La ciencia feminista promueve equidad y justicia social para cuerpos marginados

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*Seminario Universitario de Historia, Filosofía y Estudios de las Ciencias y la Medicina.

*Las epistemologías en este ámbito están resonando con dimensiones de innovación en los estudios de la salud: Itzel Cadena, de la CIGU.

/ Laura Lucía Romero Mireles /

La incorporación de grupos históricamente oprimidos, con enfoques críticos emancipatorios, enriquece la innovación en ciencia y tecnología, afirmó Itzel Cadena Alvear, colaboradora de investigación en la Coordinación para la Igualdad de Género (CIGU) de la UNAM e integrante de la Red de Ciencia, Tecnología y Género (Red CITEG).

En la conferencia “Epistemologías feministas en las ciencias de la salud: nuevas miradas sobre diagnóstico, cuerpo y diversidad”, organizada por el Seminario Universitario de Historia, Filosofía y Estudios de las Ciencias y la Medicina (SUHFECIM), la experta señaló que la ignorancia biomédica sobre el cuerpo de las mujeres “es una producción activa, diseñada para proteger relaciones de poder y evadir responsabilidades”.

Se requiere de una “objetividad fuerte” para reconocer desde dónde se produce el conocimiento, incorporando a expertas a un diálogo horizontal para la producción de saberes, y dispositivos técnicos que terminen impactando en sus vidas, añadió en la sesión moderada por Ilse Abril González Cruz, integrante de la Facultad de Ciencias.

El objetivo central de una ciencia feminista es la transformación de la producción de saberes para promover la equidad y la justicia social, no únicamente para los cuerpos de las mujeres y otros históricamente marginados. Hoy, “las epistemologías feministas están resonando con dimensiones de innovación en las ciencias de la salud”.

Antes, la maestra en filosofía de las ciencias cognitivas explicó que el desconocimiento sistemático sobre el cuerpo feminizado también va hacia los otros cuerpos con ciertas condiciones o fenómenos patológicos, como sucede en el caso de la endometriosis, que recibe poco financiamiento y atención para su investigación, y cuando las usuarias acuden a consulta es común que sus testimonios sean trivializados o desestimados bajo narrativas permeadas por sesgos de género.

Otro de los mecanismos dentro de la taxonomía de la ignorancia cultivada, propuesta por la filósofa feminista Nancy Tuana, es la gestión del privilegio en contextos de opresión, es decir, que la ignorancia se gestiona para estabilizar las jerarquías del sistema dominante, por lo que sólo sujetos privilegiados pueden tener este derecho a no saber y además a evitar activamente el reconocimiento de las condiciones de vida de los grupos marginados, con tal de no enfrentarse a las consecuencias morales de la realidad de cuerpos racializados o feminizados.

Uno más es el autoengaño ante consecuencias de altos costos; las y los profesionales de la salud suelen optar por reforzar la ignorancia con tal de no validar la misoginia, el racismo o el clasismo como una posibilidad que se lleva a cabo en los encuentros clínicos. Esto sucede ante la normalización del dolor severo durante procedimientos ginecológicos de rutina, como el papanicolaou, las biopsias, la inserción del DIU o colposcopias, que se realizan sin anestesia local.

Algunas teóricas, dijo Cadena Alvear, hablan de cómo hasta hace muy poco en los ensayos clínicos se comenzó a fomentar la incorporación de cuerpos de mujeres cisgénero y feminizados para ahondar sobre los efectos, por ejemplo, de medicamentos o psicofármacos en estos cuerpos que tienen tendencias distintas en términos metabólicos y hormonales.

Los fenómenos sociales de olvido y negación ante la evidencia física de los hechos son otro mecanismo, lo cual se observa, por ejemplo, ante la minimización de los daños de dispositivos biomédicos, como pueden ser los anticonceptivos hormonales o el implante subdérmico, pues durante años se ha negado la gravedad de sus efectos, y con frecuencia se adjudica ese malestar a las usuarias de forma individual, como si fueran problemas psicosomáticos, protegiendo a la par a la industria biomédica de tomar responsabilidad por los efectos aversivos.

La ignorancia cultivada es un concepto que todavía necesitamos utilizar para los análisis que llevemos a cabo dentro de las ciencias y las tecnologías, y a la par de esta noción, otro de los aportes principales de las epistemologías feministas es que dan cuenta de que la ciencia no se trata de un espacio neutral; al contrario, las preguntas científicas, las agendas de investigación y las prácticas dependen de quién investiga y de su contexto sociohistórico, finalizó.