 475 años de la Universidad de México, los 90 de la Orquesta Filarmónica de la UNAM (OFUNAM) y los 50 de la propia Sala (se inauguró el 30 de diciembre de 1976).
Dicho concierto arrancó con el estreno mundial de la Fanfarria volcánica, obra escrita para estos festejos por la compositora mexicana Gabriela Ortiz, a pedido de la Dirección General de Música de esta casa de estudios.
“Fanfarria volcánica es un homenaje a la UNAM como una institución importantísima para el desarrollo del conocimiento en el país y un espacio insustituible de reflexión, crítica y libertad, pero también es un agradecimiento a esta casa de estudios porque yo le debo toda mi formación, ya que estudié el bachillerato en el CCH Sur y la licenciatura en la Escuela Nacional de Música; luego tuve la oportunidad de hacer mi doctorado en Inglaterra con una beca que me otorgó y desde hace 25 años soy profesora de tiempo completo en la ahora Facultad de Música”, dijo la compositora ganadora de tres premios Grammy en 2025.
Tono celebratorio
De acuerdo con Gabriela Ortiz, cuando José Julio Díaz Infante, titular de la Dirección General de Música de la UNAM, le pidió que compusiera una obra para la ocasión, le dijo que sí, pero que por razones profesionales y de calendario no podía ser muy larga, por lo que le propuso escribir una fanfarria, y aceptó.
“La UNAM y todas las universitarias y universitarios tenemos mucho que celebrar el próximo sábado y la mejor manera de hacerlo es con una fanfarria… La fanfarria es una forma musical que sirve para abrir un acto solemne, inaugurar una competencia o anunciar la llegada de alguien importante; o sea, tiene un tono celebratorio, de homenaje”.
Metales y percusiones
Para conmemorar el centenario de la UNAM, la compositora escribió la sinfonía Luz de lava, la cual fue estrenada por la OFUNAM el 16 de octubre de 2010 en la Sala Nezahualcóyotl.
“En esa ocasión me inspiré en las fotos del área del Pedregal de San Ángel que ocupa Ciudad Universitaria y que Armando Salas Portugal tomó antes de que se construyera el CCU, así como en algunas frases muy poéticas que las acompañaban. Ahora, con la Fanfarria volcánica quise ‘hablar’ otra vez del entorno ancestral creado por el Xitle, de la lava, de las piedras volcánicas, y de cómo la arquitectura se envuelve en ese entorno, es decir, cómo lo natural se torna parte de la arquitectura y del espacio. En ese sentido, esta pieza también es un homenaje a lo que nos antecede, a lo que ya estaba, a la naturaleza… Por cierto, aunque está escrita para orquesta, tiene como instrumentos protagónicos los metales y las percusiones. Creo que será interesante para los oyentes, porque dentro del repertorio de música clásica de compositores mexicanos no hay muchas fanfarrias. Carlos Jiménez Mabarak compuso una para los Juegos Olímpicos de 1968 y es muy bonita”.
En cuanto a los vínculos que mantiene con la OFUNAM, Gabriela Ortiz recordó que esta agrupación musical estrenó en 1993 su Concierto Candela, para percusión y orquesta.
“Después grabó un disco con esta obra. En aquel entonces, yo tenía 27 años. Así pues, la relación con la OFUNAM ha sido fundamental para mi vida artística. Por eso estoy muy agradecida con ella y por eso la Fanfarria volcánica es también un homenaje a esta agrupación musical y a la Sala Nezahualcóyotl, una de las mejores salas de conciertos de Latinoamérica”, finalizó.
La noche del sábado, la OFUNAM, bajo la batuta de su director titular, Sylvain Gasançon, interpretará, además, el Concierto para violonchelo y orquesta número 1, de Saint-Saëns, con el violonchelista letón Mischa Maisky como solista; el aria Kuda, kuda de la ópera Eugene Onegin, de Tchaikovsky, en una transcripción para violonchelo y orquesta realizada por el propio Maisky; y la Sinfonía número 1, Titán, de Mahler.

