*
25.09.2026 Ciudad de México.- En menos de tres semanas, el Instituto Nacional Electoral (INE) modificó dos veces su identidad visual, en un proceso que comenzó con el abandono del tradicional rosa cívico y terminó con una nueva paleta encabezada por distintas tonalidades de gris y complementada con beige, blanco y negro.
La segunda modificación fue aprobada la noche del 24 de septiembre por la Junta General Ejecutiva, apenas 15 días después de que ese mismo órgano autorizara un nuevo Manual de Identidad Institucional que sustituyó los tonos rosas por una combinación de lila y violeta. El acuerdo más reciente entrará en vigor el 25 de septiembre y establece que el gris será el color predominante en la comunicación institucional del organismo.
El cambio ocurre en medio de cuestionamientos por la rapidez con la que se están realizando las modificaciones, por las similitudes que fueron señaladas entre la primera nueva paleta y colores utilizados por otras instituciones públicas, y por la ausencia de una estimación detallada sobre cuánto costará sustituir materiales, señalética, papelería, elementos gráficos y otros componentes de la imagen institucional.
El Órgano Interno de Control del INE advirtió precisamente sobre este punto durante la sesión en la que se aprobó la nueva modificación. Su titular, Víctor Hugo Carvente Contreras, pidió conocer el impacto presupuestal de la decisión, así como un inventario de los bienes que tendrían que ser sustituidos y la manera en que el organismo evitará gastos innecesarios. También planteó si la modificación resulta compatible con los principios de austeridad, economía, eficiencia y racionalidad del gasto público.
El señalamiento adquiere relevancia porque el cambio no se limita a un diseño utilizado en documentos electrónicos. La nueva identidad deberá aplicarse progresivamente en las oficinas y comunicaciones del INE tanto en sus instalaciones centrales como en su estructura desconcentrada. Sin embargo, hasta ahora no se ha hecho público un monto específico que permita establecer cuánto se ha gastado o cuánto se gastará exclusivamente por abandonar una paleta y sustituirla por otra.
Por esa razón, la afirmación de que el INE ya “erogó millones de pesos” únicamente por cambiar del rosa al lila y posteriormente al gris no está sustentada, hasta ahora, por una cifra oficial publicada. Lo que sí está documentado es que el propio Órgano Interno de Control solicitó que se transparentara el impacto económico de la modificación antes de conocer sus efectos presupuestales.
El episodio comenzó el 9 de septiembre, cuando la Junta General Ejecutiva aprobó el nuevo Manual de Identidad Institucional. Esa decisión dejó atrás el llamado rosa cívico asociado históricamente con el instituto y estableció una paleta distinta. El acuerdo aparece en la documentación oficial de la sesión extraordinaria celebrada ese día.
El nuevo diseño comenzó a generar cuestionamientos prácticamente desde su presentación. Una de las críticas estuvo relacionada con la utilización del lila y su semejanza visual con colores empleados por el Gobierno de la Ciudad de México. El debate llevó al organismo electoral a reconsiderar nuevamente la identidad antes de que transcurriera siquiera un mes desde la primera modificación.
En la sesión del 24 de septiembre, el argumento institucional para adoptar el gris fue distinto. El proyecto señaló que las tonalidades grises serían predominantes en atención a los principios de neutralidad e imparcialidad que corresponden al organismo encargado de organizar las elecciones. La paleta mantendrá además beige, blanco y negro.
La decisión fue aprobada por unanimidad en la Junta General Ejecutiva. En esa instancia no participan los partidos políticos ni las consejerías electorales del Consejo General en los términos de una sesión del máximo órgano de dirección, aunque el acuerdo sí modifica el Manual de Identidad Institucional del instituto.
El procedimiento también fue objeto de observaciones administrativas. El titular del Órgano Interno de Control señaló que la convocatoria para la sesión extraordinaria se realizó con plazos que, a su consideración, requerían una justificación específica. Además, identificó inconsistencias en algunos elementos del proyecto, entre ellos referencias cromáticas, numerales y aspectos tipográficos. La Coordinación Nacional de Comunicación Social aceptó realizar adecuaciones al documento.
Uno de los puntos que permanece pendiente es determinar el costo real de la transición. El propio proyecto establece que la aplicación será gradual y estará sujeta a la suficiencia presupuestal, pero las observaciones del Órgano Interno de Control apuntaron que no se presentó un cálculo preciso que permitiera conocer cuánto costará reemplazar los elementos que todavía conservan la imagen anterior y cuáles podrán mantenerse hasta concluir su vida útil.
El debate ocurre además cuando el INE se encuentra en la preparación del proceso electoral federal de 2027. El organismo aprobó para ese ejercicio una propuesta presupuestal cercana a 48 mil millones de pesos, cifra que fue cuestionada públicamente por una consejera electoral debido a su magnitud frente a ejercicios electorales anteriores. La consejera Carla Humphrey también ha planteado la necesidad de revisar contrataciones y adquisiciones y de recurrir en mayor medida a procedimientos de licitación pública.
La discusión sobre el presupuesto y la identidad institucional son asuntos distintos, pero ambos convergen en una pregunta sobre el uso de los recursos públicos: cuánto representa económicamente modificar nuevamente una imagen que acababa de ser renovada y qué elementos tendrán que sustituirse para hacer efectiva la nueva identidad.
La consejera Carla Humphrey había señalado, además, que la identidad del organismo debe diferenciarse claramente de los colores y emblemas utilizados por partidos políticos y otras instituciones. Según explicó, anteriormente propuso registrar la imagen institucional precisamente para evitar posibles confusiones, pero esa propuesta no prosperó.
El antecedente inmediato es la identidad establecida en 2014, que utilizaba el denominado rosa cívico como uno de los principales elementos visuales del instituto. El propio Órgano Interno de Control señaló durante la revisión del nuevo manual que ese documento de 2014 no había sido modificado formalmente, pese a las referencias hechas en los nuevos documentos a la identidad anterior.
Así, en un periodo de poco más de dos semanas, el INE pasó de una identidad asociada durante años con el rosa cívico a una combinación lila y violeta y, posteriormente, a una imagen encabezada por el gris. La segunda modificación entró en vigor el 25 de septiembre, mientras queda pendiente conocer el impacto financiero concreto de la transición y el alcance de los bienes que deberán ser reemplazados.

