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06.10.2026., Estocolmo.— El físico belga Francis Halzen, de 82 años, recibió el Premio Nobel de Física 2026 por sus contribuciones decisivas al Observatorio de Neutrinos IceCube y por el descubrimiento de neutrinos de alta energía procedentes de fuentes astrofísicas, anunció este martes la Real Academia Sueca de Ciencias.
Halzen, profesor de la Universidad de Wisconsin-Madison y principal investigador del proyecto IceCube, fue reconocido por impulsar una idea que comenzó a desarrollar en 1988: utilizar el hielo de la Antártida como un gigantesco detector capaz de registrar el paso de neutrinos provenientes del espacio profundo.
Los neutrinos son partículas elementales eléctricamente neutras que interactúan muy débilmente con la materia. Debido a que no tienen carga eléctrica, pueden atravesar enormes distancias sin que los campos magnéticos desvíen su trayectoria y, en el caso de los neutrinos de muy alta energía, transportar información sobre los fenómenos que los produjeron.
Esa característica convirtió al Polo Sur en un laboratorio natural. El IceCube está instalado bajo el hielo antártico y utiliza miles de sensores ópticos distribuidos en aproximadamente un kilómetro cúbico de hielo para detectar los pequeños destellos de luz que se producen cuando un neutrino interactúa con un núcleo atómico. La instalación quedó terminada en 2011.
La observación de neutrinos de origen astrofísico realizada por IceCube fue anunciada en 2013. El hallazgo permitió abrir una nueva vía para estudiar el Universo, ya que estas partículas pueden llegar a la Tierra desde regiones donde ocurren procesos extremadamente energéticos y aportar información que no puede obtenerse únicamente mediante la observación de la luz.
Con el paso de los años, el observatorio ha permitido relacionar algunos neutrinos de alta energía con fuentes situadas fuera de la Vía Láctea. Entre ellas se encuentran la galaxia activa TXS 0506+056 y NGC 1068, también conocida como Messier 77. En 2023, IceCube anunció además la detección de neutrinos procedentes de nuestra propia galaxia.
La colaboración científica que opera IceCube reúne a unos 450 investigadores de 58 instituciones en 14 países. El proyecto estudia no sólo el origen de los neutrinos astrofísicos, sino también los rayos cósmicos, las propiedades de estas partículas y posibles fenómenos que no estén explicados por el modelo estándar de la física de partículas.
El trabajo de Halzen comenzó décadas antes de que IceCube se convirtiera en el observatorio que hoy funciona en la Antártida. Su propuesta consistió en aprovechar la transparencia y estabilidad del hielo del Polo Sur para construir un detector de dimensiones mucho mayores que los instrumentos convencionales, una condición necesaria debido a que los neutrinos de alta energía son extremadamente difíciles de detectar.
El Nobel reconoce así una contribución que transformó la detección de neutrinos en una herramienta para observar el Universo. La Academia Sueca señaló que estos resultados permiten estudiar los aceleradores naturales de partículas existentes en el cosmos y avanzar en la identificación de los procesos extremos que producen partículas con energías que superan ampliamente las que pueden alcanzarse en laboratorios terrestres.
IceCube continúa ampliándose. Durante 2025 y 2026 se instaló una actualización del detector destinada a mejorar su calibración y reducir el umbral de energía necesario para detectar neutrinos, mientras se plantea una futura segunda generación del observatorio con un volumen de detección mucho mayor.
Con el reconocimiento a Halzen, la física de neutrinos vuelve a ocupar el centro de la investigación sobre el Universo extremo: partículas que atraviesan la materia casi sin interactuar se han convertido en una nueva forma de observar fenómenos cósmicos situados a enormes distancias de la Tierra.

