*DE PRIMERA MANO
/Por Omar Zúñiga/
Antes de comenzar, aclaremos algo: esta columna no pretende atacar a nadie. Al contrario, es un homenaje.
Un reconocimiento sincero a Jorge Viveros Pasquel, ese valiente veracruzano que demostró que con suficiente descaro —perdón, con suficiente ambición— y un padrino bien posicionado, cualquier licenciado en Administración de Empresas puede aspirar a dirigir una corporación policial. El sueño americano, región cuatro.
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Viveros Pasquel es, según consta en su hoja de servicios, licenciado en Administración de Empresas. Tiene diplomados, muchos. Tantos que da calor nomás de leerlos: El hombre colecciona credenciales internacionales como otros coleccionan estampas del álbum del Mundial.
Lo que no tiene —detalle menor, casi insignificante— es un solo día de experiencia operativa como policía. Ni un turno. Ni un retén. Ni una noche patrullando las calles de Xalapa. Pero oiga, tiene un diplomado de Colombia, que eso -a decir verdad- no cualquiera.
Su carrera completa en “seguridad pública”: asesor del Secretario de Seguridad en el gobierno del inútil (AMLO dixit) de Cuitláhuac García, asesor en la Secretaría particular del mismo Cuit, asesor en el Ayuntamiento. El problema es que asesorar no es lo mismo que mandar y mucho menos liderar. Y dirigir una policía municipal requiere exactamente eso: saber mandar y liderar.
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Toda historia de ascenso meteórico sin mérito propio necesita invariablemente, un padrino.
El de Viveros Pasquel resultó ser Eric Cisneros Burgos, el tristemente célebre personaje conocido como Bola 8, ex secretario de Gobierno.
La “amistad” entre ambos era de esas entrañables: motos, rodadas y —aquí viene lo bueno— comidas con música organizadas desde la Academia Regional de Seguridad Pública del Sureste, con cargo al erario público.
Es decir: usted, ciudadano de a pie, estimado contribuyente, pagó las botanas de las rodadas de Bola 8.
Los nexos no eran sólo de índole gastronómica y festiva.
Nuestro protagonista habría participado en operaciones para boicotear la campaña electoral de quien hoy es mandamás en Veracruz y enemiga de Bola 8, es decir la gobernadora Rocío Nahle.
El maldito “pero” de siempre es que Bola 8 cayó de la mesa y de la gracia.
Las investigaciones por presuntos desvíos y corrupción durante su gestión dejaron a Cisneros Burgos en una posición bastante incómoda. Y Jorgito, tan cerquita todo el tiempo, quedó con ese inconfundible aroma a quemado de quienes estuvieron muy cerca del fuego.
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En algún momento de lucidez colectiva —o quizá fue una pesadilla que afortunadamente no se concretó del todo—, el nombre de Viveros Pasquel comenzó a circular como posible director de la Policía Municipal de Xalapa a finales del cuatrienio pasado.
Sí. Director de la policía. El hombre de los diplomados. El asesor perpetuo. El organizador de comidas con música.
Las reacciones en los círculos de seguridad fueron, según se cuenta, de una sorpresa de película, casi equivalente a la indignación que levantó.
¿Con qué antecedentes? ¿Con qué experiencia operativa? ¿Con qué autoridad moral para pararse frente a elementos que llevan años en la calle enfrentando situaciones que Viveros Pasquel sólo conoce de los documentales de Netflix?
Proponer a un personaje así para ese puesto es como proponer al administrador del estadio como delantero del equipo porque conoce muy bien el vestidor.
La propuesta no prosperó.
El universo, en un acto poco frecuente de justicia casi poética, dijo que no.
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Pero nunca se rindió… y también su plan inicial de aparecer en el lugar número 6 de la planilla de regidores de Morena-PVEM para el Ayuntamiento de Xalapase fue al traste.
¿Cómo llegó ahí? No fue por votación interna, ni mucho menos por reconocimiento ciudadano, ni porque la militancia lo aclamara en una asamblea trepidante. Llegó porque Esteban Ramírez Zepeta, dirigente estatal del partido, hizo una llamada. O varias.
O bien las hizo su padrinito Bola 8. El caso es que Viveros Pasquel apareció en la lista como aparecen esas canciones que uno no pidió en el playlist: de repente, sin que nadie entienda cómo llegaron ahí apareció bad bunny en la playlist de Led Zeppelin.
Fue calificado como imposición. Palabra fuerte, pero precisa. Porque cuando un candidato llega a una planilla no por lo que es sino por a quién conoce, la democracia se convierte en una formalidad muy bien ensayada pero bastante hueca por dentro.
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Y así llegamos al hoy en día: sin la dirección policial que soñó, instalado en una candidatura que no ganó, cargando la sombra de un padrino que está bajo investigación y con un CV que visto al microscopio, es más currículum de relaciones públicas que de servidor público.
Xalapa espera funcionarios que lleguen por lo que saben hacer, no por las cenas a las que asistieron ni mucho menos las que organizaron con cargo al erario.
A Viveros Pasquel le sobran diplomas y le faltan méritos. Le sobraba padrino y le falta calle. Le sobra ambición y le falta causa. En política, ese es el perfil más peligroso: el que no sabe lo que no sabe y no entiende que no entiende.
¡Qué barbaridad!
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