Indignación por crimen contra joven vendedor de dulces, nieto de la alcaldesa de Lerdo de Tejada

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26.01.2026 Lerdo de Tejada.- La noche del domingo 25 de enero de 2026, Lerdo de Tejada, municipio veracruzano, fue escenario de un homicidio que ha generado consternación y enojo entre la población.

Dorian, nieto de la alcaldesa Flor María Sosa Zamudio, fue asesinado a balazos sobre la carretera federal 180, en una zona concurrida por transeúntes y comercios. El joven quedó tendido sin vida en la banqueta, a un costado de un expendio de cervezas, con al menos un impacto de bala en la cabeza.

El hecho ocurrió minutos antes de las nueve de la noche, cuando vecinos escucharon varias detonaciones de arma de fuego. Paramédicos llegaron al sitio, pero confirmaron que la víctima ya no presentaba signos vitales.

Elementos de la Policía Municipal y Estatal acordonaron el área en espera de las autoridades ministeriales, mientras la Guardia Nacional mantenía presencia cercana en la región. Al momento el crimen permanece en total impunidad.

De acuerdo con numerosos testimonios de personas que conocían al muchacho, Dorian era un joven que se dedicaba a vender dulces en la zona y no tenía relación alguna con la política de su abuela.

Vecinos señalaron que padecía algún grado de problema mental, lo que hacía aún más incomprensible y doloroso el ataque. La comunidad expresó sorpresa y rechazo, pues lo identificaban como alguien inofensivo, dedicado a su actividad cotidiana y ajeno a cualquier conflicto.

El crimen se suma a la ola de violencia que atraviesa la zona y un conflicto público entre a alcaldesa y el regidor del PT.

La indignación se ha multiplicado en Lerdo de Tejada, donde habitantes cuestionan la efectividad de los rondines de seguridad y la cercanía de un destacamento de la Guardia Nacional que, pese a su presencia, no logró evitar el homicidio.

Hasta el momento, las autoridades no han informado sobre personas detenidas ni sobre las líneas de investigación abiertas.

La falta de resultados inmediatos ha incrementado el malestar social y la percepción de impunidad. Colectivos locales y ciudadanos han exigido justicia, subrayando que la víctima era un joven inocente, vulnerable y sin vínculos con la política, lo que convierte su asesinato en un símbolo del desamparo que enfrentan las comunidades frente a la violencia.