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Por Rodolfo Ondarza*
Durante la LXVI Reunión Plenaria Ordinaria del Consejo Nacional de Autoridades Educativas (Conaedu) se acordaron, por las autoridades estatales, y por unanimidad, cambios al calendario escolar 2025-2026 por calor y Mundial de Futbol.
Este tema se ha convertido en una arena política surrealista, en donde en el fondo, los temas electorales van por arriba del principio del interés superior de la niñez.
La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) se pronunció el sábado 9 de mayo del presente año sobre el recorte propuesto por la Secretaría de Educación Pública (SEP) del ciclo escolar 2025-2026 que justificó las disposiciones por las altas temperaturas y el Mundial de Futbol 2026.
En su comunicado la CNDH afirma que “Es importante tomar en consideración que dichas disposiciones únicamente impactan en las jornadas educativas de niñas, niños y adolescentes, no así en las jornadas laborales de las personas cuidadoras, provocando que niñas y niños permanezcan solos en el hogar. Esta situación contradice el principio del interés superior de la niñez, pues coloca a los menores en un estado de vulnerabilidad al privarlos del acompañamiento y cuidado que requieren para su desarrollo integral”.
La CNDH puntualizó que la propuesta de la SEP se realiza “sin tomar en consideración los contextos sociales y laborales de las personas cuidadoras, vulnera el derecho de la niñez a ser debidamente cuidada”, y que en algunos casos las personas que ejercen los cuidados de los menores “no cuentan con redes de apoyo suficientes como para garantizar su debida protección y atención“.
La CNDH sostiene que cualquier modificación al calendario escolar debe analizarse bajo el principio del interés superior de la niñez, con perspectiva de género y enfoque integral de los derechos humanos.
De la misma manera que me sorprende el pronunciamiento de la CNDH, me produce un efecto similar la propuesta de la SEP aprobada en los niveles federal y estatales.
Así como en general me parecen tibias e incongruentes muchas de las acciones de la CNDH, igualmente me parecen las disposiciones de la SEP, que no acaban de tener una dirección que cambie el destino educativo, con un verdadero impacto en la vida laboral y productiva de los jóvenes; y por lo tanto en una repercusión definitiva que debería existir en el desarrollo científico, tecnológico y económico de México.
Por supuesto que un Mundial de Futbol no tendría porqué ser causa de modificación de ningún calendario escolar. De eso no hay duda.
Yo no soy futbolero, así que le pregunté a un par de inteligencias artificiales si México tenía probabilidades de ganar el mundial y las respuestas fueron claras:
“Matemáticamente, México tiene posibilidades de ganar el Mundial 2026, pero son muy bajas, situándose con cerca del 1.3% al 1.7% de probabilidad. Supercomputadoras y analistas ubican al “Tri” alrededor del puesto #13 entre los favoritos, con aspiraciones reales de llegar a cuartos de final”. Y en otra aplicación: “No, México tiene muy pocas posibilidades reales de ganar el Mundial 2026, aunque la localía (como co-anfitrión) le da una ventaja importante para avanzar en las primeras rondas. México es consistente (siempre clasifica desde 1994), pero nunca ha pasado de octavos en las últimas 8 ediciones (excepto cuartos en 1970 y 1986 como local)”.
Es decir, no existe una lógica, ni aún siendo fanático del futbol. El deporte debe practicarse, no únicamente verse, realizarlo lleva a salud mental y física.
Tanto la SEP como la CNDH olvidan temas que son verdaderamente importantes.
La educación básica no tiene como función la de “cuidar”, sustituyendo a los padres, o en ausencia de ellos, a la infancia ni a nuestros adolescentes.
El pensar que las escuelas son un depósito de niñas y niños si atenta contra el principio del interés superior de la niñez. Quienes tienen el derecho y la obligación primaria de atender y educar a los niños son sus padres, no los maestros.
De acuerdo con la SEP y la Nueva Escuela Mexicana (NEM), las funciones de la educación básica (preescolar, primaria y secundaria) se centran en garantizar el derecho a una educación pública, gratuita, inclusiva y de calidad, promoviendo el máximo logro de aprendizajes, el pensamiento crítico y la formación integral de niñas, niños y adolescentes. La SEP, es la entidad responsable de la supervisión, aprobación, ejecución, diseño e implementación de los programas académicos del país.
Para la SEP y la normativa vigente (Ley General del Sistema para la Carrera de las Maestras y los Maestros y Acuerdo 96), los maestros son agentes fundamentales del proceso educativo. Sus funciones principales incluyen planear y evaluar la enseñanza, asegurar el máximo logro de aprendizaje de los alumnos con un enfoque de equidad y excelencia, inculcar valores y hábitos de disciplina, y mantener una comunicación constante con los padres de familia.
