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29.07.2026 La Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) atraviesa una de las mayores crisis de cuestionamientos desde la conclusión de la Copa Mundial de 2026. La más reciente controversia gira en torno a una iniciativa promovida por su presidente, Gianni Infantino, para crear una nueva estructura empresarial que permitiría incorporar inversión privada en los derechos comerciales de las principales competencias organizadas por el organismo, entre ellas la Copa del Mundo, una propuesta que ha provocado una fuerte reacción de federaciones nacionales, confederaciones continentales, dirigentes, políticos y especialistas del deporte.
El proyecto, denominado FIFA Forward Enterprise (FFE), plantea la creación de una empresa encargada de administrar los activos comerciales de torneos como el Mundial y el Mundial de Clubes. Posteriormente, una parte de esa nueva sociedad sería abierta a inversionistas privados con el argumento de incrementar los ingresos y generar mayores recursos para distribuir entre las 211 asociaciones miembro de la FIFA.
De acuerdo con la información difundida por diversos medios internacionales, la propuesta contempla recaudar alrededor de 20 mil millones de dólares mediante la venta parcial de esos activos comerciales. FIFA sostiene que el dinero obtenido fortalecería los programas de desarrollo del futbol en todos los continentes y aumentaría significativamente los recursos destinados a las federaciones nacionales.
Sin embargo, la iniciativa encontró una respuesta inmediata de la Unión de Asociaciones Europeas de Futbol (UEFA), que emitió uno de los pronunciamientos más severos contra la administración de Infantino desde que asumió la presidencia de la FIFA en 2016.
En su posicionamiento, UEFA advirtió que la propuesta “cruza una línea que las instituciones rectoras del futbol nunca deberían cruzar” y sostuvo que “el alma y la gobernanza del futbol no son activos para comerciar”. El organismo europeo también cuestionó la falta de transparencia sobre quiénes serían los inversionistas beneficiados y cómo se distribuirían los recursos generados por la operación.
La inconformidad no se limitó a Europa. La Confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe de Futbol (Concacaf), una de las seis confederaciones afiliadas a FIFA y organizadora junto con Estados Unidos, México y Canadá del Mundial 2026, expresó su preocupación por la ausencia de consultas previas antes de presentar el proyecto.
Según reportes internacionales, dirigentes de Concacaf manifestaron que conocieron la iniciativa a través de publicaciones periodísticas y no mediante los canales institucionales de la FIFA, por lo que cuestionaron el proceso seguido por el organismo.
La Federación Inglesa de Futbol (FA) también manifestó reservas sobre la propuesta y señaló que desconocía el contenido del plan pese a que uno de sus representantes forma parte del Consejo de la FIFA. La organización pidió información completa antes de fijar una postura definitiva y expresó inquietud por el impacto que la iniciativa podría tener en la gobernanza del futbol internacional.
Las críticas se intensificaron después de que trascendiera que las 211 asociaciones nacionales recibieron una carta firmada por Gianni Infantino en la que se les informa que tendrían hasta el 19 de septiembre para decidir si respaldan el proyecto. En la misiva se plantea que, de aprobarse la iniciativa, cada federación podría acceder a recursos extraordinarios superiores a los que actualmente reciben mediante los programas de desarrollo de la FIFA.
Diversos analistas deportivos consideraron que ese planteamiento fue interpretado como una forma de presión para conseguir el respaldo de las asociaciones nacionales, lo que incrementó las críticas sobre la manera en que la FIFA está conduciendo el proceso de toma de decisiones. (
La nueva controversia se suma a una serie de cuestionamientos que marcaron la reciente Copa Mundial celebrada en México, Estados Unidos y Canadá. Durante el torneo, la FIFA enfrentó críticas por la gestión disciplinaria de algunos casos, especialmente después de la suspensión de una sanción al delantero estadounidense Folarin Balogun tras la intervención pública del presidente Donald Trump, situación que despertó dudas sobre la independencia de los órganos disciplinarios del organismo.
También hubo señalamientos relacionados con las restricciones migratorias que afectaron a aficionados y delegaciones de algunos países, así como por el manejo institucional frente a diversas controversias políticas registradas durante el campeonato.
Lejos de disminuir la tensión, Gianni Infantino respondió recientemente a sus críticos mediante una extensa publicación en redes sociales, en la que aseguró que quienes cuestionaron la organización del Mundial estuvieron “consumidos por el odio y la crítica” y por ello no pudieron apreciar lo que calificó como “el mejor espectáculo del mundo”.
“Experimentamos cero violencia, cero incidentes, seguridad al cien por ciento, solamente alegría y felicidad”, escribió el dirigente suizo, quien además pidió a sus detractores “reflexionar, meditar o ver un partido de futbol” en lugar de difundir “rumores falsos”. Sus declaraciones provocaron nuevas reacciones entre dirigentes y medios internacionales, que consideraron el mensaje una descalificación hacia quienes han expresado preocupaciones legítimas sobre la conducción de la FIFA.
Gianni Infantino llegó a la presidencia de la FIFA en 2016 con la promesa de transformar la organización después de los escándalos de corrupción que provocaron la salida de Joseph Blatter. Desde entonces impulsó la ampliación del Mundial a 48 selecciones, el crecimiento del Mundial de Clubes y una política orientada a incrementar los ingresos comerciales del organismo.
No obstante, la propuesta de abrir a inversionistas privados parte de los activos comerciales del torneo más importante del futbol mundial ha generado una de las mayores fracturas entre la FIFA y varias de sus asociaciones miembro. Mientras la dirigencia sostiene que el objetivo es fortalecer financieramente al futbol global, sus críticos advierten que el proyecto podría modificar de manera profunda el modelo de gobernanza del deporte y abrir la puerta a una mayor comercialización de la Copa del Mundo, considerada uno de los patrimonios deportivos más importantes del planeta.


