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/ Eduardo Sadot /
En esta serie de artículos que comenzamos en el espacio de Billie Parker, hemos de traer la experiencia y vivencia de grandes mujeres que, por modestia o discreción, son casi anónimas, pero que tienen años de trabajo y un prestigio admirable.
Desde Leona Vicario me resulta difícil ubicar a una gran periodista; desde luego, las ha habido, aunque mi memoria me falle: Hermila Galindo, Rosario Castellanos, Cristina Pacheco, Guadalupe Loaeza y seguramente muchas más. Pero el caso de Jeanette Becerra Acosta es un asunto aparte.
Heredera de una tradición periodística familiar, no pudo entrar a Excélsior, fundado por su abuelo, sino hasta que éste falleció. A lo largo de su carrera, y gracias a su talento y al excelente manejo de idiomas, llegó a participar como corresponsal extranjera en Washington. Con un talento innato, pronto destacó entre la fuente y pudo cultivar una cercana y amistosa relación con Henry Kissinger.
En la guerrilla latinoamericana, al lado de famosos comandantes y guerrilleros, estuvo en riesgo de perecer durante algún operativo contra las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, las FARC, cumpliendo con su tarea de informar como corresponsal de guerra.
Su tarea como reportera le brindó la oportunidad de relacionarse con muchos personajes famosos e incluso hacer algo difícil en la profesión del periodismo.
Como dijera mi abuelita, en el periodismo —como en muchas actividades— no hay que olvidar que no porque el payaso se ría contigo es tu amigo. Jeanette conoce a un sinnúmero de políticos y personajes públicos; su trato con todos ellos es igual.
Una mujer combativa, ambientalista, lo mismo la leíamos sobre la isla de Holbox que con notas sobre política internacional de los Estados Unidos, una mujer comprometida con todo lo que signifique o tenga que ver con un importante número de miembros de su comunidad y con temas de vanguardia o tabú.
Jeanette es de esos personajes que cautivan desde la primera charla; si ganas su amistad, es amiga para toda la vida.
Una mujer analítica, inteligente y sabia. Cuando mira a su interlocutor con esa mirada firme y azul, conociendo su historia, es difícil mantenerle la mirada. Una mujer de trato franco y reservado que tiene detrás de sí un bagaje de experiencias, vivencias y anécdotas que dan para pasar muchas horas disfrutando su charla.
Su historia personal es abundante y rica; trae en su equipaje mucho de México y del mundo. Dueña de una inteligencia inigualable, tiene mucho que compartir con las nuevas generaciones de periodistas y reporteros que quieran aprender, aunque a veces les cueste encontrarla.
Jeanette ha dedicado los últimos años a vivir y disfrutar la compañía de su querida mascota, “Eltton”, a quien sigue recordando. Pasa temporadas entre Querétaro y Ciudad de México, disfrutando las charlas con ese universo de amigas y amigos que la aman y admiran.
Jeanette Becerra Acosta es de esas mexicanas grandes, portentosa periodista, modesta, sencilla y de comportamiento humilde, ese que sólo la grandeza puede dar y que, después de muchos años de trabajo y dedicación, da y brinda mucho de su experiencia a quienes hemos tenido la oportunidad de compartir su vida. ¡Que Dios nos la cuide muchos años!.
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