Las vacaciones existen, si se adelantan, atrasan, extienden o se acortan, seguirán existiendo. Antaño tanto padres como hijos se alegraban de la posibilidad de estar más tiempo juntos, se disfrutaba de la compañía y era un momento propicio para educar a los hijos.
El rezago educativo no puede ser repuesto en un mes; y si hablamos de cada caso, existen alumnos en secundaria que apenas saben leer y escribir, su rezago implica años de trabajo. Esta baja calidad no es visible para la CNDH ni para la SEP.
¿Qué pasa con los padres de familia?.
Los datos nacionales e internacionales confirman que la gran mayoría de los abusos contra la niñez, incluyendo la violencia física, sexual y psicológica, ocurren dentro del hogar y son perpetrados por familiares o personas cercanas al menor. Cerca del 90% de las violaciones contra niñas en México sucede en el entorno familiar. Solo uno de cada 1.000 casos alcanza una condena, según la OCDE.
Es en la casa donde muchas veces nacen quienes ejercen el bullying y también las víctimas del mismo; y donde se gestan futuros sociópatas orquestadores del mobbing, y del sadismo y corrupción en diferentes esferas; o por el contrario, excelentes personas, honestas, analíticas, pensantes, responsables, comprometidas y productivas.
Cada vez vemos más, con gran preocupación, casos de agresión, incluso mortal, de alumnos o padres de familia contra otras y otros alumnas y alumnos, así como contra maestros; no sólo al interior de los planteles escolares sino en las afueras, en donde alumnos y padres de familia participan en estos actos violentos.
Es muy inocente pensar que un estudiante está a salvo de agresiones psicológicas o físicas en las escuelas; esa violencia social se origina desde los hogares, la niña o el niño agredido en casa muchas veces oculta, por vergüenza o miedo, lo que ocurre tras la puerta de su casa.
La participación de los padres de familia es fundamental para que el alumno cumpla con sus tareas y tenga una conducta apropiada, respetuosa y responsable en la escuela.
Hay quejas por algunos padres de familia por la ampliación y por las modificaciones del calendario escolar. El descanso es un derecho y las neurociencias muestran sólidas evidencias de que es necesario para incrementar el aprendizaje y la productividad.
Pero honestamente ¿están preocupados por la calidad académica?, ¿por qué nunca se han manifestado en relación a los planes de estudios?.
Siempre hay periodos vacacionales entonces ¿cómo dedican tiempo de calidad a sus hijos?, ¿qué hacen con sus hijos en los periodos vacacionales para mejorar la calidad de vida de ellos?, ¿qué hacen en un periodo normal de un par de meses de vacaciones para proteger a sus hijos?. ¿No deberían ser más preocupantes las condiciones se encuentran nuestras escuelas?.
Son preguntas que surgen de los argumentos usados por padres de familia, que deben ser escuchados y atendidos de una manera racional. Las maestras y maestros, como lo fue la mía, son también madres y padres, tenemos que recordarlo.
La CNDH debería realizar programas efectivos para abatir la violencia doméstica y la violación de los derechos humanos de la infancia desde casa.
Además debería pronunciarse por la existencia de programas vacacionales educativos, culturales, artísticos y deportivos. Eso sería de utilidad para proteger los derechos humanos de la infancia.
Por supuesto lo anterior también aplica para la existencia de la plantilla completa de docentes; no hay maestros suficientes de educación artística, física, maestros de apoyo ni psicólogos. Debería existir educación cívica y ética.
Por otra parte, también debería pronunciarse por una verdadera excelencia académica, que no es posible lograr si un alumno, por el simple hecho de estar inscrito en el programa escolar va pasando de grado en grado sin superar su ignorancia.
La CNDH debería pronunciarse, ya que se dice estar muy interesada en la niñez, contra la venta a menores de edad de comida chatarra y bebidas edulcoradas y que afectan gravemente la salud; así como de sustancias y productos que se ha demostrado que producen cáncer.
La educación no puede verse como un negocio.
¿En qué condiciones se encuentran nuestras escuelas?
