Keiko Fujimori se perfila como presidenta de Perú tras imponerse en competida elección

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07.06.2026 Lima, Perú.- La candidata conservadora Keiko Fujimori se perfiló este domingo como la virtual ganadora de la segunda vuelta presidencial en Perú, luego de que los primeros resultados oficiales la colocaran al frente de la contienda frente al candidato izquierdista Roberto Sánchez, en una elección considerada una de las más polarizadas de la historia reciente del país andino. Foto tendencia IPSOS.

Con el avance inicial del escrutinio difundido por los organismos electorales peruanos, Fujimori obtenía alrededor del 52 por ciento de los votos válidos frente al 47 por ciento de Sánchez, una ventaja que le permitió proclamarse vencedora mientras continuaba el conteo oficial de sufragios.

La elección puso fin a una intensa campaña que enfrentó dos proyectos políticos radicalmente distintos para el futuro de Perú. Por un lado, Keiko Fujimori, líder del partido Fuerza Popular e hija del fallecido expresidente Alberto Fujimori, centró su discurso en la seguridad pública, el combate a la delincuencia, la estabilidad económica y la atracción de inversiones. Por otro, Roberto Sánchez, candidato de Juntos por el Perú y exministro durante el gobierno de Pedro Castillo, impulsó propuestas de transformación institucional, una nueva Constitución y una mayor participación del Estado en sectores estratégicos de la economía.

La victoria tiene un significado especial para Fujimori, quien llegó a esta elección tras tres intentos fallidos de alcanzar la Presidencia. La dirigente de 51 años había perdido anteriormente las elecciones presidenciales de 2011, 2016 y 2021, convirtiéndose en una de las figuras más persistentes y controvertidas de la política peruana.

Su ascenso en la política nacional está estrechamente vinculado a la figura de su padre, Alberto Fujimori, quien gobernó Perú entre 1990 y 2000. Durante ese periodo implementó políticas económicas de libre mercado y una dura ofensiva contra grupos insurgentes como Sendero Luminoso, pero también enfrentó graves acusaciones por violaciones a los derechos humanos y corrupción. Ese legado continúa dividiendo profundamente a la sociedad peruana.

La segunda vuelta se desarrolló en un contexto de fuerte desgaste institucional. Perú ha atravesado una década de inestabilidad política caracterizada por la sucesión constante de presidentes, enfrentamientos entre el Ejecutivo y el Congreso, investigaciones por corrupción y una creciente desconfianza ciudadana hacia la clase política. Desde 2016 el país ha tenido ocho presidentes distintos, una situación que ha debilitado la confianza en las instituciones democráticas.

La campaña estuvo marcada además por la preocupación ciudadana ante el aumento de la criminalidad, uno de los temas que más influyeron en el comportamiento del electorado. Fujimori logró capitalizar el sentimiento de inseguridad mediante propuestas de fortalecimiento policial y endurecimiento de las políticas contra el crimen organizado.

Analistas políticos señalaron que la candidata conservadora obtuvo importantes respaldos en Lima y otras zonas urbanas, donde existe preocupación por la situación económica y la estabilidad institucional. En contraste, Sánchez encontró su principal base de apoyo en sectores rurales y regiones históricamente marginadas, donde sus propuestas de redistribución y reformas estructurales encontraron mayor eco.

La elección también fue observada con atención por los mercados financieros y organismos internacionales. Diversos sectores empresariales habían manifestado inquietud ante la posibilidad de reformas económicas profundas impulsadas por Sánchez, mientras que la candidatura de Fujimori era vista como una opción de continuidad respecto al modelo económico vigente.

Durante la primera vuelta presidencial, celebrada el pasado 12 de abril, ninguno de los 35 candidatos logró obtener la mayoría necesaria para ganar en primera instancia. Fujimori fue la candidata más votada con poco más del 17 por ciento de los sufragios, mientras que Sánchez avanzó al balotaje tras obtener alrededor del 12 por ciento de los votos válidos.

El resultado confirmó una vez más la fragmentación política que caracteriza actualmente al sistema peruano. Los dos candidatos que avanzaron a la segunda vuelta sumaron menos de una tercera parte de los votos emitidos en la primera ronda, reflejo de una ciudadanía profundamente dividida y desencantada con las opciones políticas tradicionales.

Aunque los resultados oficiales definitivos aún deberán ser validados por las autoridades electorales, la tendencia observada durante el conteo colocó a Keiko Fujimori en posición favorable para convertirse en la próxima presidenta de Perú para el periodo 2026-2031.

De confirmarse la victoria, Fujimori enfrentará el desafío de gobernar un país polarizado, con altos niveles de desconfianza institucional y demandas urgentes en materia de seguridad, crecimiento económico y combate a la corrupción. Su principal reto será construir gobernabilidad en una nación que durante los últimos años ha vivido una de las etapas de mayor turbulencia política desde el retorno de la democracia.

La elección presidencial de 2026 podría marcar así el inicio de una nueva etapa para Perú, aunque también deja al descubierto las profundas divisiones sociales y políticas que continúan definiendo el rumbo del país sudamericano.