*Diálogo magistral de Angela Davis y Gina Dent.
*El feminismo abolicionista, vía revolucionaria para derrotar el capitalismo
/ Roberto Frías / CulturaUNAM /Foto: Diana Maldonado/
28.08.2026 Ciudad de México.- Sin la activista, política, académica y filósofa estadunidense Angela Davis, resultarían incomprensibles muchas de las batallas por los derechos civiles, el feminismo y la igualdad. Su visita a la UNAM, a la Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario (CCU) fue un hito que conectó con la necesidad de cuestionar un presente social y político hostil.
En el vibrante ambiente que suscitó su visita y que convocó a más de dos mil personas, en los diversos foros dispuestos, el público universitario respondía con gritos y aplausos a sus intervenciones, mostrando una energía desbordada. Incluso algunos estudiantes manifestaron sus consignas o tomaron el escenario, ante una Angela Davis ecuánime que se dispuso a reflexionar sobre el sistema penitenciario y el feminismo abolicionista. Y no dudó en participar de la algarabía y, hacia el final, enarbolar una bandera de Palestina que llegó a sus manos.
Además de sus luchas alrededor del feminismo negro e interseccional, el marxismo, la clase social, las relaciones entre política, raza y libertad, Davis critica el sistema penitenciario, que, en general, pero particularmente en Estados Unidos, se ha convertido, según lo dicen ella y Gina Dent –otra voz insoslayable del pensamiento feminista–, en el sistema contemporáneo de la esclavitud y en un vínculo perverso entre la violencia estatal y la violencia de género.
De ahí la lucha sin cuartel de ambas por abolir la estructura carcelaria actual. Esto se refleja en el libro que Davis y Dent presentaron en la Sala Miguel Covarrubias, en el marco de la Filuni, Abolicionismo, feminismo, ¡ahora!, coescrito con otras dos autoras: Erica Meiners y Beth Richie, y coeditado por Libros UNAM, el Centro de Investigaciones y Estudios de Género (CIEG) y U-Tópicas, alrededor del cual giró el diálogo magistral del mismo nombre, y en el que Davis y su coautora Dent fueron acompañadas por Amneris Chaparro Martínez, directora del CIEG, y presentadas por Rosa Beltrán, coordinadora de Difusión Cultural de la UNAM.
Esta visita de Davis a México, realizada en la UNAM, generó una expectativa tan desbordante que la audiencia asistente comenzó a formarse a las 6 a. m., para un encuentro que habría de comenzar doce horas después. En un alegre pícnic en el CCU, una muchedumbre de juventudes diversas formó una hilera de cuerpos y de sombrillas inusitada. Ni la Sala Covarrubias, ni las tres salas cinematográficas fueron suficientes para albergar tanto entusiasmo, por lo que se habilitó un espacio techado en la Explanada de la Espiga.
Beltrán presentó a Angela Davis como una intelectual atípica, una activista política que asume en el cuerpo lo que escribe en sus libros. “Desafía la idea convencional, tanto de la academia como de la militancia, al encarnar la teoría y la experiencia personal para analizar los temas urgentes”.
Por su parte, Chaparro fue conduciendo el diálogo, preguntando a las invitadas sobre la cultura de los libros o sobre la complejidad de escribir un libro en coautoría, entre otros temas.
Davis abundó sobre la escritura de la obra diciendo lo difícil que fue ponerse de acuerdo entre cuatro académicas que, a pesar de coincidir desde un principio como abolicionistas carcelarias, tenían ideas muy sólidas y opiniones fuertes, calificando el resultado como “una manera de construir comunidad”.
“Debemos promover el trabajo colectivo en las instituciones”, recalcó.
Por su parte, Gina Dent explicó que el feminismo abolicionista significa tratar de crear un nuevo mundo, visibilizar lo nuevo que existe en él, las prácticas que han sido negadas por el racismo, por la segregación de género, y construir una nueva relación con el poder. “Colectivizar lo que se descolectiviza”.
Davis apuntó que las autoras buscaron, incluso, la participación de aquellas personas que creen que la utilización del aparato actual sirve para erradicar la violencia contra las mujeres.
“Debemos pensar de manera más compleja. Una vez, una mujer me dijo que cuando fue sometida a la violencia carcelaria, a los cacheos corporales, al desnudo en la cárcel, había sentido lo mismo que en la violencia íntima, doméstica, aquella a la que estaba acostumbrada. Esta es la manera en que la violencia del Estado promueve la violencia íntima. Nuestro pensamiento en torno al feminismo abolicionista siempre ha sido impulsado por la necesidad de pensar más profundamente”, mencionó Angela Davis.
“¿Cuánto tiempo nos ha tomado entender que debemos oponernos al racismo? En todos lados, también en un lugar como México, donde ha habido esclavitud y colonialismo; ingredientes que construyen el capitalismo racial. Yo creo que el feminismo abolicionista es una manera revolucionaria de pensar para derrotar el capitalismo y el colonialismo”, señaló.
Interrogada por Amneris Chaparro sobre la posibilidad de hablar de esperanza, sobre todo en un mundo semifascista, de violencias de género y raciales, Davis fue enfática: “La desesperanza no es una opción. Nosotros generamos esperanza. Cuando hacemos nuestro trabajo, el activismo me ha dado mucha esperanza; desde que me volví activista a los 11 años, tengo presente que soy una persona de Birmingham, Alabama, una ciudad muy segregada, donde todo parecía llevar a la desesperanza, donde la gente negra no podía entrar en los museos. Pero fue la esperanza lo que nos motivó. Nunca tuve duda de que las cosas iban a ser diferentes algún día”.
La conversación se llevó a cabo gracias a la colaboración de la Coordinación de Difusión Cultural (CulturaUNAM), el Centro de Investigaciones de Estudios de Género, Libros UNAM y la editorial U-Tópicas.
Así el ánimo en el CCU a una hora de la charla. Foto: CulturaUNAM.

