*Palabra de Antígona.
/Sara Lovera /
Las mujeres y el feminismo en México sostienen, al menos desde hace 50 años, que el acceso de las mujeres a los espacios de toma de decisiones, además de ser un derecho, tiene como objetivo fundamental transformar el ejercicio del poder, sin repetir los vicios tradicionales y patriarcales.
Es muy importante hacer visible la labor de las mujeres y reconocer los avances de la paridad, sin dejar de evaluar su desempeño y sus resultados.
No es secreto para nadie que la inclusión creciente de mujeres en espacios estratégicos de la gobernanza nacional es positiva y democrática. Sin embargo, también nos obliga a evaluarlas política y socialmente, especialmente por el uso de recursos del erario.
Esto es doblemente importante en este momento, de cara a las elecciones de 2027, cuando se renovarán miles de puestos en los tres órdenes de gobierno. Era motivo de celebración que, por primera vez, una mujer fuera responsable de garantizar unas elecciones creíbles y confiables, así como de cuidar el mandato constitucional de la paridad y los derechos de las mujeres. La presidenta del INE se equivocó.
En esta nueva época, con una mujer en la Presidencia de la República y otra al frente de la Secretaría de Gobernación, responsable de la paz y la política, ninguna mujer puede repetir historias de corrupción o de uso de mecanismos de control en beneficio de su círculo más cercano.
Debemos conocer un dato sorprendente: las mujeres presiden 19 de los 32 Organismos Públicos Locales Electorales, 59.5 por ciento, y ocupan 55 por ciento de todas las consejerías electorales del país. Además, son mujeres quienes presiden la mayoría de las salas regionales del Tribunal Electoral, donde se resolverán los conflictos del proceso de 2027. Todas están a prueba.
Vivimos un resultado numérico inédito de participación femenina. Mientras aplaudíamos, cayó como un balde de agua fría el señalamiento de presuntos actos de corrupción contra la consejera presidenta del INE, Guadalupe Taddei Zavala, que motivó exigencias de renuncia. Ahora tenemos el derecho a saber bien qué pasó. La renuncia no es suficiente.
Es importante recordar lo que hemos defendido hasta la saciedad: en la cultura democrática, tanto la crítica periodística como la investigación, el escrutinio público y la verdad son indispensables, legítimos y necesarios. Habrá que demostrar si, como ella dice, por la velocidad informativa hubo “trascendidos, montajes, filtraciones y versiones” que deben verificarse y corroborarse. Eso corresponde ahora al gobierno federal.
No podemos olvidar que la presidenta del INE puso en una condición de riesgo al árbitro electoral, por lo que es indispensable hacer efectivo lo dicho por Claudia Sheinbaum Pardo: “No debe haber ninguna sombra de corrupción en el INE, eso pienso”, porque, explicó, “entre todos y todas tenemos que cuidar al Instituto Nacional Electoral”.
Para aquilatar el caso con rigor feminista, hay que separar la conducta administrativa y todas sus consecuencias de lo que conocemos como sesgo de género. No se trata de eximir a Taddei Zavala —ya se aclararán las acusaciones—, pero es muy importante blindar el proceso frente a las narrativas misóginas que buscan utilizar las faltas que se le atribuyen para hablar de la “incapacidad innata” de las mujeres para presidir el Estado democrático.
Las mujeres, agrupadas en redes y reunidas en foros en torno del aniversario número 73 del logro del voto femenino, pusieron sobre la mesa que es tiempo de que las mujeres rindan cuentas sin concesiones. Desde la óptica feminista, el género no puede ser un escudo contra la fiscalización de los recursos públicos ni frente a las acusaciones. Queremos conocer los resultados de la investigación sobre los contratos por 195.1 millones de pesos, así como las responsabilidades de otras u otros involucrados. Son nuestros votos los que están en juego.
Exigir ahora transparencia en la investigación y rendición de cuentas a la funcionaria es una muestra de respeto hacia todas las mujeres que ejercen el poder y participan en la política. Veremos.
Periodista. Editora de Género en la OEM y directora regional de Semlac

