Guterres denuncia ante líderes del mundo violencia y retrocesos en derechos de mujeres y niñas

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*La intervención de António Guterres ante la Asamblea General de la ONU colocó la desigualdad entre mujeres y hombres como una de las expresiones de poder que condicionan la paz, el desarrollo y los derechos humanos.

* El secretario general vinculó la violencia, la discriminación y la exclusión de mujeres y niñas con la forma en que se distribuye y ejerce el poder a escala mundial.

23.09.2026 Nueva York.- La desigualdad entre mujeres y hombres ocupó un lugar central en el discurso que António Guterres pronunció ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, donde el secretario general advirtió que la discriminación, la violencia y la exclusión que enfrentan mujeres y niñas forman parte de una distribución desigual del poder que persiste en distintos ámbitos de la sociedad.

En su intervención ante el pleno de la ONU, Guterres planteó que el mundo atraviesa una transformación en la manera en que se concentra y ejerce el poder. Identificó cuatro grandes desafíos que, desde su perspectiva, determinarán el futuro: las decisiones sobre la guerra y la paz, la concentración de la riqueza y la desigualdad, la crisis climática y el desarrollo de la inteligencia artificial.

Dentro del segundo de esos desafíos, el titular de Naciones Unidas introdujo de manera específica la situación de las mujeres. “No podemos hablar de desigualdades sin mencionar la más universal de todas: la desigualdad entre mujeres y hombres”, afirmó ante los representantes de los Estados miembros.

Guterres señaló que mujeres y niñas continúan enfrentando discriminación, violencia, exclusión y abusos en distintas partes del mundo. También denunció retrocesos en derechos, restricciones a la libertad de expresión y situaciones en las que los cuerpos de las mujeres son utilizados como escenarios de confrontación.

El secretario general no presentó estas condiciones únicamente como un problema social, sino como una cuestión vinculada directamente con el poder. En su discurso explicó que la desigualdad determina quién tiene acceso a oportunidades y recursos y quién cuenta con capacidad efectiva para participar y ser escuchado.

La perspectiva planteada ante la ONU conecta así la desigualdad económica con la desigualdad de género. Para Guterres, hablar de distribución de recursos también implica analizar quién participa en la toma de decisiones, quién tiene acceso a posiciones de liderazgo y qué grupos quedan fuera de los espacios donde se determina el rumbo de las sociedades.

El secretario general sostuvo además que la participación de las mujeres tiene efectos concretos en diferentes ámbitos. “La paz es más duradera cuando las mujeres participan en las negociaciones”, afirmó. Añadió que las economías son más dinámicas cuando las mujeres tienen igualdad de oportunidades y que las sociedades adquieren mayor capacidad de resistencia cuando las niñas pueden estudiar, ejercer liderazgo y vivir sin miedo.

Este planteamiento adquiere especial relevancia al observar la relación que Guterres estableció entre derechos humanos, paz y desarrollo. En otro momento de su discurso sostuvo que esos tres elementos no deben entenderse como asuntos separados: “No hay paz sin desarrollo, no hay desarrollo sin paz, y no hay paz ni desarrollo sin derechos humanos”.

Desde esa perspectiva, la igualdad de género aparece vinculada no solamente con la protección de derechos, sino también con la participación de las mujeres en los procesos políticos, económicos y de construcción de paz.

Guterres también presentó un dato sobre la propia estructura de Naciones Unidas. Aseguró que, durante la última década, la organización alcanzó por primera vez en su historia la paridad de género en todos los puestos directivos superiores, en todas sus sedes y en el conjunto del Cuadro Orgánico. Atribuyó ese resultado a la eliminación de barreras y al cuestionamiento de prejuicios relacionados con el acceso de las mujeres al poder.

“La igualdad no es un sueño: es una decisión”, sostuvo, antes de plantear que ese cambio también puede trasladarse a gobiernos, parlamentos, empresas, procesos de paz y a la propia Asamblea General.

El discurso también situó la violencia contra las mujeres dentro de un escenario internacional marcado por conflictos armados. Al abordar la situación de Oriente Medio, Guterres denunció los efectos de la guerra sobre la población civil y se refirió particularmente a Gaza y a la situación en la Ribera Occidental ocupada. En este contexto, mencionó desplazamientos, violencia y expansión de asentamientos, y sostuvo que no debe desaparecer la posibilidad de una solución de dos Estados.

El secretario general también mencionó la guerra en Sudán, donde señaló que millones de personas han sido desplazadas y denunció ataques contra hospitales y viviendas, además de un incremento de la violencia sexual y de agresiones por motivos étnicos.

La referencia a la violencia sexual en contextos de guerra amplió el enfoque de género de su discurso: la violencia contra las mujeres no fue presentada únicamente como un fenómeno doméstico o comunitario, sino también como una expresión que aparece en escenarios de conflicto y desplazamiento.

La intervención de Guterres se produjo dentro de una reflexión más amplia sobre el ejercicio del poder. Desde el inicio de su discurso sostuvo que las guerras, las violaciones a los derechos humanos, las desigualdades, la crisis climática y el rápido desarrollo de la inteligencia artificial forman parte de una misma discusión sobre quién tiene el poder, quién queda excluido y cómo se utiliza ese poder.

En esa lógica, la desigualdad de género no aparece como un asunto separado del resto de las crisis internacionales. El mensaje del secretario general fue que la forma en que las sociedades distribuyen oportunidades, recursos, representación y capacidad de decisión determina también las posibilidades de alcanzar sociedades más igualitarias.

Al cerrar su intervención, Guterres volvió a relacionar los grandes desafíos mundiales con la necesidad de someter el poder a normas y principios. Señaló que la Carta de las Naciones Unidas se sostiene sobre tres pilares: paz, desarrollo y derechos humanos, y afirmó que no pueden alcanzarse unos sin los otros.

Su discurso dejó así la igualdad entre mujeres y hombres como parte de la discusión sobre el futuro del sistema internacional: no únicamente desde la perspectiva de derechos, sino también como una cuestión de acceso al poder, participación en la toma de decisiones, prevención de la violencia y construcción de paz.

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