Según informes basados en datos de organismos como el INEGI y el INEE de 2023, aproximadamente el 97% de las escuelas de educación básica en México presentan alguna carencia de infraestructura, afectando a más de 17 millones de estudiantes y 750 mil maestros que asisten a escuelas con carencias. Las deficiencias incluyen falta de agua, drenaje, luz, internet, mobiliario o problemas estructurales. Miles de escuelas operan sin agua potable (más de 9,000) o electricidad (más de 5,000). Solo tres de cada 10 escuelas funcionan con sanitarios en óptimas condiciones. Más del 60% de las escuelas primarias tienen más de 25 años de antigüedad, superando su vida útil. Solo el 3% de las escuelas básicas carecen de problemas de infraestructura, según reportes. Estas condiciones vulneran el derecho a una educación de calidad, evidenciando un rezago crónico en la inversión física educativa. Dejemos para otro momento los planes de estudio.
Estos son temas olvidados por la CNDH, y de importancia toral, y por los que la CNDH debería pronunciarse al ser fundamentales en el principio del interés superior de la niñez; igualmente que los padres de familia tendrían que hacer suyos estos factores que influyen en el desarrollo, aprendizaje e incluso en la salud de sus hijos. No unas vacaciones.
Decía que este tema se ha convertido en una arena política surrealista, en donde en el fondo, los temas electorales van por arriba del principio del interés superior de la niñez. Sin duda se llegó a un acuerdo por unanimidad de las autoridades estatales educativas con la SEP para realizar cambios al calendario escolar 2025-2026 por calor y Mundial de Futbol.
Ahora resulta que al menos cuatro autoridades educativas, representantes de cuatro entidades federativas (Guanajuato, Chihuahua, Nuevo León y Jalisco), están en contra de lo que ellos mismos votaron y acordaron a favor.
En los partidos políticos se está pensando en el costo político y que más se puede agregar, además de las despensas, para favorecer el apoyo electoral de la oposición.
La gobernadora de Guanajuato ha ido todavía más allá en esta irresponsable búsqueda de raja política.
Propone reducir las vacaciones a solo dos semanas, saliendo el 17 de julio y regresando el 3 de agosto. Eso ni es saludable para la infancia ni para los adolescentes, ni ayuda a un rezago educativo, va en contra de los derechos laborales del magisterio a quienes propone sobre explotar, y busca claramente el voto de electores que ha ido perdiendo.
Ahora bien, el asunto del calor.
¿Cuántas de nuestras escuelas tienen aulas con techos de lámina o paredes de cartón?. ¿Cuántas escuelas están verdaderamente equipadas para que el alumnado y maestros puedan aguantar los cambios climatológicos?.
El calor extremo reduce significativamente el aprendizaje al disminuir la concentración, memoria y retención de información. Temperaturas superiores a 26.7°C pueden reducir el aprendizaje anual hasta un 1%, ya que el estrés térmico dificulta tareas cognitivas complejas y agota físicamente a los estudiantes, y también a los maestros.
A estas temperaturas disminuyen las habilidades cognitivas; el estrés térmico provoca cansancio, ansiedad, inestabilidad emocional, alterándose la paz y convivencia escolar, lo que disminuye el rendimiento académico general, reduce la concentración; los efectos son acumulativos; puede causar deshidratación, fatiga extrema e incluso golpes de calor, afectando la asistencia y el bienestar emocional. Las aulas sin aire acondicionado o ventilación adecuada potencian estos efectos adversos.
Un aula con techo de lámina sin aislamiento puede convertirse en un “horno” sofocante, superando frecuentemente los 45°C, alcanzando sensaciones térmicas que pueden rebasar los 50°C en el interior durante la temporada de calor.
La superficie del techo de chapa o lámina puede calentarse hasta alcanzar entre 74°C y 80°C al recibir el sol directo.
Con temperaturas exteriores de 40°C, el interior del aula supera fácilmente los 45°C, lo que hace casi imposible la concentración y provoca fatiga extrema.
Estas aulas no cumplen con las condiciones de seguridad y confort, ya que la temperatura recomendada para un salón de clases es de 18°C a 25°C, y se considera riesgo de estrés térmico cualquier valor superior a 27°C.
Sería una buena idea que tanto la SEP como la CNDH revisaran las condiciones óptimas de salud necesarias para alumnos y maestros, y las evidencias científicas antes de emitir propuestas, y pronunciarse para argumentarlas apropiadamente, y de acuerdo a los derechos humanos, al sentido común y a los verdaderos intereses de la población.
Rodolfo Ondarza*. Neurocirujano, activista en defensa de DDHH, Presidente de la Comisión de Salud durante la VI Legislatura de la ALDF, por Tlalpan, México. Recipiendario del Bastón de Mando. Ex candidato a la titularidad de la CNDH y a la dirección general del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía. Periodista. Miembro de la Legión de Honor Nacional de México, y de la Academia Mexicana de Geopolítica y Estrategia.












