*Especialistas de la UNAM señalan que las mujeres mayores que retornan a México enfrentan problemas de salud y necesidades derivadas del envejecimiento.
*Foto: UNAM /En 2021, 43.9% de las mujeres de 65 años o más que habían migrado a Estados Unidos presentó al menos dos enfermedades crónicas.
/ Escrito por Georgina Monroy Vázquez /
28.08.2026 /CimacNoticias.com/ Regresar a México después de una vida marcada por la migración laboral no siempre significa encontrar mejores condiciones para envejecer. Para muchas mujeres mayores de 65 años, el retorno ocurre acompañado de enfermedades crónicas, dependencia funcional, pocos recursos económicos y nuevas necesidades de cuidado.
En 2021, cerca de un millón de personas de 65 años o más en México declaró haber migrado en algún momento de su vida a Estados Unidos por motivos laborales. De ellas, más de 259 mil 900 eran mujeres, quienes enfrentaban brechas de desigualdad económica y de salud.
Durante la décima sesión del Seminario Permanente “Migración, género y trabajo”, Sebastián Antonio Jiménez Solís, técnico académico del Instituto de Investigaciones Económicas (IIEc) de la UNAM, destacó que 43.9% de las personas adultas mayores migrantes presentaba multimorbilidad, es decir, al menos dos enfermedades crónicas.
El porcentaje fue superior al registrado entre las personas de ese mismo grupo de edad que no habían migrado, que fue de 40.3%.
El especialista explicó que estas cifras muestran que las personas migrantes llegan a la vejez en condiciones de salud que no son favorables. Por ello, consideró necesario analizar sus trayectorias laborales: en qué sectores trabajaron, si tuvieron acceso a seguridad social y atención médica y bajo qué condiciones desarrollaron su vida laboral.
Mujeres migrantes enfrentan mayor dependencia funcional
Los efectos de la migración también se reflejan en la autonomía de las mujeres mayores.
De acuerdo con datos del Estudio Nacional sobre Salud y Envejecimiento en México (ENASEM) 2021, 29.9% de las adultas mayores migrantes presentaba dependencia funcional, es decir, requería asistencia o apoyo para realizar actividades de la vida cotidiana.
Entre las mujeres no migrantes, la proporción fue de 26.8%. En el caso de los hombres migrantes, el porcentaje fue de 19.4%, frente a 15.1% entre los no migrantes.
Además, 45.9% de las adultas mayores migrantes eran viudas, mientras que 77.2% prefería vivir en zonas urbanas para mantenerse cerca de sus hijas e hijos y de sus nietas y nietos, además de participar en tareas de cuidado.
Entre los factores asociados con una mayor probabilidad de haber migrado se encuentran un bajo nivel de escolaridad, residir en localidades rurales y vivir en hogares compartidos con otras generaciones.
Migrar para sostener a la familia
Erika Martínez López, integrante del IIEc y especialista en políticas de cuidado, señaló que la migración femenina está relacionada con problemas de pobreza y desempleo, así como con la necesidad de contribuir económicamente al sostenimiento de las familias.
Esto significa que las mujeres ya no migran únicamente como acompañantes de sus parejas o familiares, sino también como trabajadoras que buscan generar ingresos y apoyar a sus hogares.
Muchas llegaron a Estados Unidos jóvenes y en edad reproductiva. Durante años tuvieron que desempeñar dos o incluso tres empleos para subsistir, enviar recursos a México y cubrir distintas necesidades familiares.
Ese recorrido laboral, explicó Martínez López, también tiene consecuencias en su calidad de vida durante la vejez.
Cuando regresan a México pueden hacerlo con pocos recursos económicos, enfermedades crónicas, sin un negocio propio y, en algunos casos, solas.
Ante este escenario, la especialista cuestionó si existen suficientes programas sociales y políticas públicas capaces de acompañar a las mujeres durante el retorno y evitar que vuelvan a experimentar condiciones de exclusión.
La vejez también debe analizarse desde la migración
La migración tampoco puede entenderse como una experiencia igual para todas las personas.
Daniela Castro Alquicira, integrante del IIEc y doctora en Economía, señaló que es necesario considerar factores como la duración de la migración, el destino, el tipo de empleo, el momento del retorno y las razones por las que las personas regresan a su país.
En el caso de las mujeres mayores, el retorno puede estar relacionado con una enfermedad, la necesidad de recibir cuidados o distintas circunstancias asociadas con el envejecimiento.
Por ello, analizar la migración desde una perspectiva de género implica mirar no sólo las razones por las que las mujeres se van, sino también las condiciones en las que regresan y cómo enfrentan la vejez.
El reto, plantearon las especialistas, es que el retorno no implique para estas mujeres comenzar nuevamente una vida marcada por la precariedad, sino contar con políticas públicas que reconozcan su trayectoria laboral, sus necesidades de salud y su derecho a recibir cuidados.

